A la mierda las reglas
Ariadna
Me quede viendo la sala con una mano en la cadera, no soy muy buena decorando, pero se ve decente. Inflé muchos globos y puse tanta serpentina como pude, quiero tener una linda sorpresa para Camille pues estoy segura de que la ascendieron.
En la pequeña mesa del salón la pantalla de mi laptop ilumina la estancia, Enzo del otro lado de la pantalla me mira con resignación pues tuve que obligarlo a esto. No sé qué pretende ni que le pasa, aún está en el hospital no es como que tenga mucho que hacer.
—No creo que Camille se ponga muy feliz cuando me vea—dice Enzo por milésima vez.
—¿Qué ocurre con ustedes dos? —me siento en el suelo para hablar con él cómodamente.
—Nada—duda un poco—¿Qué tendría que pasar?
—No te creo en absoluto.
—Me estás diciendo mentiroso—se ofende.
—Tu siempre pasas pena, por eso no entiendo porque no quieres hacer esto—soy sincera.
—Yo no paso pena—hace un gesto dramático.
—Si como no moñito—ruedo los ojos.
—Aún no me acostumbro a tus frases o más bien a las de tu mamá.
—Son geniales—lo apunto con el dedo—debes ponerte tu gorrito de cumpleaños al igual que yo.
—Nadie esta cumpliendo años Ari—se ríe.
—No importa, solo úsalo.
Entre quejas y risas se coloca el gorrito en la cabeza. El sonido de la cerradura al girar me hace pegar un brinco, me levanto rápidamente y me lleno la mano de confeti.
—¡Ya llegó! —le susurro a Enzo—Sonríe y debes gritar conmigo, ¿ok?
En cuanto Camille entra arrojo el confeti al aire con toda la fuerza que tengo.
—¡Felicidades a mi agente de Nivel 3 favorita! —gritó feliz.
Pero mi felicidad no duró nada al ver la expresión de Camille, esta como una estatua en la puerta alternando su mirada entre Enzo y yo. Su rostro es de completa tristeza.
—Enzo hablamos luego—cierro la laptop de golpe.
Me acerco rápidamente a Camille.
—¿Qué te paso? —pregunto quitándole el bolso del hombro.
Camille da unos pasitos hasta dejarse caer en el sofá y yo la sigo, suspira profundamente y se pasa las manos por la cara.
—No me dieron el ascenso—su voz es pausada.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —me exalto.
—Por órdenes de Bardi—dice tratando de no llorar.
—¿Qué tiene que ver Bardi?
—Ya sabes es la máxima autoridad.
—No entiendo, él nunca se ocupa de esto. Explícame con detalles Camille—le pido.
—Ariadna estuve a punto de firmar—a mi Camille se le ponen los ojos llorosos—la secretaria de Bardi llego en ese momento con una orden de él. Sencillamente le dio el puesto de Volkonskaya a otra persona.
—¿Qué persona?
—No lo sé. Es un traslado especial de Sicilia o algo así—solloza.
—¡Joder! —Camille recuesta su cabeza en mis piernas—Debe haber dinero de por medio o algo así.
—¿Tú crees?
—A Bardi solo le importa el dinero Cami, todos sabemos eso—afirmo.
—Da igual como sea, no lo logré—llora amargamente.
Me rompe el corazón verla así, se lo importante que era esto para ella y lo mucho que se esforzó. Acaricio su cabello con calma y dejo que llore lo que tenga que llorar, a veces las palabras de consuelo no sirven de nada, pero estaré para ella incluso si eso implica quedarme en silencio a su lado mientras este triste.
—¿Por qué ya no dices nada? —me pregunta entre sollozos varios minutos después.
—Creí que te ayudaría más dejándote desahogar tus tristezas en silencio.
Camille alza la cabeza y me mira fijamente, sus ojos están rojos de tanto llorar al igual que su nariz; se lanza a abrazarme muy fuerte. Tanto que siento que me partirá mis lastimadas costillas.
—No se que haría sin ti Ari.
—¿Quieres comer mucho helado o unas papas? —alzo las cejas—. Ya sabes para pasar las penas.
—Dudo mucho que eso funcione—dice bajito.
—En las películas funciona.
Logro que Camille sonría un poco.
—Escuchamos música triste entonces o vemos la película más triste que hallemos—le propongo.
—¿Pedimos pizza y vemos una peli? —se anima a proponer.
—Me parece perfecto.
[ … ]
Me levanté muy temprano a pesar de que amo dormir y del desorden que dejamos ayer con la pizza y la decoración que le hice a Camille, ambas lloramos mucho por la peli, por todo y por nada.
Sorbo un poco de mi jugo mientras observo mi más grande obra maestra, acabo de convertir una de nuestras aburridas paredes blancas y vacías en mi pared de investigación. Creo que me gasté todas las hojas que tenía para imprimir, pero valió la pena; fotografías impresas, mafias antiguas tachadas, fichas de sospechosos, las víctimas y la relación entre sí, por supuesto también la R ese símbolo que está en todos menos en los dos forenses muertos luego del atentado y la idea de Enzo de relacionar la R con la moneda de Roma.
—Si Montalvo viera esto, le daría un infarto—habla Camille a mis espaldas.
Me giro para verla, viste su pijama y está tan despeinada como yo; sostiene una taza de café entre las manos en lo que observa con detalle mi obra maestra.
—Montalvo no está aquí—sonrío—así que no tendremos problemas.
Camille se acerca despacio para detallar mejor la pared.
—Sabía que no te quedarías de brazos cruzados—murmura—. ¿De dónde sacaste todo esto?
—Tenía copias del expediente aquí en casa—confieso.
—Me gusta como piensas—Camille señala una de las fichas—¿Por qué tachaste a todas las mafias antiguas?
—Por el símbolo que usan los asesinos, ninguna de esas mafias lo utilizan así que las descarté.
—¿Cuántos asesinos crees que son?
—Por el momento dos, también por el símbolo—le muestro algunas fotos—Los trazos son diferentes.
—¿Entonces planeas resolver el caso más extraño de toda la agencia tu sola?
—¿Quieres ayudarme? —la miro con complicidad.
—Creo que ya te lo había dicho antes, pero cuentas conmigo—sonríe de lado.