La niña del pantalón rojo sabía que los adultos podían comportarse de maneras bastante extrañas.
Pero su tía últimamente estaba especialmente rara.
Miraba mucho el celular, sonreía, escribía algo, volvía a sonreír, dejaba el celular y, unos segundos después, lo agarraba otra vez. A ratos parecía molesta si no recibía ningún mensaje y, cuando finalmente llegaba uno, volvía a sonreír.
La niña la observó durante unos segundos.
—Tía.
—¿Mmm?
—¿Estás bien?
—Sí. ¿Por qué?
—¿Estás segura?
—¡Que sí!
La niña siguió observándola.
—Y... ¿no quieres ir al baño? Seguro quieres hacer el dos, pero no puedes porque volviste a comer eso que mamá te dijo que te iba a engreñir.
Su tía levantó la cabeza de golpe.
—¡Niña atrevida! Que estoy bien.
—Pero, tía, te ríes sola y no estás viendo videos.
Su tía dejó de sonreír inmediatamente.
—¡Que no! No me río sola. En definitiva, estoy bien.
El celular sonó.
Su tía miró la pantalla.
Y sonrió.
La niña entrecerró los ojos.
Definitivamente, aquello requería investigación.
Aunque antes se lo diría a mamá.
—¡Mamá! ¡Maaaaaaaa! ¡No me ignores, mamá!
—¿Qué pasó? ¿Por qué gritas?
—Mamá, la tía Lina enloqueció. De verdad enloqueció. Se ríe y no es porque quiere hacer popó. Algo le da risa, pero no está viendo videos. Ni siquiera es lunes del suricato en Animal Planet ni está dando Pasión de gavilanes. Está loca.
—¡Ay, Lina! No confundas a mi hija. ¿Qué está pasando?
—Nada, hermana. Solo estoy conversando con unos amigos y me estoy riendo.
Mamá miró el celular.
Después miró a Lina.
—¿Unos... amigos?
Las dos se miraron y comenzaron a reír.
La niña retrocedió un paso.
—Mamá, tú también enloqueciste. Esto es una enfermedad. Es un pandemonio.
—¿Qué? Pandemonio es otra cosa, oye, niñita —dijo la tía entre risas.
—Amor, creo que quieres decir pandemia o epidemia —respondió mamá.
—Pero entonces, ¿qué tiene la tía, mami?
Lina seguía riéndose.
—Nada, bebé. Tu tía está... bueno, está siendo tu tía.
—¿Qué significa eso?
—¡Oye! —protestó Lina.
—Significa que está bien. Déjala descansar.
Mientras mamá la llevaba hacia su cuarto, Lina gritó desde la sala:
—¡Estoy perfectamente bien! ¡No soy bipolar ni nada!
La niña alcanzó a escuchar solo una parte.
¿Bisolar?
Ya en su habitación, aquello comenzó a preocuparla.
¿Cómo era posible que su tía fuera bisolar?
De seguro tiene algo que ver con el sol, pensó.
Se quedó quieta.
—No puede estar en el sol...
Abrió mucho los ojos.
—¡MI TÍA ES UN VAMPIRO!
Corrió hacia la puerta.
—Ok. Debo proteger mi cuello y cerraré mi puerta. Así no podrá entrar.
Al día siguiente convocó a sus amigas durante el recreo.
—Banda, mi tía está rara.
Selin dejó de comer.
—¿Rara cómo?
—Mira su celular, sonríe, luego ve que no hay nada y se enoja, y si llega algo se ríe de nuevo.
—¿Estás segura de que no quería ir al baño? —preguntó Pamel.
—No. Yo le pregunté y me dijo que no. Creo que es bisolar.
Las cuatro la miraron.
—¿Bisolar? —preguntó Nicolet—. ¿Cómo que bisolar?
—Exacto. Yo creo que es una vampiro.
—Ay, no creo. Tu tía es de todo menos vampiro —dijo Selin.
—De seguro solo le gusta vender panes —propuso Pamel.
—Eso es Bimbo. Yo dije bisolar.
—¿Y si solo habla dos idiomas? —preguntó Nicolet.
—Eso es bilingüe. Yo dije bisolar.
—Ay, basta. Solo está enamorada —dijo Flora.
Las demás la miraron.
—¿Cómo sabes?
—Mi hermana hace lo mismo.
Aquello era evidencia bastante convincente.
Puede que Flora tuviera razón y su tía estuviera extraña simplemente porque estaba enamorada.
La niña esperó hasta llegar a casa.
—Tía, ¿estás enamorada?
Lina casi dejó caer el celular.
—¿Qué?
—Flora dice que sí.
—¿Quién es Flora?
—Mi amiga. La chiquitita que siempre lleva colitas a los lados.
—¿Y por qué Flora está opinando sobre mi vida sentimental?
La niña se encogió de hombros.
—Porque ella sabe de esas cosas. Su hermana es grande y le explica muchas cosas que ustedes no me quieren decir.
Su tía terminó confesando.
Era verdad.
Estaba conociendo a alguien y estaba muy feliz.
—¿Y dónde lo conociste? ¿En la panadería?
—¿QUÉ? No. Lo conocí en una aplicación.
La niña abrió mucho los ojos.
—¿Como un juego? ¿Consiste en Roblox?
—No.
—En la aplicación de Rappi, ¿verdad? ¿Como para pedir comida?
—Tampoco.
—¿Entonces?
Su tía se rio.
—Es una aplicación donde algunos adultos pueden conocer a otras personas.
—No entiendo.
—Ya ve a dormir. Mañana te cuento más.
Naturalmente, aquello llegó al colegio al día siguiente.
Y no de la manera más adecuada.
—¡Lo conoció en una aplicación! —anunció la niña.
—¿Cuál?
—No sé.
—¿Y cómo sabes que es de verdad?
La niña se quedó pensando.
Esa pregunta no se le había ocurrido.
—Pues... porque habla.
—Los de los videos también hablan —dijo Nicolet.
—Pero esos están grabados.
—Ah.
Después de discutirlo durante buena parte del recreo, llegaron a la conclusión de que necesitaban verlo en persona para comprobar si era de verdad o solo uno de esos actores que su tía siempre insistía en ver en TikTok.
Por suerte, no tuvieron que esperar demasiado.
Unas semanas después, Lina lo llevó a casa.
Resultó que era muy simpático.
Al menos, eso pensó la niña del pantalón rojo.
Él la saludó y le ofreció dulces.
Pero no cualquier dulce.
Dulces con relleno.
Aquello ya era un punto importante a su favor.
—¡Es una persona agradable! Él sí sabe de caramelos.
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Editado: 28.09.2026