El camino hasta el bosque era de tierra roja y estaba lleno de flores silvestres que parecían saludarlas con sus pétalos. Cuando llegaron a la entrada, Luna vio que había un gran árbol que formaba un arco natural, con ramas que se cruzaban en lo alto como si fueran las manos de un gigante amigable. En la corteza del árbol había inscrita una frase en letras doradas: "QUIEN ENTRA AQUÍ DEBE DEJAR EL MIEDO DETRÁS".
Luna respiró hondo, cerró los ojos por un segundo y pensó en su abuela, en sus galletas y en la casa de tejados curvados. Luego abrió los ojos y entró en el bosque.
Al principio, todo fue muy silencioso. Los árboles eran tan altos que apenas se veía el sol, y la luz que llegaba entre las hojas formaba dibujos extraños en el suelo. Pero luego, poco a poco, empezaron a escuchar sonidos: risas de niños que jugaban, música de instrumentos que no conocían, susurros de palabras que no entendían.
"¿Qué son esos ruidos?", preguntó Luna, agarrándose un poco más fuerte a la mano de Iris (aunque la mariposa no tenía manos propiamente dichas, pero Luna sentía como si tuviera una).
"Son los ruidos perdidos", explicó Iris. "Cada vez que alguien olvida una canción, un chiste o un recuerdo feliz, ese ruido termina aquí, en el bosque. El primer obstáculo que debes superar es el Puente de los Ruidos Perdidos".
Después de caminar unos minutos más, llegaron a un río cristalino que cruzaba el camino. Sobre el río había un puente hecho de madera oscura, y en él había escrito en letras blancas: "PARA CRUZAR, DEBES RECORDAR".
Justo en ese momento, los ruidos perdidos empezaron a sonar más fuerte, hasta el punto de que era difícil pensar. Luna cerró los ojos y trató de concentrarse en algo feliz. De repente, recordó la vez que su abuela le había enseñado a hacer papel picado para la fiesta del pueblo: habían reído tanto que se habían caído del sillón, y el papel de colores había cubierto todo el suelo como si fuera nieve de arcoíris.
Mientras recordaba, Luna empezó a cantar la canción que su abuela le cantaba cada noche antes de dormir:
"Estrellitas del cielo,
brillad con mucho amor,
proteged a mi niña,
en su sueño de color"
A medida que cantaba, los ruidos perdidos empezaron a calmarse, y algunos incluso se unieron a su canción, formando un coro hermoso. El puente empezó a brillar con una luz suave, y el agua del río comenzó a bailar al ritmo de la música.
"¡Lo estás haciendo bien!", gritó Iris, volando alrededor de Luna con entusiasmo.
Cuando terminó de cantar, el puente estaba completamente iluminado, y un camino de piedras brillantes apareció del otro lado del río. Luna cruzó el puente con confianza, sabiendo que los recuerdos felices eran su mejor arma contra el miedo.
Al otro lado, encontró a un pequeño conejo de pelaje gris claro que estaba sentado en una roca, llorando a moco tendido.
"¡Hola!", dijo Luna, acercándose con cuidado. "¿Por qué lloras?"
El conejo se secó las lágrimas con sus patas delanteras y miró a Luna con ojos rojos de tanto llorar. "Me llamo Pipo, y he perdido mi sonrisa. La tenía guardada en un cofre de madera en mi madriguera, pero cuando vine a buscarla, ya no estaba. Sin mi sonrisa, no puedo hacer nada bien: no puedo saltar, no puedo comer y tampoco puedo hacer reír a mis amigos".
Luna sintió mucho cariño por el pequeño conejo. "No te preocupes, Pipo. Vamos a buscar tu sonrisa juntos. Seguro que se ha escondido en algún lugar".
Iris revoloteó alrededor de Pipo y miró con atención. "Las sonrisas perdidas a menudo se van a lugares donde hay mucha tristeza, para intentar alegrarlos. Seguro que está cerca".
Mientras caminaban, Luna sacó el panecillo mágico del bolso y se lo ofreció a Pipo. "Aquí tienes, esto te dará fuerzas para seguir buscando".
Cuando Pipo comió un trozo del panecillo, su cara se iluminó un poco. "¡Está delicioso! Ya me siento mejor".
De repente, escucharon un ruido suave de risita proveniente de un arbusto cercano. Se acercaron y descubrieron que la sonrisa de Pipo estaba allí, haciendo cosquillas a una pequeña hormiga que se reía a carcajadas.
"¡Ahí está!", gritó Pipo, corriendo hacia el arbusto. Cuando tocó su sonrisa, esta volvió a su lugar de inmediato, y su cara se transformó en una de las sonrisas más grandes que Luna había visto en su vida.
"¡Muchas gracias!", dijo Pipo, saltando de alegría. "Para agradecerte, te diré un secreto: el siguiente camino te llevará al Bosque de los Árboles Habladores. Allí tendrás que resolver un enigma para poder seguir adelante. Y también... cuidado con el lobo Gris, no es malo, pero le gusta hacer bromas a los viajeros".
Con esas palabras, Pipo les mostró un camino oculto entre los árboles y luego se fue saltando hacia su madriguera, cantando una canción alegre.