El camino que Pipo les había mostrado llevaba a un lugar donde los árboles eran diferentes: tenían troncos gruesos y en sus cortezas había formas que parecían rostros. Cuando Luna y Iris se acercaron, uno de los árboles abrió sus ojos de corteza y habló con una voz profunda y ronca:
"¡Hola, viajera! Soy el Abuelo Árbol, el más antiguo de todos nosotros. Para pasar por aquí, debes resolver nuestro enigma. Si lo haces correctamente, te diremos dónde encontrar el camino hacia el centro del bosque. Si no... tendrás que volver por donde viniste".
Luna se paró frente al árbol con determinación. "Estoy lista, díganme el enigma".
El Abuelo Árbol cerró los ojos por un momento y luego dijo:
"Tengo raíces que no crecen en la tierra,
tengo hojas que no brillan al sol,
soy el hogar de sueños y esperanzas,
y sin mí, nadie podría volar.
¿Qué soy?"
Luna pensó durante un rato. Primero pensó que podría ser un nido, pero los nidos tienen raíces en la tierra. Luego pensó en el cielo, pero el cielo no tiene hojas. De repente, se le ocurrió la respuesta.
"¡Eres el corazón!", dijo con entusiasmo. "Porque las raíces del corazón están en los sentimientos, las hojas son las emociones, es el hogar de los sueños y sin el corazón, nadie puede tener el valor de volar o seguir adelante".
Los árboles empezaron a susurrar entre ellos, y luego todos abrieron sus ojos y sonrieron (o al menos parecieron sonreír, con sus formas de corteza). "¡Correcto!", exclamó el Abuelo Árbol. "Eres una niña muy inteligente. El camino que buscas está justo detrás de mí, pero antes de irte, debes saber que el lobo Gris está esperando por ti en la siguiente curva. No temas, él solo quiere probar tu valentía".
Luna agradeció a los árboles y siguió el camino que ellos le habían indicado. Después de unos minutos, vio a un gran lobo de pelaje gris claro que estaba sentado en medio del camino, con los brazos cruzados y una expresión seria en la cara.
"¡Aquí está la viajera!", dijo el lobo con una voz fuerte pero no amenazante. "Me llamo Gris, y soy el guardián de esta parte del bosque. Para seguir adelante, debes hacer algo que te dé miedo. Solo así podrás demostrar que eres lo suficientemente valiente para encontrar el Cáliz de las Estrellas".
Luna se sintió un poco nerviosa. ¿Qué cosa le daba miedo? Le gustaban los animales, no le daba miedo la oscuridad gracias a su linterna mágica, y tampoco le daba miedo hablar con extraños. De repente, recordó que le daba un poco de miedo cantar en público. En el pueblo, siempre se escondía cuando los maestros pedían a los niños que cantaran en el coro.
"Yo... yo puedo cantar en público", dijo Luna, aunque su voz temblaba un poco.
Gris sonrió y llamó a algunos animales que estaban escondidos entre los árboles: conejos, ardillas, ciervos y hasta un pequeño zorro. "Entonces canta para nosotros", dijo.
Luna se paró en medio del círculo de animales, cerró los ojos y empezó a cantar la misma canción que había cantado en el puente. Al principio, su voz era baja, pero poco a poco fue subiendo el tono, hasta que cantaba con toda su fuerza. Los animales la escuchaban atónitos, y cuando terminó, todos empezaron a aplaudir con sus patas o a hacer sonidos de aprobación.
"¡Muy bien!", dijo Gris, levantándose de un salto. "Has demostrado que la valentía no es la ausencia de miedo, sino poder hacer las cosas a pesar de él. Ahora, te mostraré el camino hacia el Lago de las Reflejos, donde encontrarás la siguiente prueba".
Gris les llevó a un claro donde había un lago de agua tan transparente que parecía un espejo gigante. En la superficie del agua se reflejaban no solo los árboles y el cielo, sino también imágenes de lo que las personas que miraban en él más deseaban.
"Para continuar", dijo Gris, "debes mirar en el lago y decir qué es lo que realmente deseas. Pero ten cuidado: el lago puede mostrarte ilusiones si no eres sincera contigo misma".
Luna se acercó al lago y miró hacia abajo. Al principio, vio una imagen de sí misma con el Cáliz de las Estrellas, siendo aplaudida por todo el pueblo. Pero luego esa imagen desapareció y apareció otra: su abuela sonriendo, saludándola, con la mesa llena de galletas y flores de colores.
"Lo que realmente deseo", dijo Luna en voz alta, "es que el rey del Reino de los Sueños se cure, pero también deseo volver a casa y estar con mi abuela. Quiero que todos sean felices, tanto en el pueblo como en el reino".
En ese momento, el agua del lago empezó a brillar, y una plataforma de hielo transparente apareció en su centro. "Eres sincera", dijo una voz que parecía provenir del propio lago. "Puedes cruzar hacia el otro lado, donde encontrarás la entrada al Reino de los Sueños".
Gris les dio un apretón de pata (o al menos lo intentó) y les deseó suerte. "Ya casi llegas", dijo. "Solo queda una prueba más antes de encontrar el cáliz".