La NiÑa Mas Tierna

EL REINO DE LOS SUEÑOS Y LA PRUEBA DE LA VERDAD

La plataforma de hielo los llevó hasta el otro lado del lago, donde había una puerta de cristal tallado con formas de estrellas y mariposas. Cuando Luna tocó la puerta, esta se abrió sola, revelando un mundo completamente diferente.
Allí, los cielos eran de color morado oscuro, llenos de estrellas que brillaban mucho más que en el cielo de Villaventura. Los árboles tenían hojas de plata y oro, y el suelo estaba cubierto de flores que emitían una luz suave. En el centro del reino había un gran castillo hecho de cristal y mármol blanco, con torres que llegaban hasta las nubes.
"¡Estamos aquí!", exclamó Iris, volando más rápido que nunca. "El castillo del rey está justo ahí".
Mientras caminaban hacia el castillo, encontraron a un grupo de duendes pequeños y peludos, vestidos con túnicas de color verde y rojo. Eran muy ruidosos y estaban ocupados construyendo pequeños carritos con ramas y hojas.
"¡Hola!", dijo Luna, acercándose a ellos. "¿Qué están haciendo?"
Uno de los duendes, que llevaba un sombrero de paja demasiado grande para su cabeza, se giró hacia ella y dijo: "Estamos construyendo carritos para llevar los sueños a los niños del mundo exterior. Pero desde que el rey está enfermo, los sueños se están volviendo "grises
y aburridos", terminó el duende, suspirando profundamente. "Se llaman Pip, y soy el jefe de los duendes constructores. Sin la magia del rey, los sueños no tienen color ni alegría. Los niños del mundo están durmiendo mal, y algunos incluso han dejado de soñar por completo".
Luna puso una mano en el hombro de Pip (que era tan pequeño que tuvo que agacharse para hacerlo). "No te preocupes, Pip. Estoy aquí para encontrar el Cáliz de las Estrellas y curar al rey".
"¡Eso es lo que esperábamos!", exclamó Pip, ilusionándose de golpe. "Sigue este camino hasta el salón del trono, donde el rey está esperando. Pero ojo con la princesa Bruma - ella cree que solo ella puede curar al rey y no le gusta que otros se metan en sus asuntos".
Luna agradeció al duende y siguió el camino que le indicó. El camino estaba lleno de pequeños seres luminosos que parecían estar hechos de pura energía - eran los guardianes de los sueños, responsables de llevarlos seguros hasta los niños. Cuando vieron a Luna, se acercaron a ella y formaron un pasillo de luz, como si la estuvieran saludando.
Al llegar al salón del trono, encontró a un hombre alto y delgado acostado en una cama de terciopelo azul, con una manta de estrellas cubriéndolo. Tenía el rostro pálido y las cerradas, y alrededor suyo había una bruma fría que hacía que todo pareciera borroso. Al lado de la cama estaba una niña de unos diez años, con el pelo blanco como la nieve y vestida con una túnica de color gris. Tenía los brazos cruzados y una expresión seria en la cara.
"¿Quién eres tú?", preguntó la niña con voz fría. "No se permite entrar a extraños en el salón del trono".
"Me llamo Luna", respondió la niña con calma. "Vine a ayudar al rey. Iris, la mariposa mensajera, me pidió que encontrara el Cáliz de las Estrellas".
La niña frunció el ceño. "Soy la princesa Bruma, hija del rey. Y solo yo puedo curarlo. He estado buscando el cáliz durante semanas, pero no he podido encontrarlo. No creo que una niña del mundo exterior pueda hacer lo que yo no he conseguido".
Justo en ese momento, el rey abrió los ojos con dificultad y susurró: "Bruma... deja que la niña hable. Siento que ella tiene la luz que necesitamos".
La princesa se dio un paso atrás, pero siguió mirando a Luna con desconfianza. "El cáliz está escondido en la Cueva de las Sombras", dijo con resignación. "Pero nadie que entra ahí sale con vida. Las sombras se comen la luz de quien las desafía".
"Entonces debo ir a buscarlo", dijo Luna con determinación. "¿Dónde está la cueva?"
El rey levantó débilmente una mano y señaló hacia una puerta lateral del salón. "Por ahí. Pero ten cuidado, Luna. La cueva no solo prueba tu valentía, sino también tu verdad. Las sombras te mostrarán tus miedos más profundos, y solo si puedes enfrentarlos podrás encontrar el cáliz".
Luna cogió su bolso, se despidió del rey y siguió el camino hacia la Cueva de las Sombras. Iris volaba cerca de su cabeza, y aunque intentaba parecer valiente, Luna notó que las alas de la mariposa temblaban un poco.
"¿Tienes miedo, Iris?", preguntó la niña.
"Un poco", respondió la mariposa honestamente. "Pero estoy contigo, así que todo estará bien".
Al llegar a la entrada de la cueva, encontraron que era un agujero negro y profundo, del que no salía ninguna luz. Luna sacó su linterna mágica del bolso y la encendió - la luz que emitía era cálida y fuerte, iluminando el camino delante de ellas.
Dentro de la cueva, las paredes estaban cubiertas de sombras que se movían como seres vivos. A medida que avanzaban, las sombras empezaron a formar imágenes: primero vieron a la abuela Rosalía llorando sola en casa, luego a los habitantes de Villaventura con cara triste, y después a los duendes del Reino de los Sueños dejando de construir los carritos de sueños.
"¡Eso no es verdad!", gritó Luna, encendiendo más la linterna. "Mi abuela me espera con esperanza, el pueblo me apoya y los duendes seguirán trabajando hasta que el rey se cure".
Cuando dijo esas palabras, la luz de la linterna se hizo más fuerte, y algunas de las sombras desaparecieron. Pero luego apareció una sombra más grande que las demás - era la imagen de Luna misma, con la cabeza baja y la expresión derrotada.
"¿Por qué sigues intentando?", dijo la sombra con la voz de Luna. "No eres lo suficientemente fuerte, ni lo suficientemente lista. La princesa Bruma tiene razón - tú no puedes hacer nada. Mejor vuelve a casa y olvídate de todo esto".
Luna se paró frente a su sombra y la miró a los ojos. "Sí, a veces tengo miedo y a veces pienso que no puedo hacerlo", dijo con voz clara. "Pero también sé que cuando las personas necesitan ayuda, hay que intentarlo aunque sea difícil. Mi padre era guardián del bosque, mi abuela me enseñó a ser valiente y mis amigos aquí me están ayudando. No estoy sola, y eso me hace fuerte".
En ese momento, la sombra de Luna empezó a brillar y se transformó en una figura luminosa que sonrió a ella. "Has pasado la prueba de la verdad", dijo la figura. "El Cáliz de las Estrellas está justo al final de este pasillo".
Luna y Iris corrieron hacia donde la figura les había indicado y encontraron una pequeña plataforma en el centro de una sala circular, con el cáliz sobre ella. Era un recipiente de metal dorado, lleno de una luz blanca brillante, y en su interior parecían moverse pequeñas estrellas. Cuando Luna tocó el cáliz, sintió una energía cálida que recorría todo su cuerpo.
"¡Lo tenemos!", exclamó Iris, volando de alegría. "Ahora solo queda volver al salón del trono y curar al rey".




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