El camino de regreso desde la cueva fue mucho más fácil. Las sombras ya no eran amenazantes, sino que parecían bailar al ritmo de la luz del cáliz, y hasta algunas de ellas les mostraron atajos para llegar más rápido al salón del trono.
Cuando entraron, encontraron a la princesa Bruma junto a la cama del rey, con lágrimas en los ojos. El rey estaba más débil que antes, y la bruma fría alrededor suya se había hecho más densa.
"¡He traído el Cáliz de las Estrellas!", anunció Luna, acercándose a la cama.
La princesa Bruma se giró hacia ella, sorprendida. "¿Cómo... cómo lo conseguiste? Yo intenté entrar en la cueva varias veces, pero las sombras me hicieron retroceder".
"Porque no intenté luchar contra ellas", explicó Luna. "Las enfrenté con la verdad y con la fuerza de mis amigos y mi familia. El valor no es solo ser fuerte, sino también saber que no estás solo".
La princesa bajó la cabeza, avergonzada. "Tienes razón. Yo estaba tan concentrada en demostrar que podía hacerlo sola que no me di cuenta de que necesitaba ayuda. Perdóname por haberte tratado mal".
"No hay problema", dijo Luna sonriendo. "Ahora vamos a curar al rey".
Luna levantó el cáliz y vertió su contenido sobre el rey. La luz blanca envolvió al hombre, y la bruma fría empezó a desaparecer poco a poco. Después de unos minutos, el rey abrió los ojos y sonrió - su rostro había recuperado el color, y brillaba con salud.
"¡Gracias, joven Luna!", dijo el rey con una voz fuerte y clara. "Has demostrado que el corazón puro y la amistad son las mayores magias que existen. Como agradecimiento, te ofrezco un regalo: puedes pedir lo que quieras".
Luna pensó por un momento. Podría pedir riquezas, o poderes mágicos, o cualquier cosa que se le ocurriera. Pero ya sabía lo que quería.
"Quiero que el Bosque de los Sueños deje de ser un lugar temido para el pueblo de Villaventura", dijo. "Quiero que los habitantes puedan visitar el Reino de los Sueños y que haya paz entre nuestros dos mundos. También quiero poder volver a casa para estar con mi abuela, y poder volver a visitar cuando quiera".
El rey sonrió ampliamente. "Es una petición maravillosa. Lo concedo de inmediato. Además, te nombro guardiana del Bosque de los Sueños, como tu padre antes que tú. Tendrás el poder de abrir y cerrar el camino entre los dos mundos, y de ayudar a quienes lo necesiten".
La princesa Bruma se acercó a Luna y le extendió la mano. "Quiero ser tu amiga", dijo. "¿Te gustaría que te enseñara todo sobre el Reino de los Sueños, y que a veces yo vaya a visitar tu pueblo?"
"¡Claro que sí!", exclamó Luna, apretándole la mano.
El rey llamó a los duendes y a los guardianes de los sueños, y ordenó que prepararan una fiesta en honor a Luna. Todo el reino se iluminó con colores brillantes, los sueños volvieron a tener su alegría y su color, y los duendes empezaron a construir carritos más bonitos que nunca.
Durante la fiesta, Pip el duende les trajo un pastel hecho de flores dulces y miel de abejas mágicas, y los guardianes de los sueños bailaron alrededor de ellos formando círculos luminosos. Iris volaba de un lado a otro, compartiendo la noticia con todos los habitantes del reino.
Pero cuando empezó a anochecer, Luna sintió una nostalgia por su casa y por su abuela. "Es hora de volver", dijo a la princesa Bruma y al rey.
"Entendemos", dijo el rey. "Iris te acompañará de regreso, y siempre tendrás un hogar aquí en el Reino de los Sueños".
La princesa Bruma le dio a Luna un collar con una estrella de cristal. "Cuando quieras visitar nosotras, solo tienes que tocar la estrella y decir la palabra 'sueño'. Te llevaremos hasta aquí inmediatamente".
Luna se despidió de todos sus nuevos amigos y emprendió el camino de regreso junto a Iris. El Bosque de los Sueños ya no era un lugar oscuro y misterioso - ahora los árboles brillaban con luz suave, los ruidos perdidos formaban canciones hermosas y los animales salían a saludarlos.
Cuando salió del bosque, vio que el pueblo de Villaventura estaba diferente: las flores eran más brillantes, los tejados curvados parecían más alegres y había gente caminando hacia el bosque con curiosidad y entusiasmo. Al llegar a su casa, encontró a su abuela Rosalía esperándola en la puerta, con una sonrisa tan grande que iluminaba todo el lugar.
"¡Mi niña!", exclamó la abuela, abrazándola con fuerza. "Sabía que volverías sana y salva. Y mira - el pueblo ya está descubriendo la magia del bosque".
Luna le contó a su abuela todo lo que había pasado: sobre Iris, Pipo el conejo, Gris el lobo, la princesa Bruma y el rey del Reino de los Sueños. La abuela escuchó con atención, sonriendo y asintiendo cada vez que Luna mencionaba a sus amigos.
"Tu padre estaría muy orgulloso de ti", dijo la abuela cuando terminó de contar su historia. "Él siempre dijo que el verdadero poder está en ayudar a los demás".
Esa noche, mientras Luna dormía en su cama, vio un sueño maravilloso: sus amigos del Reino de los Sueños y los habitantes de Villaventura estaban juntos en un gran festival, bailando, cantando y compartiendo historias. La princesa Bruma estaba enseñando a los niños del pueblo a hacer coronas de flores mágicas, y Gris el lobo estaba contando chistes a un grupo de conejos y ardillas.
Cuando se despertó al día siguiente, vio que el collar con la estrella de cristal brillaba en su mesita de noche. Sabía que su aventura no había terminado - era solo el principio de una amistad entre dos mundos, y de muchas más aventuras por venir.