La NiÑa Mas Tierna

NUEVOS AMIGOS Y NUEVAS AVENTURAS

Algunos días después, Luna decidió visitar el Reino de los Sueños de nuevo. Tocó la estrella de su collar y dijo la palabra "sueño", y en un abrir y cerrar de ojos, estaba de vuelta en el castillo del rey.
La princesa Bruma la esperaba en la puerta del salón del trono, con una expresión emocionada. "¡Luna! Tenemos un problema - bueno, más bien un misterio que necesitamos resolver".
"¿Qué pasa?", preguntó Luna preocupada.
"Algunos de los sueños más importantes han desaparecido", explicó la princesa. "No son los sueños de los niños pequeños, sino los sueños de los jóvenes y los adultos: sueños de construir casas, de aprender cosas nuevas, de ayudar a su comunidad. Han desaparecido sin dejar rastro".
Luna cogió la mano de la princesa. "No te preocupes, vamos a encontrar los sueños perdidos juntos".
Junto a Iris, ellas salieron del castillo y empezaron a investigar. Primero fueron a ver a Pip el duende, que les dijo que los carritos que llevaban esos sueños habían sido encontrados vacíos cerca del Lago de las Reflejos.
"Parece como si alguien los hubiera cogido con las manos", dijo Pip, mostrándoles los carritos. "No hay signos de daño, solo están vacíos".
Luego fueron a ver a Gris el lobo, que les dijo que había visto unas huellas extrañas cerca del lago - huellas que no pertenecían a ningún animal que conociera.
"Son huellas pequeñas, como de un ser diminuto, pero con tres dedos en cada pie", explicó Gris. "No he visto nada así antes en el bosque".
Luna pensó durante un rato y luego recordó algo que el Abuelo Árbol le había dicho: "El bosque tiene muchos secretos, y no todos los seres que viven aquí son conocidos por todos".
"Tal vez sea un ser que vive en las profundidades del bosque, al que nadie ha visto nunca", sugirió Iris.
Decidieron ir al lugar donde Gris había visto las huellas y seguir el rastro. El camino los llevó a una parte del bosque que Luna no había visitado antes, donde los árboles eran tan altos que formaban un techo verde encima de sus cabezas, y el suelo estaba cubierto de musgo brillante.
Allí encontraron una pequeña puerta en la base de un árbol gigante, con un letrero que decía: "Solo los que buscan con el corazón pueden entrar".
Luna tocó la puerta con la mano y dijo: "Venimos en busca de los sueños perdidos, para devolverles la esperanza a quienes los necesitan".
La puerta se abrió sola, revelando un pasaje oscuro que llevaba hacia dentro del árbol. Luna encendió su linterna mágica y entró, seguida de la princesa Bruma e Iris.
Dentro del árbol, encontraron una habitación cálida y acogedora, con muebles hechos de ramas y hojas, y luces hechas de hongos brillantes. En el centro de la habitación había un grupo de seres diminutos con piel verde oscura, ojos grandes y redondos, y tres dedos en cada mano y pie. Eran los Duendes de la Tierra, un pueblo que vivía oculto en el bosque desde hace siglos.
El jefe de los duendes, un anciano con una barba blanca y un sombrero de setas, se acercó a ellas con una expresión seria. "Sabíamos que vendrían", dijo. "Somos nosotros los que hemos cogido los sueños".
Luna se sorprendió, pero no sintió miedo. "¿Por qué lo hicieron?"
El duende jefe suspiró. "Porque nosotros también tenemos sueños. Sueños de poder salir del árbol y vivir en la luz del sol, de conocer a los demás seres del bosque y del pueblo exterior. Pero siempre hemos tenido miedo - miedo de que no nos acepten, de que nos hagan daño".
"Los sueños que cogimos", continuó, "eran sueños de valentía, de superación, de amistad. Pensamos que si los estudiáramos, aprenderíamos cómo hacer realidad los nuestros".
La princesa Bruma se acercó al duende jefe. "No tenéis que tener miedo", terminó la princesa Bruma, sonriendo tiernamente. "Todos tenemos miedos, pero también tenemos el poder de superarlos juntos. Si queréis conocer al mundo exterior, nosotros podemos ayudaros".
El duende jefe miró a sus compañeros, que asintieron con la cabeza con esperanza. "¿De verdad estaríais dispuestas a ayudarnos?", preguntó con voz temblorosa.
"Claro que sí", respondió Luna. "Mi pueblo está empezando a descubrir la magia del bosque, y estoy segura de que estarán encantados de conocer a nuevos amigos. Además, los sueños que necesitáis no se encuentran en los sueños de los demás, sino en vuestros propios corazones".
Luna sacó el panecillo mágico que le había dado Iris y se lo ofreció al duende jefe. "Este panecillo te dará fuerza para seguir tus sueños. Y también, ¿qué tal si organizamos un encuentro entre vuestro pueblo, el Reino de los Sueños y Villaventura? Así todos podremos conocernos y ayudarnos unos a otros".
El duende jefe comió un trozo del panecillo y sintió cómo una sensación de valentía y calma invadía su cuerpo. "¡Qué buena idea!", exclamó. "Devolveremos todos los sueños que cogimos inmediatamente. Solo queríamos entender cómo funcionaban".
Los Duendes de la Tierra llevaron a Luna, Bruma e Iris a una habitación donde guardaban los sueños perdidos: estaban en frascos de cristal transparente, brillando con luz de diferentes colores. Cada frasco tenía una etiqueta con el nombre de la persona a la que pertenecía el sueño.
"Los hemos cuidado con mucho amor", dijo una pequeña duenda llamada Menta. "No queríamos dañarlos, solo aprender de ellos".
Juntas, las niñas y los duendes llevaron los frascos hasta el castillo del rey, donde los guardianes de los sueños los recogieron para llevarlos de vuelta a sus dueños. El rey, al enterarse de lo ocurrido, decidió organizar un gran festival de bienvenida para los Duendes de la Tierra en el centro del Reino de los Sueños.
Al día siguiente, todos se reunieron en el gran claro del castillo: los duendes constructores, los guardianes de los sueños, los animales del bosque, la princesa Bruma, el rey y los Duendes de la Tierra. Luna había ido a buscar a los habitantes de Villaventura, incluyendo a su abuela Rosalía y al alcalde del pueblo.
"¡Queridos amigos!", anunció el rey con voz fuerte y clara. "Hoy damos la bienvenida a una comunidad que ha vivido oculta en nuestro bosque durante mucho tiempo. Los Duendes de la Tierra nos han enseñado que el miedo a lo desconocido puede hacernos tomar decisiones equivocadas, pero también que la amistad y la comprensión pueden superar cualquier barrera".
El alcalde de Villaventura se acercó al duende jefe y le extendió la mano. "En nuestro pueblo, creemos que la diversidad es una riqueza. Os damos la bienvenida a visitar Villaventura siempre que queráis, y esperamos poder aprender mucho de vosotros".
El duende jefe apretó la mano del alcalde, emocionado. "También queremos aprender de vosotros", dijo. "Podemos enseñaros a cultivar plantas mágicas que curan enfermedades y a construir cosas con materiales que nadie más conoce".
Durante el festival, los Duendes de la Tierra mostraron a todos sus habilidades: conocían todos los secretos de las plantas, podían hablar con los árboles y sabían cómo hacer que la tierra produjera cosechas abundantes incluso en los lugares más difíciles. Los habitantes de Villaventura les enseñaron a hacer papel picado, a cocinar platos típicos del pueblo y a bailar las danzas tradicionales.
La princesa Bruma y Luna enseñaron a los niños duendes a jugar a las canicas, a saltar a la comba y a hacer coronas de flores. Gris el lobo organizó unas carreras de obstáculos para todos los animales y seres del bosque, y Pipo el conejo ganó el premio a la mejor sonrisa del festival.
Abuela Rosalía preparó sus famosas galletas de avena con chispas de chocolate, y los Duendes de la Tierra les enseñaron a hacer un pan dulce hecho de miel y frutos del bosque que duraba semanas sin estropearse.
Mientras el sol se ponía sobre el Reino de los Sueños, pintando el cielo de colores naranjas, rosas y morados, todos se reunieron en círculo para cantar y bailar. Luna cogió su guitarra (que había traído de casa) y tocó una canción que había compuesto durante su aventura:
*"En el bosque de los sueños,
donde la magia vive,
se encuentran amigos nuevos,
y el miedo se olvida.
Con corazón abierto,
y manos tendidas,
creamos un mundo mejor,
donde todo es posible."*
Todos se unieron a la canción, creando un coro hermoso que resonó por todo el reino. Los sueños que habían sido devueltos brillaban con más intensidad que nunca, y nuevos sueños empezaban a formarse - sueños de amistad, de colaboración y de un futuro mejor para todos.




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