La niña sagrada

7.-EN BUSCA DEL KALAS

FECHA: Cuatro días menos para el siguiente Solsticio.

HORA: Momento del Aotinae.

Dos días más tardaron en tener un plan que fuera aplicable y no expusiera demasiado a Hisae y Zulla. Este consistía en que se incluyeran tanto caballeros armados del Reino Mara como algunos fieles caballeros de Lazah que han seguido a Dante desde que supieron que no estaba muerto, como había dicho Leónidas. También se sumaba “Hana”, el príncipe Dante, algunos felinos y, por último, el Dragón Kalas. Información que dejó a la pequeña niña sagrada con la boca más que abierta. Dante lo capturó para demostrar que es un hombre y ahora ella y él tendrían que ir por el a su nido.

“—Algunos atrapan y domestican Osos, otros matan una serpiente marina… Depende de la familia o lo que crean que son capaces de lograr —Le contó con naturalidad antes de notarla aún más estupefacta.

—¿Capturó un Dragón? ¿Y si lo mata a usted? —Consultó en aquel momento, pero el chico se rió con ganas, negando aquella posibilidad, y Leónidas interrumpió para ajustar los últimos detalles antes de que partieran en busca de “la bestia”, como le dice Hisae.”

Dante y “Hana” debieron dejar a los caballos en una residencia minutos atrás, pues ahora cruzaban por un puente frágil, que no sería capaz de soportar el peso de los caballos

—¿Y no hay otro camino? —Pregunta.

—No tengas cuidado, el peso de nosotros será a lo mucho la mitad de un caballo.

—No es eso, es que a caballo es más cómodo —se queja cual niña mimada.

—No falta mucho, a lo más un día. De hacer el recorrido a caballo tardaríamos dos días más.

—¿Un día extra? —Agrega sorprendida y ve el borde del puente cambiando su faz de inmediato.

De madera con cuerdas gruesas, el puente es delgado y muy largo. Varios metros bajo él, la corriente de un largo y grueso río.

—¿Y cuánto sería a caballo? —Consulta como quien no quiere la cosa.

—¿Tienes miedo? —Indaga divertido, acomodando su carga en la espalda.

—¿Seguro que no se cae? —Temerosa, pisando repetidamente el primer tablón del puente colgante—. Se me ocurre que está lleno de esos bichitos que comen madera.

—Esos bichos se llaman termitas, Hana —explica con total diversión, y comienza a cruzar el puente para detenerse a la mitad de este con una sonrisa—. ¿Hana?

—Se está moviendo, se va a caer… —dice en voz alta y afligida apenas en la orilla del puente.

Viendo esto, el chico se devuelve trotando hasta ella casi en un juego desafiante, más aún al verla y oírla gritar de miedo con el vaivén del puente.

—¿Ves? No pasa nada —sonríe triunfal, alzando los brazos con suficiencia y sus dientes se lucen al ver los labios fruncidos de Hisae—. Vamos, no debemos perder más tiempo —coge su mano de forma dominante para guiarla por aquella endeble pasarela.

A pesar de sus miedos, siguió al príncipe, molesta por ser obligada a cruzar por aquel “terrorífico y débil puente”, pero lo siguió.

Tras esta potente experiencia, se mantuvieron en silencio hasta el momento de comer, cuando Dante preparó una fogata y la cacerola al fuego. Por primera vez con ayuda de ella para pelar los alimentos que calentarían.

—Reconozco que me sorprende tu inexperiencia cocinando —dice una vez que pone a calentar el agua.

—¿Y por qué debería saber? Siempre lo ha hecho mamá… o la abuela.

—Es algo imprescindible en una mujer, es como zurcir o barrer —afirma con seguridad, viendo a la niña revolver la improvisada sopa que han preparado.

—En una mujer tal vez, pero yo soy una niña.

—Supongo que en eso tienes razón —sonríe divertido. ¿De verdad no le han dado nociones de aquello o ella no quiere admitirlo? Es la pregunta que cruza su mente.

—Mi madre sabe zurcir personas. ¿Eso cuenta?

—¿Cómo?

—Sí, es médico. No hace ropa, pero cuando te haces una herida muy fea ella une la piel con hilo y mucha seriedad. —Explica muy seria, simulando con las manos para mayor claridad.

—Eso debe ser muy útil. ¿Y a qué edad aprenderás a hacer cosas de adulta?

—No lo sé… supongo que más grande, ahora estoy aprendiendo a cocinar, ¿no?

—Jajaja… pero porque yo te enseño.

—¿Eso está mal? —Pregunta con sincera curiosidad, después de todo aprender es aprender, sin importar quién te enseñe, ¿o no?

—Bueno… No es lo más correcto —responde luego de unos segundos en silencio—. ¿Vives en un mundo muy diferente, Hana?

—Mucho. Allá no hay dragones, y en las historias a los dragones como el tuyo siempre que van a cazarlos los matan.

—¿De veras?, ¿qué ganan con eso?

—Vivir, claro.

—Que desperdicio —comenta con total seriedad, y al ver cero reacción de ella ante su negativa postura, argumenta—: Si los controlan en lugar de matarlos pueden usarlos en batallas, incluso como defensa para el reino o como medio de transporte.




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