La niña sagrada

8.-RESCATANDO A ZULLA

Desde lejos el lago se ve como una posa de agua, cual piscina, y mientras se acercan, Hisae se acuerda del paseo en escoba con Gabriel. Sus amigos, seguro no imaginan que ahora viaja sobre un dragón.

—¿Aún crees que es mejor cazarlos? —Cuestiona el chico mirándola de soslayo, a lo que ella niega con la cabeza.

Con gracia desciende el dragón azulado sobre el lago, obligando a ambos jóvenes a entrar en el agua para ir hasta la orilla.

Con la mitad de su cuerpo empapado, el príncipe deja su espada y unas bolsas con monedas sobre el pasto. No obstante, con tantas faldas entorpeciendo su andar, Hisae no logra ir muy lejos.

—¡Príncipe Dante! ¡Príncipe! —Llama con un zapato en cada mano y aleteando para avanzar con las faldas alrededor de sus hombros—. No puedo... mi ropa, pesa mucho —se queja, mientras intenta caminar para darse un impulso y caer de frente hundiéndose en el agua.

—¡Hana! —Rápidamente el príncipe se quita la chaqueta y las botas para lanzarse a nado en busca de la maga, pero antes de que regrese al lago, ella ya ha ascendido escupiendo el líquido tragado.

—¡Estoy bien! ¡Estoy bien! —Insiste, pasando por su cara la mano de forma atarantada.

—¿Segura que estás bien?

—Sí, sí. Se atascó el vestido —explica entre risas, algo que descubrió cuando este se soltó abruptamente y ella cayó por la fuerza hecha.

—Bueno, ahora podemos lavarnos —sonríe divertido—. Dejaré mis cosas aquí. ¿Estarás bien?

—Claro, solo es agua —dice con despreocupación antes de intentar zafarse del vestido roto y quedar con toda la ropa que tiene bajo la primera capa de tela—. Cuantas faldas —comenta sacudiendo las mismas con las manos.

—Dejaré mis cosas aquí —explica un poco avergonzado, girando sobre sus talones y alejándose.

Realmente deben ser de culturas muy distintas si ella no tiene problema de quedar en ropa interior frente a su persona, piensa para sí mientras camina. ¿De qué otro modo se explicaría aquella actitud desvergonzada?

Por su parte, Hisae se queda mirando la espalda del príncipe confundida, sin entender por qué va en otra dirección, deja el vestido a un lado y respira cansada. Una vez en el lago, se deja caer sobre el agua y suspira con satisfacción.

—Cuanta ropa —Se dice antes de mirar alrededor y al confirmar que nadie mira, se saca las enaguas y el corpiño que le han puesto bajo la ropa.

***

En las nubes del cielo, todos los planes de rescate se presentan ordenadamente. Los pasos a seguir, las órdenes a dar, la estrategia perfecta allí se encuentra, exacta como la planearon para ser repasada cautelosamente por Dante, que espera que sus ropas se terminen de secar al sol.

Está sentado en el pasto, con la vista puesta en el cielo y no logra percatarse del Dragón que se ha recostado cerca de los árboles a sus espaldas, y aun menos de la chica que en el agua nada hacia la orilla en que se encuentra.

—¡Este lugar es muy agradable! —Dice en voz alta, devolviendo al príncipe a la realidad—. ¿Por qué no te estás bañando? Quizás cuántos días más estemos viajando. Empezaras a oler a podrido.

—Ya estoy listo.

—¿Es la ropa que usan de baño aquí?

—No, es la ropa de... ¿Qué-qué llevas puesto? —Dante observa confundido y absorto cómo al salir del agua Hana luce un traje completo de licra azul, ajustado. Dejando a la vista la piel que no debiera mostrar, según le han enseñado.

—Un traje de baño normal... no como esas ropas que tienes. —Responde en medio de una carcajada— Jajaja. parece ropa de dormir, jajaja...

—No es ropa de dormir. —Aclara con los colores vivos al rostro— Es lo que se usa bajo la ropa. ¿No vas a vestirte? —Insiste, y al notar la clara negativa y que la chica vuelve al agua sin contratiempos ni vergüenzas, se peina los cabellos rememorando esas claras diferencias culturales—. Qué agobio… —musita viendo a Hana nadar gustosa, preguntándose si siempre será así.

Rápidamente va por sus prendas, aunque no estén del todo secas... le es más cómodo estar semi-mojado que bajo la mirada de la maga.

Momento del vampiro de Azara

El sol comienza a bajar y Dante decide hacer una fogata para calentarse antes de partir, Hisae no tarda mucho en acompañarlo, siempre procurando contener esa risilla que le da recordar las ropas del príncipe.

—¿Qué haces? —Cuestiona Dante, observando cómo se mantiene de pie girando suave y cautamente frente al fuego.

—Espero secarme —Responde provocando un suspiro en el joven.

—Hana —Comienza tras decidir que lo mejor es no callarse—. Te recomiendo no volver a usar esas ropas.

—¿Por qué?

—Bueno, recuerda que estás en otro mundo y tanto en Lazah como en otros reinos se te criticaría por ir sin ropas.

—Pero es una ropa —refuta.

—Más parece un trozo pequeño de tela —objeta sin poder evitarlo, y al notar la mirada molesta de la chica, se apresura a comentar—. Aquí no se usan esas cosas, solo no lo hagas después —concluye volviendo su mirada al fuego.




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