La niñera

Capítulo 3

—Adelante. Aquí podemos estar más cómodas mientras charlamos —dice Helena, y señala una sala de estar a unos metros del hall de entrada.

Sobre mi cabeza pende una araña hecha con trozos rectangulares de cristal ubicados de manera horizontal, que le agrega lujo a la casa. Caminamos hasta unos impecables sillones blancos que forman una ele frente a una chimenea cuadrada de buen gusto. Sobre la repisa de madera oscura veo algunos retratos. Alrededor de la estufa hay estantes de madera llenos de bonitos adornos y libros apilados, estoy segura de que a alguien le tomó un buen rato de trabajo que eso luciera así. Más allá del sofá hay una pared de vidrio que permite ver un patio de césped verde que no parece tener final. Hay una gran piscina rectangular afuera, y una arboleda frondosa forma una muralla que delimita el terreno. Supongo que del otro lado está la costa y el inmenso lago de Monte Negro, sobre el cual habitan decenas de muelles de madera donde botes caros están sujetos en un leve vaivén sobre el agua.

—Tiene una casa hermosa, Helena —digo mirando los pisos de madera y las paredes blancas que le dan claridad y más tamaño al lugar. Cada elemento de la construcción ha sido elegido a conciencia.

—Oh, gracias. Estoy tan acostumbrada a vivir aquí que nunca me doy cuenta de eso hasta que alguien lo menciona. Pero sé que soy una afortunada. Tengo la mejor vista del bosque —comenta con una risita, y se sienta en el sillón azul individual. Con gracia cruza una pierna sobre la otra debajo de su vestido negro. La falda es de tela delicada y sus tacones deben ser de diseñador. Me siento pequeña ocupando el sofá frente a ella—. Tú me dirás, Emma. ¿Por qué estás en esa aplicación para niñeras?

La pregunta me toma desprevenida y pienso que es algo tonta. Estoy aquí porque necesito trabajar para ganar dinero. Pero no puedo responder de esa manera o hacerle ver que estoy desesperada por tener un sueldo otra vez y recuperar mi vida. Menos aún puedo mencionar la verdadera razón por la que perdí mi trabajo anterior y ahora estoy en InstantNanny. Si bien no soy culpable de lo que sucedió, no creo que deba comentar algo así tan pronto.

—Bueno. Soy maestra de primaria y fui suplente hasta hace unas semanas. La maestra titular regresó de su licencia, así que me quedé sin trabajo y no he podido conseguir otro puesto. Soy buena tratando con los niños y he estado cuidando a dos niños de ocho y nueve años hasta ahora. Pero ese es otro trabajo que está por terminar. Mi amiga es maestra jardinera y me alentó a usar la aplicación —explico tratando de sonar relajada para que no se noten algunas mentiras piadosas con las que acabo de maquillar mi historia. ¿Y si Helena se informó acerca de mí antes de la entrevista? ¿Y si sabe lo que pasó en mi escuela? Aunque de la noche anterior hasta ahora no ha transcurrido mucho tiempo y solo tenía mi nombre como referencia. Debe haber miles de personas con mi apellido, pero sería horrible haberle mentido y que ella sepa la verdad.

—Eres joven y tienes títulos importantes —dice la mujer con sus ojos azules fijos en mi rostro mientras tuerce un lado de su boca hacia arriba—. Tu perfil dice que tienes veintiséis años. Creo que si puedes tener paciencia con un grupo de veinte mocosos bien puedes con tan solo una niña.

—Tengo manejo de grupo, por supuesto. Nos entrenan para eso. Es más fácil con una persona, eso es verdad, pero no me molestan los grupos. Me gusta el trabajo que hago. Lo he estado haciendo por cinco años. Creo que incluso si fuera más vieja no tendría problema de pasar tiempo con ellos —comento sonriente y Helena entrecierra los ojos.

—Yo debo ser vieja para ti. Tengo treinta y dos años. Además, estoy buscando niñera. Seguro piensas que no puedo con mi hija por la edad que tengo —asegura. Primero pienso que es una broma, pero hay seriedad en su voz y mirada. Está afirmando lo que dice.

—La verdad parece más joven, Helena. Solo tenemos seis años de diferencia —miento de manera descarada. Desde el momento en que la vi pensé que tenía treinta años o más. Podrá arreglarse y hacerse todos los tratamientos estéticos que existen, pero bajo la fachada se nota su edad y quizá su genética no la ayuda, porque en verdad se ve mayor—. Por lo poco que vi de su casa estoy segura de que es una profesional con mucho trabajo y responsabilidades. Hay madres con menos ocupaciones que contratan niñeras. Que necesite una no significa que no pueda con su hija.

Eso parece dejarla satisfecha, porque sonríe y alisa la falda de su vestido antes de acomodar su rubio cabello detrás de la oreja.

—Clara, mi hija, tiene seis años —dice y vuelve a mirarme fijo. Sus ojos son tan azules que se vuelven hipnóticos luego de un rato—. ¿Qué experiencia tienes con niños de esa edad?

—Bueno, justamente he trabajado siempre en el primer grado de primaria, con niños de la edad de su hija. Sé vendar dedos cortados, puedo correr y jugar cuando es necesario, cantar, escuchar y acompañar. En verdad es algo que hago con alegría. El bonus sería que también puedo ayudarla con las tareas, porque tengo ese conocimiento.

—Ya veo. ¿Y qué piensas acerca de vivir aquí? —pregunta y me toma por sorpresa otra vez.

—¿A qué se refiere?

—No con nosotros en la casa, por supuesto. Pero en la pequeña residencia de huéspedes que tenemos al fondo del patio. Seré directa. Somos gente ocupada y buscamos una niñera a tiempo completo. Puedo asegurarte que el sueldo será muy bueno y superará lo que ganabas como maestra aguantando niños amontonados en un aula —dice con un dejo de desprecio—. He investigado cuánto cobra una maestra y creo que entiendo la razón por la que nadie quiere estudiar eso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.