La niñera

Capítulo 6

Creo que he dormido muchas horas, y cuando abro los ojos no recuerdo a qué hora me acosté o en qué momento del día estoy. No siento mi cuerpo y mi mente está confundida. Parpadeo varias veces y eso trae un poco de luz a la oscuridad. Veo retazos del mundo a mi alrededor, y es uno que no conozco.

Observo un cielo raso blanco con lámparas fluorescentes encima de mí, paredes sin cuadros ni ornamentos a mis costados, como una caja que me encierra, y una gran ventana por donde entra mucha luz. El sonido resulta invasivo para mis oídos. Hay gente que habla rápido, pasos que van y vienen detrás de una puerta que parece fácil de empujar y el sonido constante del parlante de un monitor junto a mí. Hay una mujer sentada en una silla al lado de la cama. Tiene cabello blanco, que acaricia sus hombros. Ella me mira con ojos enormes, como si yo fuera un fantasma o algo que no esperaba ver en ese momento. Se pone de pie al instante y corre para empujar la puerta.

—¡Enfermera! ¡Por favor venga! Mi hija acaba de despertar —grita emocionada y vuelve a su lugar en la silla. Estira su brazo para tomar mi mano. Dejo que lo haga, pero no sé quién es ni qué estoy haciendo en una clínica. Sin embargo, nuestros dedos se entrelazan a la perfección.

Al instante, la enfermera acompañada por un doctor joven controla mis signos vitales, observan el monitor y hacen anotaciones. El doctor ilumina mis ojos con una pequeña linterna que ha sacado de algún bolsillo y parece que mi respuesta los deja contentos porque se detienen.

—Hola, Emma. Soy el doctor Ulises. ¿Sabes dónde te encuentras? —pregunta el hombre alto y delgado mirándome con atención. Lleva puesto un uniforme azul de tela liviana y la parte superior es de mangas cortas. La chica a su lado parece recién graduada. Viste igual que el hombre, pero en color celeste.

—Creo que estoy en un hospital —respondo teniendo que aclarar mi garganta. Parece que no he hablado en mucho tiempo y necesito beber agua—. Aunque no entiendo la razón. ¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó?

—Tuviste un accidente automovilístico, hija. Acabas de despertar de un coma luego de semanas —dice la mujer que todavía se aferra a mi mano con fuerza, y los dos profesionales la miran con reproche. Sus ojos se llenan de lágrimas—. Pensé que nunca ibas a despertar.

—Por favor, Juana. Ya hablamos de esto. No debemos darle tanta información de golpe —dice Ulises y vuelve a mirarme. La mención de un accidente trae a mí el recuerdo de la lluvia, mi piel mojada y el sonido de metal crujiendo. Por alguna razón eso es en lo que pienso.

—¿Hija? ¿Quién es usted, señora? —pregunto confundida, porque en verdad no sé quién es esa mujer. Ella suelta un suspiro y mira con súplica al doctor. Su rostro se ve triste y preocupado.

—Estaba en las posibilidades que Emilia tuviera una pérdida de memoria. Estoy seguro de que es algo temporal y selectivo por el trauma y los golpes. Vamos a seguir haciendo estudios neurológicos, aunque los primeros que realizamos indicaron que no hay nada grave con sus funciones cerebrales. Es muy probable que ahora que recuperó el conocimiento comience a recordar cosas, y usted, Juana, tendrá que estar ahí para ella. Es un proceso que lleva tiempo y requiere mucha paciencia —explica el doctor, y mira a quien dice ser mi madre. Ella asiente. Hay algo que se dicen con la mirada y no con palabras—. Les daré un momento a solas, pero luego usted tendrá que dejar la habitación. Tenemos que extraer sangre y hacer otros estudios.

—Muchas gracias, doctor —dice Juana. No recuerdo nada acerca de mi vida antes de abrir los ojos, pero por lo visto he pasado mucho tiempo postrada en esta camilla. Lo único que sé es que me llamo Emilia, que la mujer a mi lado es mi madre y estoy segura, por la forma en que se miraron antes, que algo grave están ocultando. ¿Y si esa mujer no es quien dice ser en verdad? Espero que mi mente siga dándome más destellos como esos que tuve apenas desperté. Necesito saber quién soy en verdad y por qué estoy en este hospital. Creo que no he despertado de una pesadilla, sino que he abierto los ojos dentro de ella.




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