—Me estás asustando, amiga —digo observando a Sofía estirarse para alcanzar algo sobre la mesa de café. Mueve el guardapolvo azul que usa en su trabajo todos los días y libera su bolso, que está debajo. Toma su notebook con prisa y la abre sobre su regazo, esperando que el sistema inicie—. ¿Cómo que esa niña de la foto no es Clara? Yo la cuidaba. Necesito que hables ahora, porque esto es serio.
—Aquella vez que me enviaste la foto creo haberte dicho que me recordaba a una alumna que tuve. Pero no podía ver bien su rostro —comenta ella entrecerrando los ojos cuando la pantalla se enciende y muestra un escritorio con fondo de color violeta claro que está lleno de archivos de texto y pequeñas carpetas amarillas. Sus dedos se mueven a toda velocidad y dan pequeños golpes—. ¡Aquí está!
Ella abre una carpeta que lleva por nombre EGRESADOS SALA 5 - DICIEMBRE - 2024 y golpea con la yema de su dedo índice dos veces sobre el teclado para mostrarme una foto grupal. Mi amiga está en un aula de su escuela, de pie con su uniforme azul y quince niños sonrientes alrededor de ella. Los pequeños visten camisetas blancas y pantalones cortos de color azul porque es verano. Parece la foto de fin de curso. Mi amiga utiliza el zoom para agrandar la imagen. El rostro de una niña rubia crece en la pantalla y me acerco para ver mejor cuando la imagen se vuelve estable y de mejor calidad.
—¿Entonces Clara estaba en tu curso de jardín de infantes el año pasado? —pregunto cuando puedo verla. Su cabello era un poco más corto antes, pero esos son sus inconfundibles ojos azules y sus dientes blancos en una sonrisa que no he visto demasiado—. Por eso la tutora me dijo que es nueva en la escuela a la que va ahora. A la mujer le pareció raro que Helena la cambiara de institución considerando que donde tú trabajas hay primaria.
—No se trata de eso, amiga. Esta niña no es Clara Duarte. Ella nunca fue mi alumna. La que está aquí se llamaba Ariana Galeano y murió en un accidente automovilístico a principios de este año —explica, y recuerdo su mensaje cuando le envié la primera foto de Clara. Había un emoticón con el corazón vendado—. Su mamá, Emilia, estuvo en coma y se salvó de milagro. Pero la niña falleció.
—Espera un poco. ¿En el mismo accidente que los Duarte? —pregunto haciendo conexiones. Emilia Galeano es el nombre que leí en ese artículo de diario unas semanas atrás. No puede ser una coincidencia. Sofía me mira por unos segundos y vuelve al teclado. Sus dedos vuelan sobre las teclas y una noticia se abre frente a nuestros ojos.
—¡Sí! ¿Cómo no me di cuenta cuando me dijiste el nombre de Helena? Ellos estuvieron involucrados en el accidente de Emilia y Ariana. Fue hace tantos meses que me olvidé por completo —dice leyendo algunas líneas. Sofía es apasionada por los documentales de crímenes y misterios sin resolver, y estoy segura de que debe estar molesta por no haber visto ese detalle antes. En un segundo ya ingresó en su cuenta de Facebook y busca a Helena y David Duarte. Sus perfiles están en privado, así que no podemos acceder a más información. Solo vemos fotos de perfil que parecen profesionales—. Me gustaría ver una foto de la verdadera Clara Duarte.
—Sofía, basta con eso. Me estás asustando con tus teorías —confieso. «Si la niña que cuidaba no es Clara, ¿quién es entonces?». Mi mente quiere traer la respuesta desde un rincón oscuro a la luz, pero me niego a alentar ese ejercicio. «¿Está mi amiga en lo correcto?».
—Dime algo. ¿Alguna vez viste en el codo de la niña una marca de nacimiento? Es sutil, un poco más oscura que el color de su piel. Tiene forma de…
—Medialuna… —respondo completando la oración y las dos nos miramos por un buen rato en silencio. La chispa se enciende en sus ojos marrones. Cada vez que ayudaba a la niña con los botones de la camisa de su uniforme me quedaba viendo esa marca en su codo.
—Esa niña no es Clara Duarte. Estoy segura de que es Ariana Galeano. ¡Dios mío! ¿Pero cómo es posible? No voy a poder parar hasta que resuelva esto, Em.
—No podemos afirmar eso, Sofía —digo sintiendo que los nervios se despiertan en mi cuerpo y parece que miles de hormigas caminaran por la piel de mis brazos—. Tú misma lo has dicho. ¿Cómo puede pasar algo así? Fue un accidente y ella lamentablemente falleció.
—¿Y si no lo hizo en verdad? ¿Y si la secuestraron los Duarte?
—Pero el artículo habla del cuerpo de una niña de seis años en terribles condiciones —comento tratando de hacer entrar a mi amiga en razón.
—Justamente. Un cuerpo casi imposible de reconocer. ¡Pobrecita! —dice en un suspiro— Clara era rubia, también tenía seis años y ojos claros.
—Pero supongo que habrán hecho estudios o algo así. ¿O no? ¿Qué se hace en esos casos?
—Amiga… —comenta con una sonrisa irónica—. Estamos en Monte Negro. La mamá de Ariana estuvo casi un mes en coma. La abuela hizo el reconocimiento de la pequeña. La señora Juana estaba en estado de shock con lo sucedido. Además, otras noticias confirman que el cuerpo de la niña fue extraído de la parte trasera en llamas del auto de Emilia. Solo eso les sirve para decir que quien murió es Ariana Galeano. El cuerpo de Clara estaba en el auto de Emilia y es obvio que creyeron que era su hija. ¿Quién en su sano juicio pensaría en un intercambio en semejante situación?
—Nosotras…
—Sí. Porque tenemos todas las pistas frente a nuestros ojos, Emma.
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Editado: 25.02.2026