La niñera

Capítulo 23

Las semanas luego del incidente en la carretera con Helena Duarte me sentí rara, como fuera de mi cuerpo. No podía creer que todo fuera real. Uno suele creer que la gente mala y oscura solo puede ser un personaje de libros, películas o documentales de psicópatas.

Juana y Emma estuvieron siempre apoyándome mientras daba declaraciones en la jefatura de policía o cuando iba a visitar a mis terapeutas. La carga emocional por recuperar a mi hija luego de creerla muerta me superó, pero tenía que ser fuerte por ella y acompañarla en el proceso de reconstruir su memoria. Un psicólogo de niños diagnosticó a Ariana con amnesia selectiva. Es una condición similar a la que yo tuve, pero lo mío fue a consecuencia de los golpes que recibí dentro del auto cuando tuvimos el accidente. Mi hija ni siquiera salió lastimada de gravedad, lo que es un milagro; sin embargo, su mente decidió protegerla de una imagen terrible que observó y bloqueó todo lo que tenía que ver con esa tarde lluviosa en la ruta. Supe la verdad gracias a la confesión de David Duarte. Se declaró culpable del secuestro de Ariana y trató de justificarse con los problemas de salud mental de su esposa. Al parecer Helena, luego de perder dos embarazos antes de concebir a Clara, sufrió de estrés postraumático y una depresión severa que la llevó a tener una sobredosis con pastillas. Fue David quien la encontró y logró salvarla. Al ver que su hija estaba muerta por la terrible colisión de los vehículos, David supo que su esposa no iba a soportar otra pérdida y temió por su vida. Mientras se arrastraba fuera de su auto vio a mi hija sentada junto a mi vehículo destrozado, llorando mientras miraba el desastre bajo la lluvia y creyendo que su madre había muerto. Allí él encontró una oportunidad. David arrastró a su propia hija con el rostro desfigurado e irreconocible y la metió en la parte trasera de mi auto, que comenzaba a cubrirse con llamas, y tomó a mi niña prometiéndole que todo iba a estar bien. Luego llamó a emergencias y el resto es historia.

Todo eso me contó cuando fui a visitarlo a la cárcel. Lo dijo sin remordimientos, pensando que había actuado bien para salvar a su familia. Gracias a los exámenes de ADN se comprobó la identidad de Ariana, la paternidad de David que tanto intentó esconder en un principio y la idea falsa de que Helena era su madre. A esa mujer siniestra estoy yendo a visitar ahora.

Más temprano dejé a Ariana al cuidado de Emma y Sebastián. Por suerte la niña está en tratamiento y evoluciona bien en poco tiempo. En estos momentos deben estar teniendo su picnic junto al lago, donde la naturaleza es bella y ofrece un hermoso paisaje. Una imagen muy distinta a la que veo a través del parabrisas en el estacionamiento de la prisión estatal. Es un edificio gris de ventanas cuadradas con rejas negras. Allí no hay colores ni alegría, solo desolación, soledad y abandono.

Luego de los exhaustivos controles de seguridad, detección de metales, y de anunciar mi presencia presentando mis credenciales, una oficial de uniforme azul me lleva hasta el área de visitas. Hay algunas personas visitando a sus familiares criminales. No sé si yo sería capaz de algo así. Veo a Helena vestida de gris, sentada en una mesa al fondo del salón blanco, con la mirada fija en mi rostro. Me sorprende que haya accedido a verme.

—Estaré aquí por si me necesita, señora —dice la policía de baja estatura y caderas anchas. Se dirige hasta un ventanal que tiene vista hacia un patio y se queda de pie allí, mirando el salón. Hace un gesto con la cabeza para saludar a un compañero que custodia el otro extremo.

—Buenas tardes, Helena. Debo decir que ese color te queda bien. No será un vestido como los que usabas, pero la tela parece buena —digo sentándome en la silla del otro lado de la mesa. Su cabello rubio está más corto y descuidado—. No te preocupes. Esta será la única vez que te visite, así que agradezco que estés aquí.

—¿Viniste a burlarte de mí? —pregunta sin mostrar sus emociones. Supongo que debe estar medicada, o sabe actuar muy bien.

—Para nada. Solo vine a decirte algo importante. Ayer dejé las cenizas de Clara en casa de tu madre para que dispongan de sus restos como crean mejor. Creo que tu hija merece descansar en paz —digo con un nudo en la garganta. Por meses pensé que mi propia hija estaba en esa caja de madera oscura. Saber que otra niña no había tenido descanso me partió el alma, así que busqué algo de información—. Debo decir que tu mamá se sorprendió al verme. Al parecer no se vieron más luego del accidente. Dice que desapareciste, así como tus amigos del famoso club al que iban cada fin de semana. Ahora entiendo por qué. No querías que tu gente cercana se diera cuenta de que la niña en tu casa no era Clara.

—Mi hija se convirtió en cenizas gracias a ti, Emilia. No te creas la heroína en esta historia ni vengas a darme sermones.

—Aquí no hay héroes, mujer. ¿Todavía no lo entiendes? —digo tajante y la miro con seriedad—. Lo único que hay en esta historia son víctimas tuyas y de tu esposo.

—Mi esposo… no creo que te haya obligado a ir a la cama con él. Al fin y al cabo, también engendraste una hija con él —dice ella y sonríe con malicia. Ahora entiendo por qué aceptó verme—. Se que eras tú la que enviabas esos correos electrónicos con cuentas falsas para hacerme saber acerca de sus infidelidades. No creas que soy una tonta. Apenas sus tontos amigos en un descuido me dijeron que no iba al club cuando me decía que iba, supuse que estaba con alguna zorra. Tenemos una relación larga, Emilia. Nos damos permisos. Sin embargo, lo único que no puedo perdonar es que haya procreado con otra. Nuestra Clara era lo más importante. El mismo día que nuestras vacaciones terminaron recibí en mi celular información de un investigador privado que contraté y supe que eras su amante y estabas embarazada. Perdí el control. Lo admito. Mi visión se volvió roja por la ira. Por desgracia íbamos en la ruta de regreso a casa cuando me lancé sobre él rasguñando su rostro. Quería lastimarlo para que sintiera el mismo dolor que yo sentía. Llovía mucho esa tarde. Pero tú la recuerdas bien. Estabas en la carretera cuando David quiso controlar el volante y no pudo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.