La niñera del Ceo

¿Cosa de suerte o del destino?

Capítulo 1:

¿Cosa de suerte o del destino?

Destiny Collins

Si alguien me hubiera preguntado aquella mañana cómo iba mi vida, probablemente habría respondido:

—¿Has visto un tren descarrilarse? Bueno, algo así.

Porque sinceramente no encontraba una mejor forma de describir mi situación. Acababa de salir de otra entrevista de trabajo fallida, y a decir verdad ya había perdido la cuenta, de hecho hasta me aprendí de memoria el: Te llamaremos pronto.

Spoiler: Nunca llaman.

En la última semana quizás recibí unos seis o siete rechazos directos, sin mencionar los correos electrónicos respondidos con un : Lo siento, por ahora no necesitamos más personal. Y para alguien más podía ser indignante o hasta vergonzoso, no obstante para mí no, en definitiva mi desesperación por encontrar trabajo era básicamente urgente, ya que estaba a una notificación más del dueño de mi departamento para ser desalojada.

Algo muy curioso era que se suponía me había mudado a Nueva York para triunfar, empero las cosas no estaban saliendo como lo esperaba y temía profundamente, tener que regresar a Los Ángeles hecha un fracaso total.

Y lo único que sabía era que estaba cansada de escuchar frases bonitas que significaban exactamente lo mismo.

"Lo sentimos."

"Buscamos otro perfil."

"Le deseamos éxito en futuras oportunidades."

Traducción:

"No te contratamos."

Solté un suspiro mientras caminaba por el parque central de Manhattan.

El otoño comenzaba a teñir los árboles de tonos dorados y anaranjados. Las hojas caían lentamente con el viento, cubriendo los senderos como una alfombra de colores cálidos y en otra situación normalmente me habría parecido hermoso, pero ese día no.

Porque solo deseaba desaparecerme o ir a una isla donde nadie me encontrara que básicamente era lo mismo, ya que ese día solo podía pensar en el alquiler, en la factura de electricidad y en el hecho de que mi refrigerador estaba tan vacío que probablemente hacía eco cuando abría la puerta.

—Fantástico, Destiny —murmuré para mí misma—. Vas camino a convertirte en la primera persona que sobrevive alimentándose exclusivamente de agua y optimismo.—continué ahogándome en mi miseria y me dejé caer en una banca libre.

Saqué mi teléfono esperando que quizás había llegado un milagro, volví a revisar mi correo por enésima vez, pero sorpresa: Nada.

No había ningún milagro.

Solo otro mensaje.

Lo abrí.

"Gracias por participar en nuestro proceso de selección..."

Ni siquiera terminé de leerlo.

—Claro que sí—murmuré metiendo el dispositivo en el bolsillo de mis jeans antes de que la tentación de lanzarlo al lago se volviera demasiado fuerte y acabara aún peor porque en mi estado económico que estaba más al paso de la indigencia, no era como que podía darme el lujo de tirarlo a la basura.

Apoyé la cabeza contra el respaldo de la banca y cerré los ojos tomando una bocanada de aire. A veces sentía que el universo tenía algo muy personal contra mí.

Cuando era niña imaginaba que a los veintisiete años tendría un trabajo estable, un apartamento bonito y una vida organizada, pero en lugar de eso, estaba sentada en un parque preguntándome si podía estirar una caja de cereal durante una semana completa.

La respuesta: probablemente era no y me iban a terminar encontrando disecada en mi apartamento, bueno... Eso sí el señor Raymon no me echaba antes.

Un sonido de risas me hizo abrir los ojos sacándome por un momento de mis pensamientos, era una pequeña niña que corría cerca del sendero.

Tendría unos 6 o 7 años.

Llevaba un vestido amarillo y unas coletas que rebotaban cada vez que se movía, la verdad me pareció muy adorable y tenía más energía que una planta eléctrica. La observé perseguir una mariposa con una sonrisa involuntaria y pensé por un segundo lo agradable que sería ser ella, tan despreocupada de la vida, sin tener que imaginar que al día siguiente podrían echarla de su departamento, pero fue entonces que vi al hombre que iba detrás de ella.

Bueno.

"Detrás" era una forma muy generosa de describirlo.

Porque técnicamente estaba cerca, aunque mentalmente estaba en otro planeta. El hombre caminaba mientras hablaba por teléfono.

Traje oscuro, zapatos brillantes y un reloj que probablemente costaba más que mi alquiler anual. Lo seguí observando y noté su cabello negro perfectamente peinado con una expresión tan seria que parecía estar negociando la paz mundial.

—No me importa cuánto cueste —lo escuché decir—. Quiero ese informe terminado antes del viernes.

Vaya.

Alguien claramente no estaba teniendo un día mejor que el mío, pero quien era yo para opinar si apenas y estaba sobreviviendo a mi caos llamado vida.

Volví a mirar a la niña que seguía corriendo y entonces sentí que algo no estaba bien porque la pequeña acababa de abandonar el césped y se dirigía directamente hacia el carril para bicicletas.

Miré a la izquierda y lo que me temía... Una bicicleta venía a toda velocidad, observé a la niña después a la bicicleta, luego al hombre que seguía distraído hablando por teléfono y mi corazón se detuvo.

—¡Oye!—grité, pero nadie reaccionó.—¡Cuidado!—intenté avisar, pero la niña siguió corriendo.—¡Rayos, esto es increíble!—me quejé y noté que la bicicleta seguía acercándose. Y antes de poder pensarlo, mi cuerpo decidió actuar por mí.

Salté de la banca corriendo como una esquizofrénica, escuché el viento golpeándome el rostro, las ruedas de la bicicleta acercándose y los segundos parecieron ralentizarse. Pero como si finalmente el destino me tendiera su apoyo, logré llegar justo a tiempo.

Tomé a la niña en brazos y me lancé hacia el césped con ella encima para evitar lastimarla, caímos rodando y la bicicleta pasó junto a nosotras apenas un instante después.

Mi corazón casi salió disparado de mi pecho y para poder devolver el alma a mi cuerpo estuve inmóvil durante unos segundos para recuperar el aire.




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