La niñera del Ceo

¿Tengo trabajo?

Capítulo 2—

Destiny Collins

La niña seguía aferrada a mi mano. Literalmente.

Como si temiera que fuera a desaparecer en cualquier momento y aunque no tenía problema con eso porque siendo honesta conmigo misma ella transmitía cierta paz que yo necesitaba.

—Olivia —dijo su padre con paciencia—. Creo que estás incomodando a la señorita.

—No la estoy incomodando.

—¿Cómo lo sabes?—cuestionó

—Porque todavía no me ha soltado—admitió sonriente y por inercia bajé la mirada, la pequeña tenía razón.

En algún momento había terminado sujetando su manita también.

—Bueno… técnicamente no me está incomodando —reconocí. Olivia sonrió como si acabara de ganar una batalla importante, cosas de niños, pero a la vez sentí que ambas necesitábamos de ese contacto por corto que fuera.

Sin embargo, su padre cerró los ojos durante un instante. Quizá ya estaba acostumbrado a que su hija siempre le ganará cualquier discusión por tonta que fuera.

En mi opinión ese sujeto parecía un hombre acostumbrado a negociar contratos multimillonarios, pero completamente indefenso frente a una niña de seis años.

Debí sentir lástima por él.

En cambio, me dieron ganas de reír.

—Ya veo que tienes experiencia manejando situaciones difíciles—expresé y los ojos grises del hombre se posaron sobre mí.

—Créame, dirigir una empresa es mucho más sencillo—comentó con una voz un poco cansada.

—Eso es preocupante—respondí mientras una risa escapó de mis labios antes de poder contenerla. Y, para mi sorpresa, una pequeña sonrisa apareció en los suyos.

Duró apenas un segundo.

Lo suficiente para que notara que aquel hombre era mucho más atractivo cuando dejaba de parecer una estatua de mármol.

—Papá siempre trabaja mucho —informó Olivia.

—Olivia…—dijo su nombre como si eso la pudiera detener, en realidad esa pequeña parecía ser imparable, no imaginaba como él debía lidiar con esa situación frente a extraños, porque justo estaba ocurriendo frente a mis ojos y el fracaso era inminente.

—Es verdad.

—Olivia—repitió su nombre en un tono bajo como aceptando que aquello no cambiaría.

—También olvida comer.

—Olivia.

—Y una vez usó calcetines diferentes—confesó y no pude evitar soltar una carcajada.

El hombre me dedicó una mirada resignada.

—Gracias por compartir información confidencial de la empresa—terminó por responder.

—De nada—dijo ella encantada consigo misma. Y para ser honesta, yo también lo estaba porque por primera vez en todo el día, me sentía genuinamente mejor.

Tal vez porque era imposible estar deprimida cerca de Olivia. La pequeña irradiaba alegría de una forma casi injusta.

—¿Vienes mucho al parque? —preguntó de repente.

—Cuando necesito pensar—contesté

—¿Y hoy necesitabas pensar mucho?—prosiguió y empecé a sentirme aterrada de que describieran mi desgracia. Porque en en realidad yo necesitaba demasiado ese momento de pensar, justo mi vida era un completo caos y debía analizar que rayos hacer antes de terminar en la calle.

Pero por supuesto que no iba a contarle mis problemas financieros a una niña.

—Algo así—me limité a responderle. Ella inclinó la cabeza.

—Parecías triste—admitió y abrí los ojos ligeramente porque la sinceridad infantil era peligrosa, ya que casi siempre daba en el blanco.

—Tuve un mal día—contesté para luego formar una fina línea con los labios, ya que todavía la herida por los constantes rechazos cada vez que buscaba empleo, seguía latente.

—Yo también tuve un mal día una vez—comentó bajando la mirada.

—¿Ah, sí?—repliqué poniendo más atención en ella y asintió con solemnidad.

—Se me cayó un helado—terminó por confesar y tuve que morderme el labio para no reír.

—Eso suena terrible—expresé intentando sonar comprensiva.

—Lo fue.

—¿Y sobreviviste?

—Apenas—mencionó haciendo una mueca de lado mientras sus ojos miel miraban a un lado como recordando la escena. Su expresión era tan seria que terminé riéndome.

Incluso el hombre pareció contener una sonrisa, entonces el teléfono de él comenzó a sonar, otra vez. La pantalla se iluminó y su mandíbula se tensó.

Pude notar como algo en su postura cambió de inmediato como si hubiera recordado de golpe todas las responsabilidades que lo estaban esperando.

—Disculpen un momento—expresó con el teléfono en la mano y se apartó unos pasos para contestar.

Olivia observó cómo se alejaba para luego cambiar la expresión, aquella sonrisa había desaparecido ligeramente de su rostro. Realmente sentí pena por ella, ya que en algún momento de mi vida también experimenté ese deseo de tener a mi padre siempre conmigo, o que tal vez no trabajara tanto, sin embargo no fue así.

Por eso podía sentirme identificada.

—Siempre trabaja—mencionó en un tono bajo, y no sentí que era un reproche, sino más como tristeza que podía parecer silenciosa, de esas que los niños sienten cuando extrañan a alguien que está justo frente a ellos.

—Estoy segura de que te quiere mucho.—intenté alentarla y ella me observó haciendo un gesto de lado.

—Lo sé—reconoció y después miró hacia donde estaba su padre.—Pero a veces quisiera que trabajara menos—Aquellas palabras me tocaron más de lo que esperaba, porque el hombre parecía estar haciendo todo lo posible.

Y aun así no era suficiente, eso me hizo pensar en la raíz de todo y era algo que por muy insignificante que pareciera podía ser la respuesta a todo.

¿Dónde estaba la madre de la niña?

Y una pequeña presión me oprimió el pecho, porque desde luego que si sales al parque con tu hija, siempre están ambos padres, no obstante pensé en dos posibles teorías sobre el asunto. Una que quizás podría ser la respuesta.

Ambos padres estaban divorciados y probablemente, estaban en tiempos compartidos. O la segunda opción era que la madre abandonó a la niña, pero esa posibilidad era muy lejana ya que no me imaginaba ni por un segundo a la madre de Olivia dejándola. Es que era ilógico para mí, esa niña en dos segundos de conversación se había ganado mi corazón…




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