La niñera del Ceo

Oficialmente empleada

Capítulo 3

Destiny Collins

Al día siguiente me encontraba frente a un edificio tan impresionante que tuve que detenerme unos segundos para asegurarme de que no me había equivocado de dirección. Miré la tarjeta, luego el edificio y nuevamente vi la tarjeta otra vez para convencerme de que mis ojos no me engañaban.

Definitivamente era el lugar correcto.

—Santo cielo…—expresé con la boca abierta.

La torre de cristal se elevaba hacia el cielo como si quisiera competir con las nubes. Su fachada reflejaba los edificios cercanos y los rayos del sol de la mañana, convirtiéndola en una enorme superficie brillante imposible de ignorar.

Sobre la entrada principal destacaban unas elegantes letras metálicas.

BLACKWOOD TECHNOLOGIES.

Mi estómago dio un pequeño vuelco, ya que recordé el apellido de quien tenía mi destino en sus manos y entonces también comprendí que el hombre que había conocido en el parque no era simplemente un empresario. Sino el tipo cuyo nombre aparecía en revistas y que tenía edificios con su apellido escrito en la entrada.

Mis manos temblaban porque al recapacitar mejor y analizar la situación me di cuenta de que yo estaba a punto de reunirme con él.

—No entres en pánico—me dije a mí misma, pero eso no funcionó ya que notablemente entré en pánico. Así que tuve que respirar hondo y avanzar para no sufrir un ataque. Las puertas de cristal se abrieron automáticamente, y lo primero que me recibió fue un enorme vestíbulo revestido de mármol blanco.

No un mármol bonito, sino uno obscenamente bonito. El suelo brillaba tanto que podía ver mi reflejo, las lámparas colgantes descendían desde varios pisos de altura como cascadas de cristal. Había obras de arte modernas decorando las paredes y enormes arreglos florales frescos que probablemente costaban más que toda la decoración de mi apartamento.

Mi apartamento.

Bueno…

Si seguía sin empleo, técnicamente pronto dejaría de ser mi apartamento, y fue aquello lo que me obligó a tomar valentía debido a que de la decisión que tomara el señor Blackwood, constaba mis próximos días.

Aparté aquellos pensamientos tomando aire una vez más y me acerqué a la recepción. Una mujer impecablemente vestida me dedicó una sonrisa profesional.

—Buenos días, bienvenida a Blackwood technologies.

—Buenos días, gracias—Intenté sonar segura. Creo que soné como alguien que acababa de entrar accidentalmente a un museo muy caro.

—Mi nombre es Destiny Collins. Tengo una cita con el señor Blackwood—expliqué y ella asintió.

—Por supuesto, señorita Collins—La mujer tomó el teléfono.—Señor Blackwood, la señorita Collins ha llegado—informó y la observé, sin embargo su expresión era bastante difícil de descifrar, quizás estaba acostumbrada a mostrar una imagen tan profesional, que olvidaba que era humana.

Guardó silencio unos segundos, luego sonrió asintiendo para responder—Sí, señor—Colgó para después verme a mí—Puede pasar inmediatamente—señaló y mi respiración se cortó.

Inmediatamente…Eso sonaba importante o aterrador, y la verdad es que no estaba segura, pero causaba mas presión aún.

“Calma Destiny, no te desmayes”

Me alenté y vi a la señorita que amablemente señaló a su lado derecho donde se hallaban unos ascensores privados. Yo le agradecí y avancé a pasos lentos hasta llegar a las puertas que se abrieron con un suave sonido metálico. Subí y durante todo el trayecto intenté convencerme de que no estaba nerviosa.

Sin éxito.

Cuando las puertas volvieron a abrirse me encontré frente a una elegante oficina de recepción privada.

Una asistente me recibió con una sonrisa.

—El señor Blackwood la espera—mencionó y asentí, unos segundos después estaba entrando en su despacho.

Mi primer pensamiento fue que aquella oficina era más grande que mi apartamento (bueno, cualquier espacio en ese lugar era más grande que mi apartamento)

Mi segundo pensamiento fue que probablemente también era más cara porque las enormes ventanas ocupaban casi toda una pared y ofrecían una vista espectacular de Manhattan.

Desde allí la ciudad parecía una maqueta, los edificios se extendían hasta donde alcanzaba la vista, una enorme biblioteca de madera oscura cubría una de las paredes. Había libros perfectamente organizados, fotografías enmarcadas y algunos premios empresariales.

En una esquina descansaba un piano negro.

Un auténtico piano.

Porque aparentemente ser multimillonario significaba tener instrumentos decorativos en la oficina. El escritorio de Aiden era amplio, elegante y minimalista.

Ahí no había nada fuera de lugar tampoco desordenado y mucho menos personal, aunque la excepción fue una fotografía de la tierna Olivia que descansaba sobre el escritorio.

No pude evitar sonreír al verla porque la pequeña parecía ser la única capaz de romper la perfección cuidadosamente organizada de aquella habitación.

—Señorita Collins—esa voz ronca, pero segura e imponente a la vez. Levanté la vista y Aiden Blackwood acababa de ponerse de pie.

Llevaba un traje oscuro impecable.

Y, por alguna razón, parecía pertenecer perfectamente a aquel lugar.

—Buenos días—saludé y la voz me salió con un hilo, de inmediato supe que ya había metido la pata porque noté un pequeño destello de humor en su rostro.

“Va a pensar que soy una loca”

Pensé decepcionada de mi misma.

—Buenos días—sonrió con amabilidad, yo intenté devolverle la sonrisa, pero creo que mis nervios la transformaron en algo extraño.

—Tome asiento, por favor—indicó señalando una de las elegantes sillas que reposaban frente a su escritorio. Obedecí inmediatamente y él regresó a su silla.—Quiero hablar sobre el trabajo que mencionamos ayer.

Mi espalda se enderezó automáticamente.

—Por supuesto. Estoy dispuesta a dar lo mejor de mí para cuidar a Olivia—las palabras salieron casi automáticamente de mi boca, pero él levantó una mano.




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