La niñera del Ceo

Suave colchón y una colisión vergonzosa

Capítulo 4

Destiny Collins

—¡Viniste!—La sonrisa de Olivia era tan grande que resultaba imposible no sonreír también.

—Claro que vine—respondí mientras ella prácticamente se lanzaba a mis brazos.

La pequeña me abrazó con fuerza y yo sentí algo cálido en el pecho. Quizás porque, después de todo el estrés de los últimos días, era agradable que alguien estuviera genuinamente feliz de verme.

—Pensé que papá te asustaría con sus reglas—susurró conspiratoriamente. Solté una pequeña risa.

—Estuve cerca—confesé a modo de secreto

—Lo sabía—exclamó ella y Margaret carraspeó con elegancia.

—Señorita Olivia, recuerde que no debe correr por las escaleras.

—Sí, Margaret—respondió la niña sin parecer realmente arrepentida.

La mujer suspiró como alguien que llevaba años repitiendo exactamente la misma frase.

—Permítame mostrarle su habitación, señorita Collins.

Mi habitación.

Todavía sonaba extraño.

Seguí a Margaret escaleras arriba mientras Olivia caminaba a mi lado tomándome de la mano. Atravesamos pasillos tan largos que estaba convencida de que podían tener su propio código postal.

—¿Cuántas habitaciones tiene esta casa?—pregunté.

—Veintisiete—contestó Margaret.

Me detuve en seco tratando de procesar aquello…

—¿Veintisiete?—repetí el número completamente en shock.

—Sí—afirmó ella como si fuera lo más normal del mundo y no es que yo quisiera parecer una ignorante que no sabe cosas al respecto de los millonarios, pero cada aspecto de la vida que ellos llevaban me parecía tan exagerado, y a la vez difícil de procesar porque simplemente me dejaban sin palabras sus excentricidades.

—¿Y viven aquí cuatro personas contándome a mí ahora?—cuestioné

—En realidad para ser exactos vivimos cuatro personas ahora incluyéndola a usted—explicó en ese tono tan formal y refinado que me hacía pensar que yo era una inculta. Sin embargo, su respuesta también me hizo analizar sobre la madre de Olivia, eso quería decir que como yo había pensado, entonces Aiden Blackwood era divorciado, no obstante mi curiosidad hacía que sobre pensara ese asunto, empero desde luego no iba a preguntar ese tema.

Parpadeé sacudiendo la cabeza y la observé.

—Eso parece un uso excesivo de habitaciones—murmuré y Olivia soltó una risita como si en realidad yo fuera una total rareza de la humanidad. Margaret simplemente continuó caminando.

Llegamos finalmente a una puerta blanca.

—Esta será su habitación—indicó haciendo una seña sutil, sin dejar de ser elegante.

La abrió.

Y yo olvidé cómo respirar.

—Oh.—Eso fue todo lo que pude decir. Porque aquello no era una habitación, sino un apartamento entero. O quizás dos.

La cama era enorme, cubierta por suaves sábanas color marfil. Había una elegante sala privada junto a los ventanales, un escritorio, una biblioteca pequeña y un baño que probablemente era más grande que la cocina de mi antiguo apartamento.

Mi antiguo apartamento.

La comparación resultaba tan absurda que ni siquiera sabía por dónde empezar.

—¿Está bien, señorita Collins?—preguntó Margaret.

—Sí… creo que sí—contesté apenas porque realmente me había quedado sin palabras, aún seguía intentando procesar lo que estaba viendo.

—Si necesita algo, puede comunicarse conmigo—añadió para darse media vuelta. Y yo simplemente asentí respondiendo un: Gracias, mientras mis ojos recorrían la estancia.

—Señorita Oliva, permitamos que la señorita Collin’s pueda instalarse en su nueva habitación—expresó la mujer, pero a pesar de que la niña no estaba del todo complacida con el hecho de tener que dejarme, solo afirmó y la siguió. No sin antes mirarme y decir

—Te veré luego, quiero que veas mi habitación también —señaló con emoción infantil y yo le dediqué una sonrisa.

—Por supuesto, estaré encantada.

Cuando Margaret y Olivia finalmente salieron para que pudiera instalarme, me quedé sola en medio de aquel espacio enorme y elegante. Solamente observando todo, luego giré lentamente sobre mí misma y repetí ese movimiento unas tres veces porque aún no podía creérmelo.

—Esto es increíble…—mencioné en un tono bajo acercándome a la cama, sentí su suavidad al palparla. Era como tocar una nube esponjosa muy agradable, así que mi instinto de niña solo me llevó a un pensamiento, por lo tanto, miré alrededor para asegurarme de que nadie estuviera observando.

Entonces tomé impulso y salté. La cama me recibió como una nube gigante.

—¡Santo cielo!—murmuré volviendo a saltar una y otra vez. Mi corazón se aceleraba con cada impulso y algo muy placentero me recorrió todo el cuerpo, porque después de todo era una cama gigantesca y yo era un ser humano con muy poco autocontrol.

Estaba en pleno salto número cinco cuando la puerta se abrió.

—Señorita Colli…—una voz masculina se interrumpió. Mi corazón y alma abandonaron mi cuerpo.

“Perfecto Destiny, perfecto”

Pensé aterrada viendo al hombre parado al pie junto a la puerta, nada más y nada menos que mi ahora jefe Aiden Blackwood… Quién me observaba como analizando la situación, o tratando de procesarla, seguro mil cosas atravesaron su cabeza y una de ellas era ¿Qué hace una mujer de veintitantos saltando sobre un colchón?

Lo peor de todo es que yo estaba en la peor situación posible, con el cabello desordenado, rebotando como una niña de ocho años y por supuesto que no había excusa para eso, no era como que pudiera inventarme algo, porque justo él había presenciado el hecho en primera fila.

Hubo unos segundos de absoluto silencio.

—Señor Blackwood—solté horrorizada finalmente para detenerme, porque todo pasó tan rápido y a la vez lento. La verdad era difícil de explorar, solo que para empeorar todo mi pie se enredó con las sábanas y como si la vida realmente se hubiera ensañado conmigo ocurrió otro desastre… Caí directamente al suelo.

—¡Ah!–chillé




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