Capítulo 5—
Destiny Collins
Después de permanecer varios minutos tumbada sobre la cama, intentando recuperarme de la humillación más reciente de mi vida, decidí que esconderme debajo de las sábanas no era una opción adulta.
Aunque ciertamente era una opción tentadora.
Así que me arreglé un poco el cabello, comprobé que seguía siendo una persona funcional y finalmente bajé las escaleras.
Cuando llegué al vestíbulo principal encontré a Margaret esperándome con la misma postura impecable de siempre.
—Señorita Collins —saludó con amabilidad—. Pensé que le gustaría conocer la casa.
—Me encantaría—respondí más animada porque en realidad si tenía curiosidad.
Porque si iba a vivir allí, necesitaba aprender a orientarme en aquel palacio disfrazado de residencia familiar.
Margaret comenzó a caminar por uno de los largos corredores.
—La cocina principal se encuentra en esta ala de la casa. El personal trabaja aquí desde las seis de la mañana—explicó y no pude evitar observar aquel lugar con gran asombro, ya que como todo en esa casa, era enorme.
Había visto restaurantes con cocinas más pequeñas.
—¿Cuántas personas trabajan aquí? —pregunté.
—Las suficientes—contestó sin dar muchos detalles, y a decir verdad Margaret me parecía bastante hermética cuando se trataba de dar explicaciones sobre algo, o simplemente hablar de más. Quizás por su trabajo ella mantenía la distancia.
Y por supuesto que aquella respuesta no aclaró absolutamente nada, dejándome con la misma intriga de saber algo que llevaba preguntándome desde que había conocido al señor Blackwood y por supuesto, doña Margaret no sería la persona indicada para preguntarle.
Continuamos avanzando.
Ella me mostró varios salones, una sala de música, una sala de cine privada, una piscina cubierta, un gimnasio y una terraza que ofrecía una vista espectacular de los jardines.
Cada vez que pensaba que la mansión ya no podía sorprenderme, aparecía otra habitación imposible.
—Esto parece un hotel de lujo—solté aún con la boca abierta.
—El señor Blackwood suele escuchar ese comentario.
—¿Y qué responde?
—Nada.
—Eso también parece muy propio del señor Blackwood—añadí y por un instante me pareció ver una pequeña sonrisa en los labios de Margaret. Al menos la había hecho reír, lo que al parecer hacía muy bien con esa familia, quizás tenía cierto sentido del humor que era contagioso, o eso decía mi padre.
Llegamos a otro corredor más silencioso y la mujer disminuyó ligeramente el paso.
—Hay algo importante que debe saber—empezó y su tono había cambiado. Lo que hizo activar mis alarmas internas inmediatamente.
—¿Sí?
—Hay dos lugares de esta casa a los que no debe entrar bajo ninguna circunstancia—agregó en un tono que desbordaba en seriedad, hasta sentí que podía tratarse de algo peligroso.
Parpadeé.
—¿Qué lugares?
—La habitación de la señora Anne—dijo ese nombre y de inmediato asocié todo. Se trataba de la persona que yo deseaba saber que había ocurrido con ella, por lo cual mi curiosidad despertó al instante.
—¿La señora Anne?—deseé que ella me explicara, pero mantuvo la mirada al frente.
—Y la biblioteca privada del señor Blackwood—añadió como una regla que no se debe romper, pero sin dar detalles era como estar en un cuarto a ciegas, yo me retorcía por dentro de intriga, pero esa mujer no hablaría.
Fruncí el ceño.
—¿La biblioteca?—me hice la idiota con anhelo de que se compadeciera y me diera un indicio, porque aquello me sorprendió más que lo otro. Ya que podía entender que una habitación personal fuera privada ¿Pero una biblioteca?—¿Hay alguna razón?—insistí. Margaret guardó silencio unos segundos.
—El señor Blackwood así lo desea—dijo sin más, y la respuesta fue tan insatisfactoria que en mi rostro se notó ese leve vacío al no poder escuchar la historia completa. —Hay cosas que es mejor mantenerlas así, señorita Collin’s—fue lo que agregó y yo únicamente asentí mientras que mi labios se estiraban solos hacia los lados, las cejas permanecieron fijas y también la miraba como si aquello me obligara a fingir que había entendido.
Porque para mí normalmente cuando alguien prohibía algo, automáticamente yo quería saber por qué.
Era una reacción humana que debía controlar, pero… A pesar de todo, también sabía respetar límites.
—Entiendo—fue mi respuesta final, aunque no lo entendía realmente. Pero tampoco iba a discutirlo.
Margaret pareció satisfecha con aquello y continuó enseñándome el resto de la casa.
Al finalizar el recorrido regresamos al vestíbulo principal.
—La cena se servirá dentro de unos minutos—me informó y asentí con un gesto de agradecimiento.
—Gracias por mostrarme todo.
—Ha sido un placer, señorita Collins.—La mujer se retiró elegantemente y yo me dirigí hacia el comedor.
Las enormes puertas estaban abiertas. Y la escena que encontré al entrar me hizo sonreír sin darme cuenta.
Olivia estaba sentada junto a su padre.
Hablaba tan rápido que apenas tomaba aire entre frase y frase.
Sus manos se movían emocionadas mientras explicaba algo relacionado con una clase de arte, un dibujo y una discusión muy seria acerca de si los unicornios podían derrotar dragones. El señor Aiden escuchaba, no parecía estar distraído, tampoco revisaba documentos o miraba su teléfono, él de verdad estaba atento a lo que Olivia le hablaba.
Y por alguna razón aquello me conmovió.
Porque el hombre frío y controlador que dirigía una corporación multimillonaria desaparecía cuando miraba a su hija.
—¡Destiny! —exclamó Olivia al verme.
La pequeña sonrió ampliamente.
—Hola, princesa—saludé animada y Olivia señaló una silla cerca de ellos.
—Estoy muy feliz de que papá te haya invitado a vivir con nosotros—comentó aún con esa emoción como cuando llegué y era eso lo que me removía algo adentro, esa niña tenía un poder sobrenatural para derretir corazones. Porque de verdad sentí como el mío se enterneció.