La niñera del Ceo

La melodía a mitad de la noche

Capítulo 7—

Destiny Collins

La habitación de Olivia era exactamente como esperaba, pero a la vez, también como no esperaba. Ya que era enorme, por supuesto. Todo en aquella casa parecía tener dimensiones exageradas. Sin embargo, lo que más llamaba la atención no era el tamaño, sino la personalidad de la pequeña reflejada en cada rincón.

Las paredes estaban decoradas en tonos suaves de rosa y crema. Había estanterías llenas de libros infantiles, peluches perfectamente acomodados y dibujos hechos con crayones que parecían ocupar cualquier espacio libre.

Sobre una de las paredes había fotografías.

Muchas fotografías. Algunas mostraban a Olivia cuando era apenas un bebé. Otras la mostraban junto al señor Aiden, en la playa, un parque, montando bicicleta, celebrando cumpleaños y sonriendo. Por supuesto porque esa niña nunca estaba triste y era algo que me generaba intriga.

Por supuesto que tenerlo todo daba muchas ventajas para no tener ningún tipo de preocupaciones en la vida, pero desde que conocí a esa niña, no la había visto triste ni por un segundo y rara vez enojada. Determinada, probablemente, pero disgustada por algo, tampoco me pareció común en su expresiones acostumbradas.

Seguí observando la amplia estancia y por alguna razón mi mirada se detuvo unos segundos más de lo necesario en aquellas imágenes. Porque el hombre serio, controlado e intimidante que conocía parecía completamente diferente allí.

En su rostro denotaba felicidad y relajación total, cosa que no había sido testigo hasta el momento porque el señor Aiden parecía ser un témpano de hielo cuando se trataba de expresar mucho, a menos que se tratara de Olivia, esa niña era su debilidad y eso que yo apenas los estaba conociendo, pero en tan poco tiempo no fue difícil notarlo.

—¿Qué cuento quieres escuchar? —pregunté mientras me sentaba en el borde de la cama. Olivia corrió hasta una estantería.

—¡Tengo muchos!—empezó y yo sonreí

—Eso ya lo noté—respondí sin dejar de observar el gran estante. La pequeña comenzó a sacar libros y la verdad parecían ser interminables. Los fue colocando sobre la cama hasta crear una pequeña montaña.

—Olivia...

—¿Sí?

—Creo que acabas de fundar una biblioteca—expresé con el ceño fruncido y ella soltó una risita.

—Me gustan los cuentos—admitió mientras rebuscaba entre los que había elegido.

—Eso también ya lo noté—contesté viéndola mover con cuidado entre sus pequeños dedos cada portada de un lado a otro.

Después de varios minutos de análisis extremadamente serio, eligió uno sobre una princesa que escapaba de una torre para rescatar a un dragón.

Lo cual me pareció una inversión bastante interesante de los papeles tradicionales.

Comencé a leer.

Y para mi sorpresa, Olivia escuchó con total atención. Aunque interrumpía ocasionalmente para hacer preguntas (muchas preguntas)

—¿Por qué el dragón no podía salir solo?—cuestionó y la miré de reojo.

—Porque estaba atrapado—respondí tranquilamente.

—¿Y por qué estaba atrapado?—continuó ella como si se tratara de un asunto de lo más relevante ya que mostraba todo el interés posible en lo que ocurría en ese cuento.

—Porque esa es la historia—volví a contestar soltando un poco de aire y ella arrugó la cara.

—Pero no tiene sentido—comentó no del todo satisfecha con mi respuesta.

—A veces los cuentos no tienen sentido—me limité a responder y ella arrugó la nariz

—Eso es raro.

—Estoy de acuerdo—

La pequeña pareció reflexionar profundamente sobre aquello.Finalmente continué leyendo y cuando terminé el cuento, Olivia ya estaba bostezando.

—¿Te gustó?—deseé saber y ella asintió soñolienta

—Sí—Su voz había perdido parte de la energía habitual.

Acomodó la cabeza sobre la almohada mirando el techo de la habitación.

—Destiny...

—¿Sí?

—Me alegra que estés aquí—susurró antes de cerrar los ojos. Aquellas palabras me tomaron desprevenida y mi sonrisa apareció automáticamente.

—A mí también me alegra estar aquí—dije mientras la acomodaba arropándola, una tenue sonrisa de satisfacción apareció en su tierno rostro y mi corazón se enterneció.

“Basta Destiny, ¿qué pasa si llegas a marcharte o el señor Aiden te echa del trabajo?”

El pensamiento apareció de pronto y sacudí la cabeza sacándolo de inmediato, no iba a sabotearme a mí misma cuando ya todo parecía marchar bien y miré a la niña durante unos segundos, pensé que ya se había quedado dormida.

Entonces volvió a hablar.

—Papá también está contento—dijo el voz bajita y eso sí que me tomó muy desprevenida. Parpadeé varias veces porque no comprendí del todo y no aguanté la curiosidad y pregunté.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—¿Y cómo lo sabes?—insistí Olivia abrió un ojo.

—Porque sonríe más—Antes de que pudiera responder, volvió a cerrar los ojos y esta vez sí se quedó dormida.

La observé unos instantes pensando en sus palabras, su respiración se volvió lenta y tranquila.

Entonces me levanté con cuidado y apagué la lámpara de la mesita de noche. Salí de la habitación silenciosamente para encontrar un pasillo prácticamente vacío, de pronto sentí un poco de nostalgia, no comprendí, era como esa sensación de que algo faltaba ahí, eso que debería existir en medio de tantos lujos y aún así podía experimentar la carencia de algo realmente importante.

Comencé a caminar hacia mi habitación, pero al doblar una esquina escuché algo que me hizo detener por completo, giré el rostro en dirección a donde provenía el sonido y aunque lejano sabía que se trataba de un piano. Aquella música se escuchaba melancólica, pero a la vez hermosa. Como un poema dedicado a alguien que se ama, pero a la vez con añoranza y tristeza.

Fruncí el ceño porque a esas horas no parecía haber nadie despierto, seguí el sonido instintivamente. Mis pasos resonaron sobre el suelo de madera pulida y a medida que me acercaba la melodía se hizo más clara y entonces comprendí de dónde provenía. Una sala pequeña y parcialmente iluminada por la luz de una lámpara donde se encontraba el señor Aiden.




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