La niñera del Ceo

Horarios y actividades extracurriculares

Capítulo 8—

Destiny Collins

El sonido de la alarma me despertó mucho antes de lo que mi cuerpo consideraba razonable. Abrí un ojo, luego el otro y durante unos segundos me quedé inmóvil, observando el elegante techo blanco sobre mi cabeza.

Parpadeé varias veces como si de pronto hubiera recordado donde me encontraba exactamente. Observé la cama enorme, las cortinas de seda y la habitación gigantesca dando gracias de no estar en mi viejo apartamento.

Un suspiro de satisfacción se le escapó porque de verdad estaba agradecida por mi nuevo empleo.

Y Olivia, la niña más encantadora y parlanchina de todo el planeta.

Solté otro pequeño suspiro mientras me incorporaba, sobre la cómoda encontré una carpeta que Margaret había dejado la noche anterior. Dentro había una lista detallada con las actividades del día.

Horarios, comidas, clases y actividades extracurriculares. Más horarios lo que quería decir una enorme cantidad de trabajo, pero realmente me sentía positiva sobre ese empleo y quería dar lo mejor de mí para demostrar que realmente si tenía capacidad de hacer algo bien.

—Definitivamente esta familia tiene una obsesión con la organización —murmuré dejando la carpeta nuevamente en su lugar. Me preparé rápidamente y, una vez lista, salí de mi habitación.

El pasillo todavía estaba tranquilo, la casa apenas comenzaba a despertar y según la lista, mi primera misión del día consistía en ayudar a Olivia a prepararse para la escuela.

Algo que parecía sencillo. Probablemente demasiado sencillo.

Y la vida me había enseñado que cuando algo parecía sencillo, normalmente era porque aún no había comenzado.

Sonriendo para mí misma, avancé por el pasillo hasta llegar a la habitación de la niña, abrí la puerta suavemente y Olivia seguía dormida. La luz de la mañana se filtraba por las cortinas iluminando parcialmente la habitación.

Su cabello oscuro estaba desordenado sobre la almohada, noté lo hermosa que se veía aún cuando estaba dormida, era tan tierna que no podía ser real, sonreí sin querer y avance hacia ella. Dormía profundamente y por un instante parecía mucho más pequeña.

Me acerqué despacio hasta la cama doblándome un poco para acercar mi mano a su mejilla, con cuidado aparté algunos mechones que cubrían su rostro y mis dedos rozaron suavemente su mejilla.

La pequeña sonrió entre sueños. Y entonces murmuró algo que hizo que mi corazón se encogiera.

—¿Mamá...?—susurró dormida aún y me quedé inmóvil.

Una punzada de ternura y tristeza me atravesó el pecho al mismo tiempo. Pero también seguía sintiendo esa curiosidad... ¿Por qué la madre de Olivia no estaba? ¿A dónde había ido? ¿Acaso nadie me diría nunca que pasó?

Era una lista interminable de interrogantes que me abrumaban por completo, porque también Margaret al mostrarme la casa dijo que no podía entrar a la habitación de esa mujer, y si...

"No, desde luego no harás eso Destiny Erlind Collin's"

Me obligué a convencerme porque este trabajo era muy perfecto para arruinarlo solo porque sentía curiosidad.

Miré de nuevo a la niña y antes de que pudiera reaccionar, Olivia abrió lentamente los ojos.

Parpadeó.

Me observó.

Y una enorme sonrisa apareció en su rostro.

—¡Destiny!—exclamó con alegría

—Buenos días, dormilona—la saludé y ella soltó un bostezo

—Buenos días.

—Es hora de prepararse para la escuela—comenté. Olivia miró el reloj y abrió los ojos con dramatismo.

—¡Voy tarde!—Saltó de la cama como un resorte.

Yo apenas tuve tiempo de apartarme.

—Tranquila, todavía tenemos tiempo—la quise tranquilizar, pero la pequeña ya había desaparecido rumbo al vestidor.

Y así comenzó oficialmente mi mañana.

Treinta minutos después Olivia estaba completamente lista con su uniforme impecable, el cabello perfectamente peinado en una trenza de lado que me pidió que le hiciera y de verdad agradecí al cielo que en mi niñez me gustara tanto hacerle peinados a mis muñecas, porque de otro modo todo hubiera resultado desastroso.

Con la mochila en mis manos lista para entregársela la observé y pude notar esa gran energía que parecía suficiente para alimentar una ciudad pequeña.

Bajamos juntas al comedor ella hablaba sin parar sobre un sueño que tuvo de un unicornio rosa y la tierra de algodón de azúcar, yo hice lo que pude en mantener mi atención porque a decir verdad me distraje apenas pasamos el umbral del comedor, ya que mi jefe, o sea su padre estaba allí. Sentado en la cabecera de la mesa con una taza de café que descansaba junto a él mientras revisaba algo en su teléfono.

Su expresión era seria, muy concentrada con el ceño ligeramente fruncido y que rayos... ¿Mi corazón estaba latiendo a un ritmo más rápido?

"Comienzo a pensar que estoy teniendo ataques de pánico o sufro una crisis nerviosa"

Pensé buscando alguna explicación a mis emociones descontroladas. Olivia entró corriendo apenas vio a su padre y lo abrazó mientras decía:

—¡Buenos días, papá!

Aiden levantó la vista y ocurrió algo curioso. Toda aquella seriedad desapareció, no por completo, pero sí lo suficiente para que una tenue sonrisa apareciera en su rostro.

Además, un brillo cálido iluminó sus ojos grises y de nuevo ahí estaba ese pálpito extraño de mi pecho que al parecer ya se había hecho costumbre.

Aparté la mirada casi de inmediato.

—Buenos días, princesa—contestó posando un beso en su coronilla. Olivia sonrió satisfecha y yo me acerqué despacio deseando ser invisible.

Pero desafortunadamente, no lo era así que tuve que saludar.

—Buenos días, señor Blackwood—expresé mientras tomaba asiento. La niña frunció el ceño inmediatamente.

—¿Por qué le dices señor a mi papá?—cuestionó con una ceja arriba. Abrí la boca para responder, pero mi jefe se adelantó

—Porque es lo apropiado—explicó en palabras las simples, pero por supuesto que su hija no se quedaría solo con eso, ella quería respuestas más concretas que fueran analizadas por su pequeña cabecita pensadora. Pude notar en su rostro la seriedad y finalmente declaró:




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