Pobre niño
que a su cuerpo castigaba.
Niño que deseaba cortarse las alas
por los pensamientos que lo sobrepasaban.
Pobre niño
que tan solo ansiaba tranquilidad,
pero que, aun así, jamás encontraba paz.
—¿Qué te da tanto pesar, niño?
Tal vez su solución sea estallar,
escupir todo aquello que tiene para contar,
pero está demasiado asustado para hablar.
Asustado por las consecuencias de confesar
y por lo que podría llegar a pasar.
El pobre niño guarda sus penas
con el sueño de algún día
poderlas soltar.