La Noche En El Hueco

Capítulo 1: La primera noche

Nadie en el pueblo recuerda el día exacto en que apareció el Hueco, pero todos coinciden en algo: no estaba allí antes.

Los registros municipales hablan de una temporada de lluvias intensas, fuera de lo habitual, ocurrida a finales de los años noventa. Durante semanas, el suelo no llegó a secarse del todo. La tierra absorbía el agua como una esponja saturada, y aun así seguía lloviendo. Los caminos de acceso quedaron parcialmente intransitables. Algunas casas cercanas al bosque reportaron pequeños deslizamientos, grietas en los patios, cercas torcidas. Nada grave. Nada que justificara una evacuación.

Hasta esa noche.

Fue un martes. Eso sí quedó registrado. El reporte de emergencias número 0173/98 fue recibido a las 02:41 de la madrugada. Un vecino alertó sobre un "ruido profundo", descrito como un golpe seco seguido de un temblor breve. No hubo explosión. No hubo incendio. Cuando los primeros curiosos se acercaron a la zona boscosa al amanecer, encontraron algo que no sabían cómo nombrar.

El terreno había cedido.

No era un cráter perfecto ni un derrumbe común. Era una abertura irregular, oscura, rodeada de raíces arrancadas y tierra húmeda. El aire que salía de allí abajo era frío, incluso en pleno verano. Nadie se acercó demasiado al borde. No por miedo inmediato, sino por una sensación difícil de explicar: el suelo parecía inestable, como si pudiera volver a ceder en cualquier momento.

Alguien dijo la palabra hueco.

Y así quedó.

Las autoridades locales llegaron horas después. Tomaron fotografías, midieron la profundidad con equipos básicos y marcaron la zona con cinta amarilla. El informe preliminar hablaba de una cavidad natural causada por la erosión y el exceso de agua. Se recomendó mantener distancia. Nada más. No se ordenó cerrar el acceso al bosque. No se colocaron vallas permanentes.

Esa misma tarde, un grupo de jóvenes se acercó por curiosidad. Entre ellos estaba Evan Carter, de diecisiete años.

Evan no era imprudente. No bebía. No buscaba problemas. Había crecido en ese bosque, lo conocía mejor que muchos adultos. Por eso, cuando se inclinó apenas sobre el borde para mirar hacia abajo, nadie pensó que fuera peligroso.

El suelo cedió sin previo aviso.

No fue una caída larga. Eso se supo después. Evan no desapareció de inmediato en la oscuridad. Primero gritó. Un grito breve, sorprendido. Luego el sonido de ramas rompiéndose. Después, silencio.

Los demás corrieron a pedir ayuda.

La búsqueda comenzó esa misma noche. Bajaron cuerdas, gritaron su nombre, iluminaron el interior con linternas potentes. No hubo respuesta. El Hueco parecía absorber la luz. A los pocos metros, la visibilidad se volvía inútil. El aire era pesado. Algunos aseguraron haber escuchado movimientos más abajo, pero no pudieron confirmarlo.

A las 04:12, la búsqueda fue suspendida por "condiciones inseguras".

Evan Carter pasó la noche en el Hueco.

Eso no figura en el informe oficial.

Lo que sí figura es que fue hallado con vida a las 13:27 del día siguiente, a unos metros del punto de caída, cubierto de tierra, con signos de deshidratación, hipotermia leve y un estado de confusión severa. Fue trasladado al centro médico más cercano. El parte médico indica que el paciente repetía una frase incoherente y se negaba a explicar cómo había salido.

Tres días después, Evan desapareció del hospital.

El caso fue cerrado como fuga voluntaria.

Ese fue el comienzo.



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En el texto hay: miedo, terror, desaparacion

Editado: 12.01.2026

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