La Noche En El Hueco

Capítulo 3: La noche que no termina (parte 4)

El ascenso no fue inmediato.

El Hueco no expulsaba. Permitía.

Samuel y Ruth avanzaron siguiendo la corriente de aire que apenas se sentía, como un susurro que no quería ser escuchado. La cuerda seguía allí, pero no estaba donde la habían dejado. No colgaba recta. Parecía tensada desde un ángulo distinto, como si el punto de salida hubiera cambiado de lugar.

—No mires atrás —dijo Ruth—. Si lo haces, reajusta.

Samuel obedeció. Cada paso era una negociación silenciosa con el espacio. El suelo no se oponía, pero tampoco ayudaba. Subían porque el Hueco ya había obtenido lo que quería.

A mitad del ascenso, Samuel sintió el primer efecto real.

No fue mareo.

No fue dolor.

Fue vacío.

Un hueco interno, preciso, donde antes había una presión constante. Samuel tardó varios segundos en identificarlo. Durante años, incluso cuando no pensaba en Evan, algo dentro de él estaba tenso, atento, orientado hacia esa ausencia. Ahora no.

No había alivio.

No había tristeza.

Solo un silencio limpio.

—¿Lo sientes? —preguntó Ruth, sin mirarlo.

Samuel asintió.

—Eso es lo que se queda —dijo ella—. No lo notas como una pérdida… hasta después.

La salida apareció sin anuncio. De pronto, la oscuridad cedió y una franja pálida de cielo se abrió sobre ellos. No era amanecer todavía. Era ese momento previo en que la noche empieza a retirarse sin hacer ruido.

Cuando Samuel emergió, el aire exterior le golpeó los pulmones con una violencia inesperada. Cayó de rodillas, respirando con dificultad. Ruth salió detrás de él y, sin decir nada, se sentó a su lado.

El bosque estaba inmóvil.

Demasiado.

—No grites —dijo Ruth—. Todavía estamos dentro, aunque hayamos salido.

Samuel levantó la vista. El Hueco seguía ahí, igual que siempre. Oscuro. Silencioso. Inofensivo a simple vista.

—¿Terminó? —preguntó.

Ruth negó lentamente.

—Nunca termina —respondió—. Solo cambia de forma.

El primer signo físico apareció minutos después.

Samuel sintió un cosquilleo intenso en las manos. Luego, un entumecimiento que subía por los brazos. Observó sus palmas a la luz débil del amanecer incipiente. No había heridas nuevas. No había marcas visibles.

Pero la piel no reaccionaba igual al frío.

—¿Esto es normal? —preguntó.

—Depende de qué consideres normal ahora —respondió Ruth.

Caminaron de regreso al pueblo sin hablar. El bosque parecía más largo, más denso. Algunos sonidos habituales —aves, ramas, insectos— estaban ausentes. Otros eran demasiado nítidos, como si el oído de Samuel hubiera ajustado su rango.

Cuando llegaron al borde del camino, el sol comenzaba a asomar. El mundo seguía funcionando. Autos a lo lejos. Un perro ladrando. Todo parecía intacto.

Eso fue lo más inquietante.

En el motel, Samuel se miró al espejo por primera vez desde el descenso. No había cambios evidentes. El mismo rostro. Las mismas ojeras. Pero los ojos…

No parecían buscar nada.

Ruth se apoyó en la pared.

—A partir de ahora —dijo—, vas a notar tres cosas.

Samuel la observó en silencio.

—La primera: los espacios cerrados no te van a incomodar como antes. Al contrario. Vas a entenderlos.

Samuel recordó las palabras de Laura.

—La segunda —continuó Ruth—: vas a dejar de soñar con él. No porque lo olvides. Sino porque el vínculo ya no tira de ti.

Samuel tragó saliva.

—¿Y la tercera?

Ruth lo miró con una mezcla de compasión y firmeza.

—El Hueco va a reconocerte —dijo—. No como alguien que debe bajar… sino como alguien que ya dejó algo.

Samuel sintió un escalofrío.

—¿Eso qué significa?

—Que no va a insistir contigo —respondió—. Pero puede hacerlo con otros. Y tú vas a sentir cuándo ocurre.

El amanecer terminó de instalarse.

Samuel se sentó en la cama sin quitarse la ropa. El cansancio lo golpeó de golpe, como si su cuerpo hubiera esperado salir para colapsar. Cerró los ojos.

Por primera vez en años, pensó en Evan sin dolor.

Eso no le dio paz.

Le dio certeza.

El Hueco no se había llevado a su hermano.

Había aprendido de él.

Y ahora, había aprendido algo más.



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En el texto hay: miedo, terror, desaparacion

Editado: 13.01.2026

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