No había pegado ojo. Fui directo al trabajo y mi temor por estar en casa se había disparado. Tampoco quería ir a ningún lugar público porque a la vista estaba, todo el mundo podría ser un potencial poseído. El día pasaba tan pesado como si tuviese dos toneladas encima de mi pecho. Puede que exagerase, pero así me sentía. Todo pasó. Como pasa el tiempo cuando estamos astiados, cansados, malhumorados, dolidos: lento. Muy lento.
Llegada la hora de quedar con Juanjo fui al punto de encuentro. Allí estaba. Él y su esposa. Me acerqué a ellos y empezamos a entablar una conversación superflua que dio como resultado todo lo ocurrido.
Rosalie estaba al tanto de todo. No podía entender nada de cómo podía hacerlo, pero llegados a este punto me importaba bien poco ese tipo de aspectos. Estaba más preocupado en un ente psicópata que me quería a mí, y las mismas preguntas inundaban mi cabeza: ¿Por qué a mí? ¿Quién/Qué era ese "loquesea"?
Comenzamos a hablar. Me dispuse a oír todo lo que me estaba contando, aunque mi cara estaba cambiando. Lo notaba. Incredulidad y terror a partes iguales.
— Todo apuntaba a un demonio: Belial. Uno de los más poderosos que ha existido, uno de loa Príncipes del Infierno, amante de la guerra, gran maestro de la magia y alguien a quién no me gustaría tener de enemigo... —Rosalie pausó. Tomó aire y continuó— Este demonio está empezando su nueva cruzada contra la Corte Celestial, y en esta ocasión, está intentando llevarse a su terreno a todo ser humano posible, a toda alma... Su forma de atacar a Dios es creando caos y dolor en su Creación, y arrebatándole las mejores almas, las más puras. Ahí entras tú... Y tu familia. Como gran hechicero, tiene la capacidad de poseer personas y animales, vivos o muertos... También tiene una labia increíble. Podría venderle unas alas a un ángel, y eso es lo que está usando para robar almas, convencerlas a escondidas de los Ángeles, Arcángeles y de Dios, para que hagan lo que él quiere, jugando con sus anhelos y haciéndoles promesas que después suele cumplir a medias. No olvides que los demonios suelen ser muy mentorosos. Jamás van a querer perder, y mebos un alma para una empresa tan grande como la que se está forjando. Y continuando con tu mujer y tu hija, en efecto, puede hacer con ellas lo que quiera, porque él es el que ha hecho posible que puedan venir a despedirse, él es quién ha logrado crear ese túnel, ocultándolo a los seres de luz, e igual que lo ha creado, puede destruirlo, y también en ese tramo, las almas de tu mujer y tu hija son totalmente vulnerables y puede hacer con ellas lo que quiera. Recuerda ésto: la materia nunca se destruye, sino que cambia, y los demonios poderosos, juntos a Dios y Ángeles y Arcángeles poderosos son los únicos que podrían destruir esa energía transformada, pero a ninguno les conviene, porque todo forma parte de la Creación, y se ayudan de esa energía. En caso de los Seres de Luz, para cuidarla, guiarla y en un futuro, reunir nuevamente a todas las energías que han convivido en ese plano existencial y reenviarlas hasta que aprendan aquello que deben de aprender. Lo llamamos reencarnación, y así hasta que una vez aprendido todo el conocimiento, trasmuten totalmente hacia el todo. Diremos que es un estado absoluto, máximo. Sin embargo, los demonios usan esa energía para burlarse, para seguir viviendo acorde al placer que les genera crear daño. ¿Recuerdas Monstruos S.A? —me preguntó retóricamente, muy seria— pues lo mismo les pasa a los demonios. Viven por y para el sufrimiento. Les da placer torturar a las almas, a las personas, a los ángeles que consiguen capturar... Todo por hacer daño a Dios.
Me quedé totalmente atónito. De nuevo mi mente me había dejado vulnerable, no sabía qué pensar. Nuevamente el pensamiento de que todo ésto parecía un sueño. Una parálisis del sueño. La clase de demonología, esoterismo y espiritualidad había estado muy bien, pero para mí era todo demasiado nuevo.
— Vale, ¿qué podemos hacer? Tengo fecha de caducidad, y mi familia también, por lo que, ¿cómo podemos ganarle a ese cabrón? —Dije envalentonado. Nada ni nadie iba a hacerle daño a mi familia, y mucho un demonio o ser con aires de superioridad. Sabía lo que me estaba jugando, lo era todo. ¿Pasarme el resto de mi existencia espiritual en el infierno... Tenía mala pinta, pero lo prefería antes que el resultado fuese ese mismo pero con mi familia. Si tenía que ser, que fuese yo. Lo tenía claro.
21:58
Vuelta a casa.
El trayecto había pasado sin pena ni gloria. El sonido sordo del coche sobre el asfalto camino a casa y el programa que me acompañaba últimamente eran lo único que hablaba. ¿Y nosotros? Estábamos cada uno siendo reyes de nuestro silencio. Sabíamos que lo que nos esperaba al llegar a casa podría marcar un antes y un después para mi vida y la de mi familia. Pero también para Juanjo y Rosalie.
Al llegar Juanjo y Rosalie comenzaron a preparar toda la casa para que fuese una burbuja. Querían sellar todo para que ningún ente pudiese salir de la casa. Para ello comenzaron a dibujar unos símbolos en las puertas y ventanas y usaban unos inciensos muy extraños mientras repetían en voz baja unas palabras que no lograba entender.
Mientras tanto, opté por ir a la habitación de la Creatividad. Me quedé allí, de pie, en mitad de la habitación, mientras el silencio se volvía tan denso que casi podía tocarlo con las yemas de los dedos. Miré a mi alrededor, a las paredes que tantas veces habían sido testigos de nuestras risas, de los ensayos de guitarra de Bella y de los silencios productivos de María frente al lienzo. Todo parecía igual, pero a la vez, todo se sentía extrañamente ajeno, como si los objetos supieran que yo ya no pertenecía del todo a este mundo.
— Sé que estás aquí —dije, y mi propia voz me resultó extraña, como si viniera de muy lejos—. No hace falta que te escondas más.
El aire se volvió gélido de repente. Todo estaba cerrado pero un frío aparecía de la nada. Un frío seco, antiguo, que parecía nacer del mismo suelo. El espejo de marco barroco que coronaba el piano empezó a ondularse. Mi reflejo, aquel que cada mañana me devolvía la imagen de un hombre cansado pero honrado, empezó a distorsionarse hasta que solo quedaron esos dos puntos amarillos, sádicos, brillando en la penumbra.