La Novela de los Tres Años

Capítulo 13 ¿La Muerte?

Ahora solo la muerte podría detener lo desquiciada, lo paranoica, y totalmente lo loca que soy. Decidida y sometiéndome a las consecuencias que me esperasen por todo lo que había cometido en un día, deambulé, optando confiar en mí y solamente en mí, la confianza sólo podía tenérmela yo, mas nunca confiaría en nadie, había cometido ese error y había aprendido la lección. Sabía que el pasado siempre me perseguiría y no le temía, esta vez yo escribiría mi destino, trazaría mi rumbo y elegiría la muerte antes que todo.

  Fatigada, mareada y exhausta me derrumbé a un lado del pavimento, no podía seguir caminando, las piernas me temblaban al intentar pararme, desde que salí de aquel loquero recorrí más de cinco kilómetros sin ver señales de civilización, anduve colina abajo y dude, cuestionando las acciones que había hecho durante toda mi existencia; la noche ya llegaba y no podía dar un paso sin caer al suelo, me arrastré por el césped a cuatro patas en busca de un refugio o de algún sitio donde esconderme del frío arrebatador. A unos siete metros de distancia un mango me brindo apenas cobijo, al acostarme y taparme con su tronco en dirección de que el viento no me tocara, dormí cubriéndome las manos con la chaqueta y abrigándome el cuerpo lo mejor que pude con ella.

 

 

Negro, simplemente negro  es lo que me rodea, debe ser la oscuridad de la noche, de la nada, muevo de un lado a otro la cabeza, estoy despistada, no sé en donde estoy, siento mi espalda apoyada al árbol, me levanto soñolienta por no haber descansado lo suficiente y no hay nada, todo es lóbrego, de repente en el fondo observo como un pequeño brillo como si lo iluminaran de vez en cuando sale un mínimo rayo fugazmente, camino atientas por la negrura que me rodea, y descubro que el mínimo rayo de luz que veía desde la lejanía era el de un espejo, puedo verme completamente de pies a cabeza, las voces se adueñan de mi cabeza pero son tan ignoradas que levemente escucho las incoherencias que dicen, pongo toda mi atención en mirarme en ese espejo, puedo verme con tanta nitidez que me asombra, ya que no hay una sola luz que permita que mi reflejo sea tan claro y límpido. Rápidamente mientras más tiempo duro enfrente del espejo mi cuerpo empieza a transformarse: el color de mi cabello vuelve con tanta vives que deslumbra lo rojizo y las ondas se hacen perfectas, mis mejillas se hinchan y aparece el sonrosado del rubor encima de mis pecas dándole a mi rostro una perfecta cara de muñeca de porcelana, reaparece mi tono de tez blanco y la palidez escalofriante desaparece, la delgadez empieza a desvanecerse delante de mis ojos y el cuerpo poco a poco se transforma en el de otra persona, los pechos se agrandan, las caderas se ensancha y una cintura minúscula aparece en mí, pero lo que hace que fije con deteniendo la mirada por más tiempo en ese espejo es ver cómo cambian de color mis irises, que de un gris tan brillante se transforman en el violeta más vivo e intenso que haya visto. Además mi ropa se esfuma y de la nada llevo puesto un patético vestido azul con lunares blancos y un listón en la cintura. Prácticamente me he transformado en una muñeca de porcelana viviente. La sangre me cuece por todo el cuerpo, y un dolor indescriptible me recorre las venas del antebrazo derecho, miro el brazo en el espejo, lo giro un poco y las venas se han brotado exageradamente marcándose con exactitud la palabra Muerte, no me inmuto porque permanezco anonadada con la transformación que me ha mostrado ese espejo. Para asegurarme de que no es una ilusión o un sueño cierro los ojos por unos segundos y los reabro, la negrura, la oscuridad hasta mi transformación se ha desvanecido, sólo era un sueño, despierto y ese sueño ha marcado una diferencia, el poder que tengo es a través de mis ojos, son ellos lo que controlan el poder…

  Pensar mientras veo el sol levantarse y buscar una ubicación de donde podría estar me recuerda que he robado el celular de la encargada, registro cada uno de los bolsillos de la chaqueta y lo hallo. Lo tengo en mis manos y no sé porqué vacilo en usarlo, lo robé justamente por un motivo principal, además de usarlo con otras intenciones. El celular es un modelo de los más actuales, en tecnología debe ser uno de los mejores, sin dudarlo por más tiempo lo enciendo, busco el GPS para poder tener una ubicación, y al entrar en la aplicación por fin mi pregunta tiene respuesta, estoy muy lejos de caracas pero aún sigo en Venezuela, lo que confirma que estaba en lo cierto con mi teoría al pensar que por mis antecedentes no me dejarían salir del país; específicamente no conozco esta zona, y lo que veo a través de la pantalla del celular es: Edo. Táchira, cuando con los dedos intento acercarme más al punto de ubicación la batería se agota y el teléfono se apaga. Me da un ataque de ira y maldigo con furor todo lo que me rodea, todo lo que he vivido, lanzando con rabia el teléfono; del silencio a un ruido de motor muy cerca de donde estoy pasa por la vía un automóvil, la paranoia me atrapa y trato de ocultarme temiendo que sea la policía, haciendo que olvide por completo lo que pensaba hacía segundos.

Desde entonces nunca volvería hacer la misma, y cada persona que me topase siempre moriría. Había asesinado a mis propios padres, mi abuela había muerto, el único familiar que quedaba en mi vida era mi tío, y para mí y hasta para su familia no existía, él estaba loco, verdaderamente loco, el alzhéimer lo mantenía recluido en un ancianato, dónde escasamente mi madre lo visitaba una vez al año.

Intenté ser perfecta, traté siempre en mi vida de ser una hija ideal, intenté ser buena al igual que traté de disfrazar una vida de mierda. Yo nunca quise esto, nunca esperé matar y ahora no pararía, mataría y seguiría matando, nada me iba a detener, nadie me iba a decir que hacer y cómo hacerlo, esta vez ahora sería yo mi propio jefe.




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