La Novia del Billonario (#1)

Capítulo 13: Mansión Kane Junior

Justo en frente de la “casa” de Henry…

-No dejaste nada en mi auto, ¿verdad?-me preguntó Briane mientras cerraba el baúl de su auto.

-No… o eso creo.

Suspiré profundamente, pareciendo que hubiera dado un suspiro dramático. Este era el momento. Íbamos a entrar a aquella gran mansión frente a mí. Sí que era grande, obviando que estaba en donde la gente más rica de Los Ángeles vivía.

-Bien, entonces nos vemos después-apretó sus labios y yo la miré sin entenderle.

-¿Qué? ¿No vas a entrar conmigo?

-Oh, no, tengo una que otra cosa que hacerme cargo. Requieren de mi ayuda y soy la chica que lo hace todo, ¿no?

-Pero… ¿y entonces que…? ¿Qué es lo que haré?-empecé a hiperventilar. ¿Qué iba a hacer yo sin la ayuda de Briane?

Me miró como si fuera algo de otro mundo.

-Solo tienes que tocar el timbre. Así de simple.-me hubiera reído, pero sí que estaba nerviosa.

-Oh, sí, claro-respiré profundo y me despedí de la pelirroja. Caminé con mis manos a mis costados y toqué el timbre. Mordí mi labio mientras mi corazón latía enloquecido en mi pecho.

¿Te puedes calmar, por favor?

Justo en ese momento Henry abrió la puerta. Lo observé, él me observó.

Llevaba unos pantalones grises de deporte y una simple camiseta blanca. Olía exquisitamente bien a... a… ¿jabón de hombre rico?

Aclaró su garganta y me saludó cordialmente y me invitó a entrar. Jalé mi maleta morada y la puse al lado de la puerta cuando ya estaba dentro. Él empezó a hablarme como un agente de bienes raíces a alguien que pensaba comprar una casa. 

Mientras me mostraba cada rincón de su gigantesca mansión, cuando entramos al baño no pude dejar de imaginarlo en la bañera.

¡Demonios! ¡¿Pero en qué estaba pensando?! Ya estaba quedando loca.

La imagen no desapareció de mi cabeza mientras paramos el “house tour” al que apenas pude prestar atención.

-¿Lucia? ¿Me estás escuchando?-sacudí mi cabeza y lo miré. Me observaba atentamente con su ceño fruncido.

-¡Claro!-aclaré mi garganta cuando mi voz salió como un chillido.-Claro.

-Te estaba diciendo que tu habitación está justo a la segunda puerta derecha del corredor-me hablaba de manera tan formal que no entendía porque no me trataba como lo hizo en la tarde. ¿Acaso sabía lo de Jason?

Y que con eso, ni siquiera somos nada.

Pero ni siquiera me saludó como lo hacía habitualmente.

-¿Ninguna bienvenida a tu casa?-le pregunté mientras le sonreía inquisitiva.

-No hay necesidad de ello. No hay paparazzis aquí-abrí mi boca y luego la cerré. Fruncí mi ceño e hice una mueca.

-Ah sí, cierto-…lo hacía todo por el público. Lo había olvidado.  Por lo menos hice que la atmósfera a nuestro alrededor se calmara un poco. –Iré a mi habitación-no esperé a que dijera nada más y fui a donde me dijo que se encontraba mi nueva habitación. La que estaba en la segunda puerta derecha del corredor.

Cuando la abrí me sorprendí ante todo. Parecía una habitación de un hotel de cinco estrellas. La cama era inmensa. Las paredes eran de mármol blanco y gris. Todo en ella era elegante. Toda la mansión en sí era elegante.

Mientras guardaba mis cosas en un armario, con un olor a madera que no olía para nada mal, me sentía como si estuviera viviendo en un cuento de hadas. Cuando en realidad, era todo lo contrario.

 Me cambié a algo más cómodo, una camisa rosa con estampado de leopardo y unas licras negras. Me recosté en la cama de tamaño gigante en la cual dormiría toda una manzana, mejor no exageraba. Tomé mi teléfono y lo primero que hice fue escribirle a mi nueva amiga la pelirroja de ojos zarcos.

Briane:

“¡Este lugar es gigantesco!”

“Ni siquiera sé dónde queda cada habitación.”

“Tienes que aplaudirme porque estuve averiguando muchas cosas por si esto pasaba y encontré los planes de los lugares de las dos plantas de la mansión del pequeño de los Kane.”

“¿A que soy la mejor?”

“Lo confirmo. ¡Gracias!”

“No hay de que, novia del billonario ;)”

Al momento me llegaron dos archivos. Abrí ambos y tuve una gran sorpresa. En el segundo piso había un gimnasio improvisado y muchas más habitaciones. Abrí el archivo del primer piso y me encontré con una grata sorpresa. ¡Tenía una piscina!

Desde pequeña estuve en clases de natación, la mejor de la clase para decir verdad, pero tuve que dejarlo cuando mamá enfermó. No teníamos mucho dinero para pagarme la mejor escuela y peor para estar en clases de natación adicionales.

Tuve ganas de entrar en el agua de la piscina de una persona rica así que me levanté de la cama para poder preguntarle a Henry. Después de haber tenido un largo y no tan buen día, estaba bien que me relajara un poco y fuera yo con el agua.

Salí de la habitación y busqué a Henry y lo encontré en uno de los sofás negros de su sala de estar mientras usaba su teléfono.

-Oye, Henry…-llamé su atención y él me miró.

-¿Si?-volvió la vista a su celular y tecleó algo.

-¿Está bien si uso la piscina?-di que sí, por favor. Solo dilo.

-Claro.

-Increíble, iré a cambiarme-no dijo nada más. Creí que ni siquiera me escuchaba pero no me importó. No iba a dejar de sentirme como aquella niña que le gustaba nadar.

Ahora no me gustaba, lo hacía de vez en cuando porque me di cuenta que ayudaba a que mis piernas no estuvieran tan delgaduchas. El problema eran mis pechos. Eran… grandes, no exageradamente pero si me hacían sentir  un poco incómoda cuando nadaba muy rápido…, también a diario. No sabía el porqué. Pero sabía que no era la única.

Me puse un traje de dos piezas verde esmeralda y me amarré mi cabello castaño en un moño perfecto. Tomé mi propia toalla y me dirigí hasta donde estaba la piscina. Primero decidí sentarme en una de las tumbonas. Decidí escribirle a papá para ver si por fin me decía como estaba.  Le escribí y no le llamé, no estaba segura si alguien me escuchaba. Y de alguien hablaba de Henry.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.