La obsesión del mafioso

La Chica del Club

La música resonaba por todo el club. Las luces de colores iluminaban la pista de baile mientras decenas de personas reían, bailaban y disfrutaban de la noche.

Camila Abreu no solía frecuentar ese tipo de lugares.

De hecho, prefería pasar su tiempo leyendo un libro o viendo una película en casa. Pero aquella noche, después de insistirle durante semanas, su mejor amiga había conseguido convencerla de salir.

-Te prometo que será divertido —dijo su amiga mientras la arrastraba hacia una mesa.

—Si mañana estoy cansada, será tu culpa.

—Lo acepto.

Camila soltó una pequeña risa.

Llevaba un vestido sencillo, su cabello castaño caía sobre sus hombros y sus ojos verdes brillaban bajo las luces del local. Aun así, intentaba pasar desapercibida.

Lo que no sabía era que eso estaba a punto de ser imposible.

En una zona exclusiva del club, Alessandro De Luca observaba el lugar acompañado por varios amigos.

Era conocido por ser un empresario exitoso y reservado. Su presencia llamaba la atención sin que tuviera que hacer nada.

Sin embargo, aquella noche no estaba interesado en la música ni en la fiesta.

Hasta que la vio.

Entre toda la multitud, una joven llamó su atención.

Sino porque parecía completamente diferente al resto.

Mientras muchos buscaban ser el centro de atención, ella parecía incómoda con tantas miradas.

—¿Quién es? —preguntó Alessandro sin apartar la vista.

—No lo sé —respondió uno de sus amigos.

Camila se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y sonrió ante algo que dijo su amiga.

Fue una sonrisa sencilla.

Pero para Alessandro fue suficiente.

Por alguna razón, no pudo dejar de observarla.

—Estás mirando demasiado —comentó uno de sus amigos.

—Tal vez.

—¿La conoces?

—No

Y aquello era precisamente lo que despertaba su curiosidad.

—Lo siento mucho.

—No pasa nada.

Aquella voz grave hizo que levantara la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Por un instante, el ruido del club pareció desaparecer.

—Fue mi culpa —dijo Alessandro.

Camila se puso nerviosa de inmediato.

—No, yo no estaba mirando.

—Entonces ambos tenemos la culpa.

Ella sonrió tímidamente.

Hacía mucho tiempo que una simple sonrisa no lograba llamar tanto su atención.

—Soy Alessandro.

—Camila.

—Bonito nombre.

Las mejillas de Camila se tiñeron ligeramente de rojo.

Y sin saberlo, ambos acababan de iniciar una historia que cambiaría sus vidas para siempre.




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