Camila no pudo dormir aquella noche.
Las palabras de Alessandro seguían dando vueltas en su cabeza.
Y, por alguna razón, también recordaba la sensación de que alguien los había estado observando.
A la mañana siguiente intentó concentrarse en su trabajo, pero no lo consiguió.
Algo no estaba bien.
Mientras acomodaba unas tazas en la cafetería, una cliente habitual se acercó al mostrador.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, solo estoy un poco cansada.
—Pues tienes cara de estar preocupada.
Si tan solo supiera.
Horas después, cuando terminó su turno, salió del local y comenzó a caminar hacia su apartamento.
Pero al doblar una esquina, se detuvo.
Un automóvil negro estaba estacionado frente al edificio.
Y apoyado contra él estaba Alessandro.
—¿Ahora también apareces frente a mi casa?
—Qué recibimiento tan cálido.
—¿Cómo sabes dónde vivo?
Alessandro sonrio
—La ciudad no es tan grande.
—Eso no responde mi pregunta.
Por primera vez, él pareció quedarse sin palabras.
—Solo quería asegurarme de que llegaras bien.
Camila lo observó en silencio.
Aquello era extraño.
Muy extraño.
Pero antes de que pudiera responder, un vehículo pasó a gran velocidad por la calle.
Tan rápido que casi la golpeó.
Alessandro reaccionó de inmediato y la apartó del borde de la acera.
El automóvil desapareció sin detenerse
Camila quedó inmóvil.
—¿Viste eso? —preguntó.
—Sí
La expresión de Alessandro se volvió seria.
Demasiado seria.
—¿Qué sucede?.
—Nada
—No me mienta
Alessandro observó la calle vacía.
Algo en aquella situación no le gustaba.
—Camila, necesito que me prometas algo.
—¿Qué cosa?
—Si notas algo extraño, me lo dirás.
—¿Por qué?
—Por qué sí
—Esa tampoco es una respuesta.
Pero Alessandro no respondió.
Porque acababa de darse cuenta de algo inquietante.
Aquel automóvil no había pasado por casualidad.
Y por primera vez, temió que alguien más hubiera puesto los ojos sobre Camila.
Alguien que no tenía buenas intenciones.
Mientras tanto, desde un edificio cercano, una figura observaba la escena.
—Está más cerca de ella de lo que pensábamos —dijo una voz por teléfono.
La llamada terminó.
Y el verdadero peligro apenas comenzaba.
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Editado: 01.07.2026