La fotografía no salió de la mente de Camila en todo el día. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba aquellas palabras escritas al reverso: "Pronto nos veremos".
Intentó convencerse de que todo tenía una explicación, pero el miedo seguía creciendo.
Alessandro permaneció a su lado durante horas, haciendo llamadas y tratando de averiguar quién estaba detrás de todo aquello.
Sin embargo, nadie parecía tener respuestas.
Al caer la noche, decidió acompañarla hasta su apartamento.
El camino transcurrió en silencio. Camila observaba las luces de la ciudad por la ventana mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
Cuando llegaron al edificio, Alessandro insistió en acompañarla hasta la puerta.
—No tienes que hacerlo —dijo ella.
—Sí tengo que hacerlo. Antes de que Camila pudiera responder, algo llamó su atención.
Había una rosa roja apoyada frente a su puerta.
Su corazón se detuvo por un instante. Alessandro la vio al mismo tiempo.
Se acercó rápidamente y encontró una pequeña tarjeta escondida entre los pétalos.
La tomó y leyó el mensaje. Su expresión se volvió oscura de inmediato.
—¿Qué dice? —preguntó Camila.
Alessandro dudó unos segundos antes de entregarle la tarjeta.
Con manos temblorosas, ella leyó las palabras: "Cada día estás más cerca de mí". El miedo recorrió todo su cuerpo.
—¿Cómo pudo dejar esto aquí? —susurró.
Alessandro apretó la mandíbula. Aquello significaba que quien la vigilaba conocía su dirección y se estaba volviendo más atrevido.
De repente, el sonido de un teléfono rompió el silencio. No era el de Alessandro. Era el de Camila.
La pantalla mostraba un número desconocido. Ambos intercambiaron una mirada.
El teléfono siguió sonando. Finalmente, Camila respondió.
—¿Hola? Durante unos segundos solo escuchó silencio. Luego una voz masculina habló lentamente.
—Buenas noches, Camila. El miedo la paralizó.
—¿Quién eres? La voz soltó una pequeña risa.
—Alguien que ha esperado mucho tiempo para encontrarte. La llamada se cortó.
Camila quedó inmóvil con el teléfono en la mano. Alessandro tomó el aparato y observó la pantalla.
Aunque intentó mantener la calma, sabía que aquello acababa de empeorar.
Porque quien los estaba observando ya no se escondía. Ahora estaba listo para acercarse.
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Editado: 01.07.2026