Después de la llamada, Camila sintió que el mundo a su alrededor se volvía más pequeño. Ya no era solo una fotografía o una nota anónima; ahora alguien conocía su número, su dirección y parecía saber cada uno de sus movimientos.
Alessandro la observó con preocupación. Nunca la había visto tan asustada.
—No vas a quedarte sola esta noche —dijo con firmeza. Camila quiso protestar, pero en el fondo sabía que tenía miedo.
Horas más tarde, ambos se encontraban en una casa alejada del centro de la ciudad, un lugar seguro que Alessandro utilizaba cuando necesitaba privacidad.
Camila permanecía sentada junto a una ventana observando la oscuridad exterior mientras intentaba entender todo lo que estaba ocurriendo.
—Todo esto es por mi culpa —murmuró Alessandro. Ella levantó la vista sorprendida.
—¿Qué quieres decir? Alessandro tardó unos segundos en responder.
—Creo que quien te busca no llegó a ti por casualidad. Camila sintió un escalofrío.
—¿Entonces me están siguiendo por tu culpa? Alessandro bajó la mirada y no respondió.
Antes de que pudieran continuar la conversación, una alarma comenzó a sonar en algún lugar de la casa.
Alessandro se puso de pie inmediatamente y su expresión cambió por completo.
—Quédate aquí —ordenó. —¿Qué está pasando? —preguntó Camila.
—No lo sé, pero no salgas de esta habitación.
En ese momento, unos pasos apresurados resonaron por el pasillo y uno de los hombres de confianza de Alessandro apareció en la puerta.
Su rostro estaba pálido. —Jefe... tenemos un problema.
—Habla. —Alguien entró en la propiedad. El corazón de Camila se aceleró de inmediato.
Alessandro dirigió una mirada hacia ella y, por primera vez, ambos comprendieron que el peligro ya no estaba lejos.
Había llegado hasta ellos, y esa noche apenas estaba comenzando.
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Editado: 01.07.2026