La Obsesión del Monstruo 2

Capítulo#11 T2 Será humano o un demonio.

Capítulo 11 Será humano o un demonio.

 

Esos 3 largos días de espera fueron difíciles para las jóvenes por la gran incertidumbre, la ansiedad y el temor... Lucifer llegó a la mansión de las hermanas al cumplirse el mes, manteniendo su promesa; pero no solo estaba Ariete en la habitación, sino que había alguien más esperando por él. Era la hermana mayor de su mujer, Ariadna; tal cómo dijo, esperó al hombre que había perjudicado la pureza de su querida hermanita pequeña.

—¿Eres tú el atrevido galán, que le gusta colarse a escondidas a la habitación de las jóvenes inocentes.

Lucifer la miró con sorpresa, nunca antes nadie se había atrevido a hablarle en ese tono de reprimenda.  

—¿Qué hace ella aquí? —optó por interrogar a Ariete.

—Ella es mi hermana mayor —le informó nerviosa, jugando con sus dedos inquietos, a la altura de su abdomen y sin atreverse a mirarlo directamente a la cara.

No era la respuesta que quería escuchar Lucifer. Estaba molesto con la presencia de la desconocida. Tenía cada vez menos tiempo para estar con su amada y alguien osaba robarles tiempo preciado; era algo que no podía tolerar. Su estado de salud era cuestionable, se encontraba debilitado por cada ida a la tierra y estaba llegando el momento en que debía desistir o perecer en el intento.

—Sí, soy su hermana mayor, me llamo Ariadna; espero que pueda presentarse correctamente, como haría un verdadero caballero —exigió por un nombre con educación y estilo propio, ella no era tan ingenua como su hermana menor.

Lucifer no podía controlar su impaciencia y su mal carácter por mucho tiempo; lo único que lo detenía de reaccionar como de costumbre era su amada, no quería causarle una mala impresión.

—Me llamo Lucifer —reveló.

—Ese es un nombre maldito, entiendo porqué no lo dice con facilidad.

Ariete lo miró sorprendida sin decir ninguna palabra, jamás imaginó que el hombre que amaba podría llamarse de ese modo. Su familia siempre fue muy religiosa y ella siguió las creencias de sus progenitores.

—Tus padres seguramente no eran cristianos para darte ese nombre...

Se detuvo por no decir palabras inapropiadas, después de todo ese hombre iba a ser el padre de su sobrino. «Un nombre es solo eso, algo propio que sirve para nombrar a las personas y diferenciarlas de las demás.», pensó.

—Posiblemente —contestó parco, el hijo desterrado de Dios.

—Pero eso es lo menos importante en este momento. Hay un asunto muy urgente que tenemos que discutir.

Lucifer miró a la mujer imponente y autoritaria a pesar de su baja estatura. Sintió curiosidad por esta humana, capaz de hacer que sintiera respeto.

—¿Qué tenemos que discutir? —terminó por aceptar su presencia, la dejaría hablar.

—El embarazo de Ariete —contó sin rodeos.

Esa respuesta sí que lo desconcertó. No esperaba que pudiera plantar su semilla en una humana.

—¡Embarazada? —repitió estupefacto.

—¿No lo sabías? —Ariadna imaginó que él tenía conocimiento del asunto.

—No, claro que no lo sabía.

Lucifer miró a su amada con los sentimientos encontrados, no era capaz de decidir si era una noticia para celebrar o todo lo contrario. En ese momento recordó las reglas impuestas por su padre en lo referente a esas dos razas tan diferentes. Eran normas que solo conocían los demonios, lo encontraba injusto, su amada creación mortal contaban con prioridad en todo, así lo vió siempre; aunque en este momento no le daba mayor importancia. Desde que se relacionó con Ariete su modo de pensar y de ver las cosas habían dado un cambio radical.

Los demonios tenían estrictamente prohibido relaciones de cualquier índole con los humanos. Hubo un tiempo en que el mundo se vio amenazado por esa razón, nacieron híbridos gigantes de esa unión entre humanos y demonios, pero esa época había pasado hacía demasiado tiempo, la mayoría se extinguió y los restantes estaban viviendo en el infierno. Nada bueno le esperaba a Ariete al traer a un híbrido al mundo y sería un destino aún peor para la criatura que llevaba dentro, porque sería diferente a un mortal y estaría condenado a vivir en el mundo humano por todo un largo milenio.

—No fue mi intención ocultarlo, todavía no estaba segura el mes anterior cuando viniste, decidí esperar hasta estar segura —se apresuró a aclarar ella, porque pensó que él estaba molesto por eso.

Lucifer miró su vientre y su redondez apenas delineada le confirmó las palabras de las hermanas. Agudizó la audición y pudo escuchar claramente los latidos del pequeño corazón, se emocionó; pero no supo si alegrarse o lamentarlo.

—Tienes que casarte con Ariete y asumir tu responsabilidad de padre —exigió Ariadna sin perder el tiempo. No podía permitir que su hermana asumiera sola la maternidad, ese niño había sido concebido por dos personas; eran sus pensamientos.

Lucifer quedó petrificado, su mujer estaba esperando un hijo suyo y justo cuando él estaba pensando en separarse de ella. No le quedaban fuerzas para volver a la Tierra, en esta última oportunidad le había costado demasiado esfuerzo traspasar la barrera. Temía que para la próxima no pudiera hacerlo por más que se esforzara y de lograrlo terminaría muriendo en la Tierra. Estaba demasiado debilitado y había empezado a descuidar el infierno, eso era lo peor, su labor era de vital importancia para la subsistencias del mundo humano y del propio, si se descuidaba podría traer consecuencias catastróficas. El equilibrio de retroalimentación de ambos mundos se estaba desmoronando por la imprudencia de amar a una humana y estar saltando de un mundo a otro sin medir las consecuencias.

«¿Cómo le digo que no se si podré regresar a la tierra de nuevo?», se preguntó en su mente. Tendría un hijo con la mujer que amaba y no podría estar con ellos, por primera vez Lucifer experimentó el inmenso dolor de un corazón roto. Se llevó la mano al pecho, sorprendido por esa intensa emoción dolorosa. Su corazón, antes, se podría comparar con una enorme roca: insensible, inmóvil y duro; pero desde que conoció a esa humana todo cambió, incluso estaba dispuesto a renunciar a su preciada inmortalidad por ella.




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