Nieary se dirigía a su casa, cargada de bultos llenos de vegetales, frutas, carne y frascos de condimentos. Se tambaleaba de un lado a otro debido al peso de los bagajes. Varios hombres pasaban cerca; pero ninguno tuvo la gentileza de ayudarla.
—Ay, que caballerosos —dijo con ironía.
El coronel Relio la vió a lo lejos y se acercó para auxiliarla.
—Muchas gracias.
—Oye, esto pesa.
—Lo sé; son muchas bolsas.
—¿A dónde vas?
—Allá —dijo, señalando con el dedo.
Ambos caminaron hasta la casa. Él subió las escaleras y le entregó las bolsas al pie de la puerta.
—Muchas gracias, eres muy amable.
—Por nada.
Unos guardias que patrullaban en la calle comenzaron a preguntar por él. Relio los oyó.
—Tengo que irme, estoy trabajando. Fue un placer, chao.
—Chao.
Nieary se quedó observándolo. Relio le devolvió la mirada mientras se alejaba.
—Ya llegué —anunció Nieary al abrir la puerta.
—¿Trajiste todo lo que te pedí? —preguntó Yiandre.
—Sí ¿y Diéder?
—Tuvo que salir.
—¿De nuevo? Pero si llegó hoy mismo.
—Eso mismo le dije yo; pero tú sabes cómo es él.
—Sí, sinceramente era mejor que hubiese venido hoy y no hace semanas cuando Tiéfor estuvo por aquí.
—Esa hubiese sido una buena oportunidad para que se reconciliaran.
—Creo que eso hubiera sido peor. Ellos no se agradan e incentivar una amistad forzada no es lo mejor. No tienen cinco años, son hombres adultos, cada cual que haga lo que quiera.
—Vaya, que hija tan madura tengo ¿cuándo te volviste así?
—Estoy en lo cierto y en el fondo lo sabes.
—Puede ser; pero aún así me gustarían que dejaran a un lado esa antipatía. Diéder es como uno más de nosotros. A veces siento que aunque lo sabe; realmente no lo ha interiorizado.
—Humm…hablando de lazos de familia ¿tú nunca vas a decirme quién es mi padre?
—Nieary, ese asunto está cerrado, te dije que no me volvieras a hablar de eso.
—Eso no es justo, ¿pretendes dejarme toda la vida con la duda de quién es mi padre? Tengo derecho a saber.
—¿Qué es lo que hay que saber?, ¿que tu padre sí supo que estaba embarazada y cuando se enteró no te reconoció?, ¿eso es lo que tanto te mueres por saber? Pues eso ya lo sabes, historia antigua…hay que seguir adelante.
—Para ti es muy fácil decirme que me mantenga al margen y que no haga nada.
—Aquí nada ha sido fácil, mi niña. Tuve que llevar el embarazo sola, con ayuda de tu abuela, quien fue mi único apoyo…tu padre no se interesó por ti en ningún momento.
—¿Y cómo puedo saber si realmente pasó eso? ¿cómo sé que no inventaste esa historia? A lo mejor sí te buscó y tú por rencor no dejaste que me viera.
—Yo no he inventado nada, esa es la verdad. No siento ni una mínima cosa por él, ni rencor ni nada…para mi él murió el día que decidió no reconocerte.
—¿Y quieres que yo lo deje morir también?
—Es lo mejor para ti. Soy tu madre y mi deber es protegerte ¿en serio quieres perder el tiempo tratando de saber sobre un hombre a quién jamás le interesaste, quien nunca se preocupó por ti? De haberlo hecho te hubiera buscado, ¿pero lo hizo? No, nunca. Cuando una persona está interesada por algo realmente, se esfuerza para conseguirlo…y más si se trata de un hijo.
—Humm, tú tienes una respuesta para todo, ¿no? Siempre negativa.
—Solo quiero protegerte de una decepción.
—Aún así, me estás quitando el poder de decidir, mamá. Ya no soy una niña, yo sé lo que me conviene.
—Eso crees tú…oye, no quiero continuar hablando de esto ¿bien?, se acabó. Ayúdame a preparar la comida para mañana, vamos.
—No.
Nieary se marchó a su cuarto. Estaba muy enfadada porque Yiandre la veía como una chica ingenua y no lo era. Realmente ella estaba más interesada en saber cual había sido la razón que tuvo su padre desconocido para abandonar a una mujer embarazada y perderse por el mundo para nunca más volver. No iba a permitir que esa situación quebrara su espíritu, no eres estúpida. Entendía los reproches de su madre. Estaba dolida y quería protegerla de ese sufrimiento, de tener que sentir tal cosa. En el fondo la comprendía, es decir, su madre le había dado una buena educación y se sentía orgullosa de ella por ser valiente, seguir adelante y arreglárselas sola; pero no iba a desistir, estaba dispuesta a llegar hasta el final…pero otro día, ese día ya había habido exaltación suficiente, lo intentaría en otra ocasión.
Aventurarse en territorios impredecibles de una magia desconocida imponía cuidado, respeto y temor. Aleyda lloraba, se quejaba, extrañaba. No quería estar allí, estar así, desenfocada y sin control. Era muy frustrante para ella. No sabía si acostumbrarse y resignarse ante su nueva realidad o seguir alimentando la esperanza de algún día regresar a casa. No había pasado ni un día desde que llegó a esa ciudad; pero le daba la sensación de que había pasado muchísimo más tiempo y que las horas se tornaban más largas y lentas. Enfrentar la situación parecía su única salida; pero le costaba considerarlo, aún procesaba toda la locura que estaba viviendo.
A kilómetros de allí el fugitivo más buscado en los últimos ocho años hacía acto de presencia. Si Gédmun solo supiera.
—Eso es, estaba convencido, mi instinto no falla, sabía que alguien así estaba por llegar —dijo Sorkol —. Por eso te dije que permanecieras escondido en ese lugar.
—Llevo trabajando para ti desde hace un tiempo; pero en concreto no me has dicho para qué me necesitas realmente.
—Tengo una tarea para ti. Necesito que secuestres a Aleyda y la traigas aquí; te pagaré bien.
—¿Secuestrarla?
—Sí, eso que oíste ¿qué?, ¿algún problema? Has hecho cosas peores ¿o se te olvidó cómo nos conocimos?
—No se me ha olvidado nada: un ladrón le robó a una anciana, simplemente eso.
—Sí, ladrón que mataste para quedarte con el dinero de la anciana, termina la frase, ¿o es que se lo devolviste? No, te lo quedaste para ti. Te admiro, no te juzgo, vas por lo que quieres sin importar nada, por eso te contraté, tienes sangre fría como yo.
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Editado: 10.02.2026