5 de septiembre de 1885
El albor comenzaba a postrarse sobre Cambridge, la conocida cuna de los eruditos formada por agujas góticas y gárgolas expectantes se empezaba a teñir de un color oro tan pronto los primeros rayos de sol bañaban a la extravagante ciudad; magnos carruajes transitaban las calles entre la vasta multitud de gente que portaba con elegancia trajes y vestidos de fina tela. Nadie se mostraba estupefacto ante los objetos que se elevaban hacia el cielo, colosales canoas surcaban entre las nubes, era el escenario perfecto, como si un cuento de hadas hubiese invadido la realidad.
Aproximadamente a unas cincuenta leguas de distancia se encontraba una modesta casa de estilo victoriano donde los primeros haces de luz traspasaban las cortinas, en alguno de los cuartos de la planta superior un despertador sonaba y con intentos torpes un joven trataba de apagarlo.
Tras haber sometido su persona a una larga ducha, el desconocido se situó ante el espejo, procurando someter la rebeldía figura de su cabellera. El cristal le devolvió la imagen de un muchacho de gran estatura, de cabellos castaños y oscuros como la tierra húmeda, con algunos lunares que ornaban discretamente su semblante. En sus ojos, de cálido tono avellana, reposaba una bondad apacible; siendo una de las cosas que más destacaba la leve asimetría de su sonrisa. Y a juzgar por su semblante apenas si sobrepasaba las dos décadas de edad.
-Así que ¿hoy es el gran día hijo? –fueron aquellas las primeras palabras que lo recibieron al traspasar el umbral del comedor
-¿Eh?, Así es padre, es este día –respondió de manera distraída a la vez que observaba la correspondencia- sin embargo aunque me he anticipado para este evento aún me es ajeno el sentimiento propio de la preparación puesto que por primera vez pasaré tanto tiempo alejado de mi hogar –añadió con pronteza al toparse con la mirada de su padre.
- Y aun así, lo único que habría de parecernos digno de asombro es la persistencia en remitir avisos por vía epistolar, en sustitución de los medios modernos como la computadora o el teléfono móvil –dijo Mrs. Scott,
-Pero aquello no algo de extrañar puesto que no nos referimos a cualquier universidad, nuestro muchacho pertenecerá a la prestigiosa casa de estudios de Cambridge –contestó Mr. Scott- La cual sigue rigiéndose mediante los valores tradicionales de Inglaterra, además he de recalcar que una carta vuelve la admisión un evento más íntimo, más personal e incluso más seguro.
-Me encuentro ante la tendencia de inclinarme por la idea de que sea más seguro, pese a que este tipo de medio haya perdido un poco de popularidad en los últimos años –intervino el muchacho, se le veía más animado pero sus ojos aun denotaban preocupación- además no podemos ignorar el último intento de ataque orquesta en contra de Mr. Tesla, incluso cuando esos sujetos jamás podrían vencerlo.
-Creo que es él quien no dejará de sorprendernos -añadió su padre.
-Espero todo salga bien- comentó el joven, sin dirigirse a nadie en particular
-Lo harás bien cariño –dijo su madre transmitiéndole palabras de aliento.
-Por supuesto que te irá extraordinariamente, estás a punto de formar parte de la mejor universidad en Reino Unido –Expresó el hombre con un tono que mostraba orgullo.
-Cierto, tienen razón, únicamente son los nervios del momento -apenado por ese dejo de debilidad rápidamente recobraba la compostura, justo en el instante que el timbre repicaba- he de partir, el carruaje me aguarda, pero pronto volveré.
-No nos apartes de tus pensamientos, que nosotros no lo haremos de los nuestros y recuerda que estarás a tan solo un par de días –sonrió su madre- aunque si bien sería de mayor facilidad si tan solo los autos aún se pudieran utilizar.
-Actualmente el combustible es sumamente costoso de fabricar, es por ello que únicamente es conveniente su uso en proyectos importantes –Intervino su descendiente.
-Es preciso señalar la crisis ambiental que provocó tan solo hace una década –le recordó su marido- sin contar el hecho de que solo la milicia se encuentra autorizada para el uso de esos vehículos.
-Sí, ya he comprendido vuestros argumentos, al menos ya no habremos de preocuparnos por el maltrato animal, Nikola ha sido bastante ingenioso al idear esas placas
-Sin duda Tesla es un hombre de talento inminente, nadie podría haber sido capaz de crear un dispositivo que redujera el peso de una tonelada a tan solo una décima parte de aquel peso, literalmente los jamelgos solo guían al carruaje, ya no cargan ni siquiera el peso del jinete –el muchacho fijó su mirada a su reloj- me encantaría quedarme a comentar los logros de mi héroe, pero es mi deber partir.
-Que tengas un buen viaje y cuídate mucho –lo despidió su madre con un beso
Era un hermoso carruaje carmesí hecho de fenonix fire (un metal tan liviano como la seda, pero resistente como el diamante) el que lo aguardaba en el exterior, se encontraba escoltado por un par de magníficos corceles, eran tan blancos como la nieve a excepción de un par de manchas color carbón.
—Buenos días, caballero. Todo se halla dispuesto para cuando tengáis a bien partir —manifestó el hombre, dibujando en sus labios una amplia sonrisa que mal ocultaba el cansancio de sus ojos, mientras abría la puerta.
Editado: 26.04.2026