““16 de febrero de 1881
Dentro del manto de sombras que ofrecía la noche se ocultaba un forastero, caminaba silenciosamente sobre los tejados de las casas, con una habilidad tan increíble que no tendría nada que envidiarle a la de un ninja, los faroles habían sido apagados hacía un par de horas, había elegido el momento perfecto para actuar, pues de no ser por las penumbras habría sido delatado por las migas de adobe que ante cada paso se desmoronaban.
Sin embargo, no todo obraba en favor de su suerte. Las constantes lluvias y la antigüedad de las viviendas desencadenaron en la podredumbre de las vigas, tan corrompidas como el alma del hombre que reina el inframundo. Bastó el menor peso para que cedieran; se quebraron como rama seca, sin resistencia alguna
-¡Maldita sea!
No tardó en hacerse presente el dolor, pero con una duración tan efímera como la de un pestañeo, debido al horror que ahora dominaba su mente, la imagen que tenía frente a sus ojos lo torturaba y era tan grande su temor que ni la máscara que portaba ocultaba sus expresiones, frente a él se encontraba el cadáver de un hombre que había tomado la decisión de terminar con su propia existencia, las señales que mostraba el cuerpo parecían indicar que no había pasado mucho desde que había fallecido, la mirada triste que él difunto bajo los escombros le dedicaba, sin duda alguna sería algo que el extraño jamás olvidaría.””
6 de septiembre de 1885 (Actualidad)
Vincent despertó temblando de los pies a la cabeza, se encontraba completamente empapado de sudor a causa de aquella pesadilla, aun cuando había sido un mal sueño lo sintió tan real que le fue imposible conciliar el sueño nuevamente.
La habitación aún se hallaba en penumbra y al consultar su reloj dio con la explicación, las manecillas le indicaron que apenas era la primera hora de aquel día, en vano trató con todas sus fuerzas de engañar a su cerebro para lograr dormir, pero solo había conseguido dar de vueltas en la cama, la una dio paso a las dos, abatido por su derrota finalmente se rindió por lo que tras un rato optó finalmente por dar un paseo. Siguiendo la práctica del misterioso hombre de su sueño, salió cautelosamente de la habitación, con ayuda de los ronquidos de Benjamín disfrazó cada paso.
Caminó durante un buen rato sin tener un rumbo fijo, sin embargo, con cada paso que daba tenía la sensación de saber hacia dónde se dirigía, incluso cuando no conocía ni tan solo un poco de la universidad, a unos instantes de haber empezado llegó a la cocina, decidido a aprovechar el viaje quiso prepararse un café, no sin antes inspeccionar todo el perímetro pues se encontraba en zona prohibida, el primer obstáculo apareció al notar que la puerta había sido cerrada bajo llave, cualquier otro hubiese desistido pero Vincent no era de los que se rendía al mínimo inconveniente, saltó por una pequeña rendija que conectaba a la cocina con el pasillo, en el momento que finalmente conseguía su cometido un nuevo problema apareció cuando estuvo a punto de probar su café, oía los pasos de alguien que se acercaba decididamente, él sabía que había alguien ahí. Abbadon no dudó entrar a la primera puerta que encontró, tras ella había lo que parecía una pequeña bodega, sabía con certeza que entrar no le garantizaría un escondite seguro, por lo que como medida extra tomo un viejo saco de patatas y se metió en él, parecía paranoico, quería asegurarse de que nadie lo encontrase así que se posicionó entre un par de grandes barriles.
-Los alumnos ya tienen suficiente libertad paseando por las noches como para que ahora también vengan a vaciar las cocinas –el hombre que acababa de entrar estaba claramente molesto.
-Tranquilízate Bill, tan solo se prepararon una taza de café –un joven con un tono despreocupado trató de tranquilizarlo.
-Puede que para ti no sea una falta grande, pero al restarle la importancia debida, puede que no sea el día de hoy, tal vez incluso ni el día siguiente pero algún día será una manzana y cuando decidamos normalizarlo será incluso un pastel completo -Tenía muy clara la postura que había adoptado- mira Charlie, será mejor que no te entretengas ni un momento más, ahora ve a revisar si no se llevaron alguna otra cosa.
La habitación fue iluminada de manera parcial a causa del resplandor de una linterna, Abbadon temía ser descubierto, parecía que así pasaría cuando el haz se postró sobre su posición no menos cinco segundos, pero al cabo de un momento Charlie desistió en el encargo, si bien unos cuantos segundos no parecen gran cosa para tales situaciones los hacen parecer una eternidad.
-Lo único que buscaba era un café, pero ya que me ha dado la idea no he de esperar a mañana para poderme llevar una manzana también, me llevaría un pastel de igual manera, pero prefiero evitar la indigestión– trató de imitar el tono Bill
La mañana aún se encontraba en su apogeo, faltaban al menos cuatro horas hasta el amanecer, era necesario que Abbadon háyase algo en qué ocupar su atención, continuó vagando por los pasillos, su soledad le hizo ver la majestuosidad del recinto a tan temprana hora, el castillo siempre se encontraba iluminado, aunque fuese de una tenue intensidad, la luz anaranjada de las velas que recaía sobre las paredes hacía juego con los múltiples tonos de los árboles. Aun cuando se encontraban bajo los dominios de la estación de otoño, el patio lucía de un hermoso tono verde, exceptuando el gris y negro que enarbolaban sus adornos, pero incluso en un ambiente tan agradable no fue sino la luz de un pequeño farol la que en verdad parecía quedarse con el protagonismo, desde una cercana terraza las llamas tintineantes crepitaban a la par que le ofrecían una historia, tal como si su intención fuese la de guiarlo a un tesoro.
Editado: 26.04.2026