-Oigan, los he estado buscando por todos lados –Samuel acababa de llegar- espera ¿Qué es lo que hacen? –la curiosidad lo invadió cuando observó a Eduard y a Vincent reclinados sobre la puerta.
-Digamos que Abbadon fue al salón de biología y ha tomado prestado un pequeño roedor y ahora este se encuentra paseando entre los calzoncillos de Benjamín –Ed contestó a la duda de su amigo
-Shhh, hagan el favor de callarse de una buena vez, me parece haber escuchado como la puerta del baño se abría.
-AHHHH –un gritó de miedo llegó hasta el pasillo- con un demonio, Vinceeeeeeeeeent te voy a matar.
El trío de amigos sabía que aquel grito era una señal inequívoca para huir, aunque no sería tarea sencilla hacerlo sobre un piso recién encerado. Apenas habían comenzado a correr cuando un golpe seco retumbó en el corredor. Samuel trastabilló y terminó desplomándose, lo que supuso un peligroso retraso en la fuga. Sus compañeros se apresuraron a ayudarlo a incorporarse justo en el preciso instante en que la puerta de la habitación se abría.
Abbadon quien sabía que sería el principal objetivo tomó la delantera y corrió tan rápido como sus piernas se lo permitían, conociendo a su amigo era consciente de que las escaleras retrasarían su huida, no perdería tiempo al deslizarse por el barandal hasta llegar al piso inferior, creía que a tal punto se hallaría solo, pero al voltear notó que sus amigos, cómplices de la travesura, lo habían seguido sin remedio. La mente maestra del crimen supuso que al doblar el pasillo el peligro finalizaría, no tardaría mucho en ser desmentido.
-Eres un Idiota, no hace falta explicarte el por qué –el muchacho de corta altura se abalanzo sobre su agresor, estaba claramente furioso- Además, ¿De dónde has robado a ese animal?
-Primero que nada, he de enfatizar que su nombre no es animal, responde al nombre de Camembert y como punto siguiente no lo he robado, únicamente ha sido un préstamo proveniente de la clase de biología, aunque sin hacerlo de conocimiento público -hizo un claro énfasis en la palabra préstamo- le guiñó un ojo como forma de burla.
-Cómo es siquiera eso posible, puesto que ni siquiera hemos tenido esa clase aún, de hecho, permíteme corregirme, no hemos tenido ni una sola.
-No busco presumir, pero poseo mis propios métodos –contestó apartándole la cara.
-Sabes, eso no me concierne –empezó a decir irritado- simplemente ve arriba y retira a tu amigo peludo de mi ropa interior.
-Prefiero rechazar cortésmente el ofrecimiento, se a ciencia cierta que tus ropas menores poseen un olor desagradable, aunque bajo tal razonamiento puede que sea esa la explicación del por qué Camembert se encontraba fascinado.
-No me provoques –pese a ser la víctima del ataque, luchaba por contener la risa a causa de la mofa de su amigo.
-Me parece que ha sido ya bastante largo el suplicio para ese pobre ratón, es momento de que vuelva a donde pertenece -intervino Samuel.
Abbadon finalmente cedió, ahora acompañado de sus amigos regresó al salón de clase del cual había sustraído al roedor.
-Vamos Vincent, haz el favor de apresurarte – Eduard lo apremiaba.
-La puerta no se encontraba en este estado el día de ayer, alguien le ha echado llave a la cerradura –desesperado comenzó a jalar la manija con movimientos bruscos- ¡Maldita sea!.
-Ey Vin´s, mirad ahí, esa ventana se encuentra abierta –le mostró Samuel.
-Toma sostén a Camembert –le indicó a Benjamín, pero el joven lo observó con fobia- Apresúrate, es tan solo un ser inofensivo –el chico terminó cediendo a regañadientes.
Samuel y Eduard ayudaron a Vin´s a subir, al encontrarse en el interior le pasaron a Camembert, el roedor había regresado con los de su especie.
-Ahí viene un profesor –Benjamín los alertó.
-Busquen cómo desviar su atención, necesito ver cómo salir –les pidió Abbadon.
Salir de la misma manera como entró sería exponerse a ser descubierto, siendo la ventana que daba al patio la única ruta de evacuación que veía posible, primero pensó en saltar, pero incluso siendo un segundo piso se encontraba a una distancia considerable del suelo, se le acababa el tiempo, rápidamente se descolgó por la cornisa al oír que la puerta se abría. No encontraba manera de escapar del embrollo que empeoraba de manera exponencial, los brazos se le entumían y sentía sus dedos resbalar…
Editado: 01.05.2026