-Vin´s, despierta.
-Benjamín, ¿qué pasa?, son las… once y media –dijo aún medio dormido- ¿No puede esperar a mañana?
-No, levántate –contestó- vamos a salir, vístete.
-¿A dónde se supone que iremos? –preguntó Samuel cuando vio a Scott en el pasillo.
-No tengo ni la menor idea, Benjamín no me lo dijo.
-Veamos lo que se trae entre manos –comentó Eduard dividido entre la emoción y los nervios.
-Conseguí entradas para un espectáculo de boxeo, por lo que me dijeron es la final de un torneo.
-Eso está al menos una hora caminando y tus boletos dicen que es en veinte minutos así que a menos de que quieras que corramos a cincuenta kilómetros por hora o seas un genio y hayas inventado algo para teletransportarnos, no veo la forma de que lleguemos a tiempo –observó Samuel con un tono de sarcasmo.
-Eso es porque no iremos a pie, sino a caballo, tengo un amigo en los establos -Benjamín les regaló una amplia sonrisa.
Las calles estaban desiertas; ni un solo sonido delataba la presencia de alguien. Solo el buen estado del lugar impedía confundirlo con un pueblo fantasma. El resonar de los cascos de los caballos era lo único que quebraba el silencio… hasta que, a lo lejos, un grito colectivo se alzó.
-Démonos prisa, por aquel grito infiero que la pelea está a punto de comenzar.
Entre la estética de una ciudad antigua, destacaba un luminoso establecimiento que desafiaba el estilo victoriano de los edificios circundantes. Sobre su estructura se alzaba un brillante cartel, imposible de ignorar, pues podía divisarse desde varias calles de distancia; su forma peculiar representaba el mismo nombre del lugar.
“El Guante” era un centro de entretenimiento de alcance nacional, cuyo prestigio radicaba en la calidad de las peleas de boxeo que ofrecía. No había otro sitio igual en toda Inglaterra y no existía noche en la que no se celebrara, al menos, un enfrentamiento.
No hubo necesidad de que Vincent supiera del evento para imaginar quién sería una de las protagonistas del evento central de la noche. Decir campeonato era sinónimo para referirse a “La fiera” quien además de ser una habida pugilista también era dueña del lugar; sin embargo, la rival que enfrentaría aquella noche no sería una contendiente fácil, “La dinamita” poseía una racha de nocauts pese a su corta edad, el acto principal prometía una gran batalla.
Benjamín se acercó emocionado con el guardia, pero su sonrisa desapareció abruptamente cuando el hombre le susurró algo al oído tras mostrarle los boletos.
-¿Qué pasó? –preguntó Eduard con preocupación al ver el rostro de su amigo.
-Bueno -tragó saliva- aquel caballero me dijo que las entradas son falsas.
-Pero ¿cómo es posible? ¿Venimos hasta acá en vano? –lo cuestionó Samuel.
-Si y puede que también haya dicho que si lo trato de engañar de nuevo nos va a dar una paliza.
-Eres un desastre Benjamín -se burló Abbadon- ¿Cuánto pagaste por los boletos?
-Es posible que haya pagado cien libras esterlinas por ellos.
-Si, definitivamente esto compensa lo de la broma -su risa estridente resonó por toda la calle.
-Creo que será mejor que nos vayamos de una vez, si es que queremos dormir un poco –les sugirió Eduard.
-No se preocupen, creo que puedo solucionar este asunto –contestó Vincent.
-Pero si ya dijo que son falsos, no veo alguna manera en que esto tenga una solución –habló Benja con un tono triste.
-Tu confía en mí, pero necesito que me esperen aquí –los tranquilizó, únicamente necesitó un par de minutos de conversación con el guardia y mostrarle algo en su billetera para que los dejara pasar.
La primera imagen que tuvieron del interior del establecimiento les transmitía pasión, el ambiente estaba cargado de ella, los hinchas canturreaban emocionadamente apoyando a su boxeadora favorita. Los amigos siguieron a Vin´s quien los guiaba hacia sus lugares, que por cierto para haber sido de última hora eran bastante buenos.
-Debió costarte una fortuna –Benjamín estaba apenado.
-De hecho, no gaste ni siquiera un penique.
-Pero yo vi que le acercaste tu billetera, ¿Cómo lo hiciste?
Vincent simplemente le guiñó un ojo y fijó la mirada hacia el ring.
-Presentando primero a la retadora, en la esquina roja tenemos a la contendiente proveniente de Birmingham, Inglaterra con un peso de 182 libras. Olivia “La dinamita” Armstrong -anunció un hombre en el centro del ring- ahora con ustedes en la esquina azul, representando a Glasgow, Escocia, con un peso de 180 libras tenemos a la campeona de Reino Unido. Alondra “La fiera” Collins.
El lugar entero se llenó de vítores, pero fue silenciado rápidamente al sonar de la campana, la pelea había comenzado y “La fiera” salió rápidamente de su esquina, siendo recibida por una persistente serie de jabs, los cuales fueron hábilmente esquivados. Alondra no se iba a quedar sin atacar y colándose rápidamente en la guardia de su rival hizo impactar en el abdomen de su rival una gran combinación, lamentablemente esta ventaja no duró mucho pues "La dinamita" contraatacó con un efectivo gancho obligando a la campeona a retroceder.
Editado: 04.06.2026