La Orden de la corona: Entre cenizas y sombras

Capítulo 9 - Escape

11 de Febrero de 1886 (Actualidad)

Aquel disparo esfumó prontamente la idea de un vencedor, además aquella primera bala no vino sola, fue acompañada por muchas otras más, aunque cada una de ellas eran tiros de advertencia había logrado su cometido, tras unos segundos de haber paralizado a la multitud, el caos reinó, todos los aficionados corrían por todas partes intentando huir, tan solo unos cuantos decidieron pelear al ver como eran derribados por los hombres armados que subían por las gradas.

Cuando uno de los invasores se acercaba Vincent lo golpeó en la rodilla haciéndolo caer y de una patada en la cara lo neutralizó.

-Soldados, extranjeros –murmuró Vincent mientras analizaba al hombre caído- ¡Ey Benjamín, toma esto! –le había arrojado el arma del militar- salgan de aquí -fueron esas sus últimas palabras antes de desaparecer entre la agitada muchedumbre.

Cerca del ring aún se encontraban las boxeadoras, quienes habían decidido ganar tiempo para que sus inocentes fans escaparan.

-Es una lástima -dijo La Dinamita dándole un derechazo a un soldado que pasaba por ahí- estaba ansiosa por esta pelea, pero me temo que tendremos que dejarla para otra ocasión.

-Espero verte pronto para la revancha, Olivia -le contestó La fiera.

-Vine corriendo para ofrecerles ayuda, pero según veo ustedes se las arreglan bastante bien –se acercó Abbadon.

El joven sacó un cuchillo militar de la parte baja de su pantalón y cuidadosamente de no dañar a las boxeadoras ni a su equipo cortó las ataduras de sus guantes.

-Creí que ya únicamente eras un universitario ¿Por qué traías eso? –preguntó Alondra.

-Puede que haya abandonado esa vida, pero nunca salgo sin él y tampoco sin esta – ni siquiera lo pensó dos veces, al notar que otro soldado se acercaba rápidamente disparó su Glock 17.

-¿Quién eres tú? -preguntó Olivia confundida

-Abbadon Vincent Scott -respondió el chico

-Yo me refería a…

-Lo sé, es una larga historia, pero prometo contársela otro día cuando logremos salir de este lío.

-Bien es una promesa, ya nos veremos en otra ocasión –se despidió Olivia mientras se alejaba.

-Vincent sabes que te saludaría como mereces, pero la situación no es la mejor -comentó rápidamente Alondra mientras tomaba un arma del suelo.

Siendo la propietaria de “El Guante”, la señorita Collins conocía el lugar como la palma de su mano. Seguida de cerca por Scott, corrió hacia la zona del bar, donde disponía de todo lo necesario en caso de emergencia; sin embargo, aún no habían salido del peligro.

Apenas unos segundos después, más intrusos les dieron alcance. Sin alternativa, saltaron tras la barra en busca de refugio. Los desconocidos abrieron fuego de inmediato, haciendo añicos todo a su paso: botellas, cristales y el gran espejo tras el mostrador. No se detuvieron hasta vaciar sus armas.

Aquella breve pausa abrió una oportunidad para responder. El inconfundible sonido de una escopeta al ser accionada rompió el silencio. El primer disparo lanzó por los aires a uno de los atacantes, cuyo cuerpo salpicó de sangre a sus compañeros. Intentaron reaccionar, pero la mano de Abbadon fue más rápida: dos disparos limpios atravesaron sus pechos.

Los militares que aún permanecían en pie comprendieron que su ventaja se había desvanecido y optaron por la retirada, sin preocuparse por dejar atrás a sus compañeros heridos.

Vincent, colérico, advirtió que algunos de los reclutas aún mostraban señales de vida y, sin dudarlo, presionó con brutalidad la herida de uno de ellos.

-¡Dame un nombre! –exigió cruelmente, pero el moribundo hombre se negó, finalmente debido a las mortales heridas su cuerpo cedió llevándose el secreto a la tumba- ¡Maldición!

-Antes de que optes por torturar a este hombre también, que no estoy en contra, por cierto. Me temo que ya ha fallecido –le dijo Alondra tomando el pulso del difunto.

-Mira sé que has trabajado demasiado por este lugar, pero debemos salir de aquí -se sentía apenado al sugerirlo.

-Lo sé.

La adrenalina en su cuerpo producía un efecto similar al de estar dopado. La intensidad había sido tal que, al disiparse, dejó tras de sí un vacío abrumador, amplificando cada una de sus emociones.

En cuanto aquella descarga abandonó su organismo, Abbadon comenzó a sentir miedo. Había perdido el control de sí mismo. Sus piernas, como si poseyeran voluntad propia, echaron a andar; sabían exactamente a dónde querían dirigirse, pero su mente parecía haberlo abandonado. Ya no estaba presente.

Era tal la magnitud de la sensación que su aspecto recordaba al de un difunto: la mirada ausente, la respiración acelerada y entrecortada, como si el aire comenzara a faltarle. Sus sentidos se nublaban, y con la escasa lucidez que aún conservaba, comprendió que la tormenta estaba cerca.

Sin lugar a dudas, estaba a punto de sufrir un ataque de ansiedad. Se desconectaba de la realidad, y el único sonido que lograba percibir, lejano y persistente, era el de alguien pronunciando su nombre una y otra vez.

-Vincent.
-Vincent.
-Vincent.



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En el texto hay: fantasia, misterio, traumas

Editado: 04.06.2026

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