13 de Febrero de 1886 (actualidad)
El guante y la universidad de Cambridge no habían sido los únicos lugares víctimas del ataque, en diversos puntos de la ciudad los habitantes fueron despojados de su tranquilidad, incluso a unos cuanto las llamas les arrebataron su hogar, pero lo más desgarrador fue de aquellos a los que la muerte lo visitó prematuramente. Si bien, el escenario no mostraba nada más que desesperanza, la naturaleza siempre ha sabido cómo embellecer al más depresivo ambiente. No habían logrado apagar los rayos dorados de la ciudad, ni los pájaros que cantaban sin cesar.
Las luces color oro apenas lograban entrar en la habitación donde yacía Vincent, quien dormía plácidamente.
En aquel momento dentro de sus sueños corría por el claro de un bosque, por primera vez en mucho tiempo no huía de nada, simplemente lo hacía a manera de goce, pero los carroñeros en el aire ensombrecieron el cielo, algo lo vigilaba y él lo sabía, ¿Cómo era posible que en incluso en el territorio de Morfeo se sintiera acosado?
El viento le susurraba advertencias, la abrupta oscuridad era una vieja amiga que lo visitaba a menudo, estaba acostumbrado a todo lo anterior, pero ese par de ojos rojos que lo seguían de cerca era lo que lo inquietaba, sabía quién se ocultaba en las tinieblas, pero no sabía cómo vencerlo, el suelo temblaba, las rocas caían y en su cabeza retumbaba el repicar de los tambores, cada vez más y más intenso; se quedaba sin aire.
Abbadon despertó temblando y empapado de sudor, contando sus sueños y el encuentro en la universidad era la tercera vez que veía a esa cosa. No podía ser casualidad.
-Me tenía preocupada que no despertaras -dijo una voz femenina- ¿Te encuentras bien?
-¿Qué? -estaba desorientado- solo tuve una mal sueño -esa fue su respuesta aun sabiendo que era más que eso- Alondra, ¿Dónde estamos?
-Una casa abandonada que encontré, aunque a decir verdad creo que a estas alturas todas las casas de la ciudad se encuentran en el mismo estado. Por cierto, revisé lo mejor que pude para verificar que no tuvieras ninguna herida, espero haber hecho un buen trabajo.
-Te lo agradezco, tan solo estoy un poco adolorido, pero estoy bien –aún así el joven instintivamente revisó su abdomen en busca de alguna herida, pero para su sorpresa estaba limpio, no se lo explicaba, la estocada recibida se sintió tan real.
Un golpe en la coronilla fue el único dolor real que presentó, sin previo aviso la chica lo había golpeado, con la fuerza suficiente para lograr que sus ojos se llenaran de lágrimas.
-Demonios Alondra, ¿A qué se debe ese golpe?
-Incluso con tu preparación, fuiste un bruto por correr hacía las llamas, no entiendo como no te percataste del peligro al que te enfrentabas, es como si ayer hubieses corrido hacia las balas. ¿Qué tal si las llamas te consumían vivo?
-Me disculpo por mi imprudencia, tienes la razón.
-Tienes suerte de que el fuego haya sido extinguido por la lluvia y tienes aún más suerte de que tenga compasión por ti porque debería haberte golpeado aún más fuerte porque en verdad te lo has ganado -pero su enojo se disipó al ver como Abbadon se buscaba heridas- ¿Seguro que te encuentras bien?
-Si, no es nada, debo haberme golpeado con algo al caer, pero estoy bien.
-Okey -aunque debido a su persistencia no terminaba de creerle.
-Por cierto, no te he dado las gracias por salvarme. Estoy en deuda contigo.
-Ni lo menciones, la ciudad está desierta -dijo, tratando de cambiar el tema.
-¿Tan mal está?
-La mayoría de las familias abandonaron la ciudad en las primeras horas del ataque -comentó la señorita Colins con un tono decaído- me sorprendería si quedan más de veinte personas en este lugar, bueno corrijo, si quedan al menos veinte personas aliadas, porque la ciudad esta sitiada por esos bastardos.
Hubo un breve silencio, que ha decir verdad parecía eterno, sin embargo, fue Alondra quien trató de aliviar aquella tensión.
-Vincent.
-¿Si?
-¿Te puedo preguntar algo?
-Claro.
-¿Tu hogar estaba aquí?
Abbadon reflexionó un momento antes de contestar -Es complicado, aunque si te soy honesto no, en realidad hace mucho tiempo no he sabido que es un hogar, no hasta hace un par de meses -su voz estaba cargada de sinceridad- oye.
-¿Umm? -Alondra no sabía cómo reaccionar ante tal declaración, sentía una mezcla entre la compasión y la lástima.
-¿Recuerdas cómo nos conocimos?
-Claro.
Editado: 04.06.2026