La Orden de la corona: Entre cenizas y sombras

Capítulo 12 - El sargento de estado mayor

““21 de Julio de 1882

El delicado oleaje del mar mecía suavemente a un trío de carabelas que surcaban el agua, entre el vaivén del suelo un joven caminaba lentamente sobre la cubierta de uno de los barcos, aun cuando la furia del océano se hallaba dormido no podía evitar arrugar la nariz, no le agradaba ni en lo más mínimo que el olor de humedad inundara sus fosas nasales, sin importar que había estado un par de meses en altamar no lograba acostumbrarse.

Al fin, después de una larga espera ya se veía a la lejanía…

-¡Tierra firme! -gritó un hombre desde el “nido de cuervo” del barco.

-Se tardaron un poco en predecirlo -murmuró para sí el joven- las gaviotas ya nos habían ofrecido aquella información, en fin.

-Vincent ¿Hablando solo nuevamente? -le preguntó un hombre.

-No, señor -contestó rápidamente, aunque con un pequeño tono de irritación, que al parecer el hombre no lo percibió- solo andaba… repasando el protocolo de desembarque para mí mismo

-¿Enserio? A ver dímelo.

-Es… Para el despliegue inicial el desembarque puede comenzar con la utilización de lanchas de desembarco, botes semirrígidos o las canoas voladoras, dependiendo de la naturaleza de la misión y el entorno. En situaciones más complejas, se pueden emplear vehículos anfibios…

-Está bien con eso, no es necesario que seas un sabelotodo tan insoportable -lo interrumpió abruptamente.

Había hecho ese último comentario lo suficientemente fuerte para llamar la atención de otros y lo había conseguido ya que se escucharon risas. Abbadon repentinamente sintió que un calor recorría su rostro, había adquirido un color similar al de el hierro al rojo vivo.

El sentimiento de humillación se mantuvo presente durante todo el día, como prueba de ello ante el más mínimo momento libre su mente se quedaba en blanco. Aquella tarde después de un largo trabajo de descarga Vincent se encontraba sentado sobre una caja cerca del puerto, el joven estaba sumido en sus pensamientos los cuales fueron abruptamente interrumpidos por los gritos de enojo provenientes de una chica, en la entrada de un bar la señorita discutía enérgicamente con un hombre de mediana edad, aproximadamente alcanzaba a rozar los cuarenta y cinco años.

Abbadon quien no carecía del deseo por conocer la información ajena (forma elegante para decirle chismoso), empezó a oír atentamente aquella discusión.

-Te he dicho que no, aunque sea lo último que haga no dejaré que pelees en mi bar -replicó malhumorado el caballero.

-Teníamos un maldito trato – le espetó la chica- ya habías aceptado y ahora no estás cumpliendo tu parte, literalmente invertí casi todo lo que tengo en esto, sucio perro sarnoso.

-Es no es mi problema, además al fin y al cabo puedes ir a quejarte con quien quieras y verás quien va a creerte -soltó una risa desagradable- así son los negocios y no estás lista, tal vez algún día cuando tengas un burdel.

-Hijo de…

-No quisiera interrumpir en lo que no me llaman, pero tampoco soporto que no se cumplan los tratos -intervino Abbadon, la joven solo se le quedó mirando con sorpresa pues no esperaba algún tercero en aquella conversación.

-Niño con ese falso uniforme no me vas a impresionar, soldadito de juguete mejor vete a jugar a otro lado -se burló el dueño del bar.

-Claro tan falso como esto -rápidamente Vin´s busco entre sus bolsillos, sacando al final un pergamino que mostró al hombre quien palideció al instante.

-Bueno, yo…

-Ambos sabemos que debe ceder, pero ¿Sabe qué? -rápidamente interrumpió sin permitir que el sujeto se pudiera defender de la sorpresa- hay que hacer esto más interesante, si me gana en una pelea le pagaré cien libras, pero si pierde cumplirá su trato con la señorita.

-Bien -Se limitó a decir esa única palabra.

-Bueno, pero…

Sin embargo, antes de que pudiera terminar lo que quería decir un golpe lo impactó de lleno en la zona de la sien dejándolo aturdido, un ruido como de estática inundaba sus oídos y se encontraba visiblemente desorientado. Vin´s había esperado que el cantinero ofreciera una pelea con honor, un grave error por supuesto, pero afortunadamente antes de que el segundo golpe impactara pudo recuperarse, esquivándolo tan solo por un segundo, únicamente había rozado su barbilla.

Rápidamente el joven se puso en guardia, mirando a su oponente quien le ofrecía una risa burlona, en un principio se limitó a observar sus movimientos, quería conocer el tipo de peleador al que se enfrentaba y tras unos instantes de esquivar sus golpes reconoció un patrón, pues cada tres golpes daba un pequeño salto dejando descubierto su mentón.

-Uno… Dos…Tres -Bien ahora es mi turno pensó Abbadon y tan pronto vio ese espacio conectó un golpe potente.

El hombre en un inicio había dudado en conectar un segundo golpe y cuando lo intentó no pudo acertar, pero Vin´s no iba a dejar escapar aquella oportunidad impactando una segunda, tercera, cuarta y quinta vez siendo esta última la que arrastró a su oponente hasta el suelo.

-Espera, está bien -dijo con voz suplicante el cantinero- me rindo -añadió rápidamente al ver la mano de Abbadon acercarse, pero este último no tenía intenciones de lastimarlo más, simplemente le había tendido la mano para que pudiera levantarse.



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En el texto hay: fantasia, misterio, traumas

Editado: 04.06.2026

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