7 de Marzo de 1886 (Actualidad)
La mañana prevista para actuar, Alondra y Vincent se levantaron temprano, asegurándose de borrar cualquier indicio de su presencia. Aun cuando la casa bajo las vías del tren no ofrecía comodidad alguna, ambos la miraron con cierta tristeza al abandonarla; después de todo, había sido su refugio, aunque solo por unas semanas.
Partieron apenas el sol comenzaba a alzarse. Era necesario iniciar su travesía a tan tempranas horas, pues su destino se encontraba a unas veinte millas de distancia y no tardarían menos de diez horas en llegar.
En su plan original, tenían previsto recorrer el camino por la ciudad; sin embargo, al notar que un camión del ejército patrullaba las calles, se vieron obligados a desviarse.
Tras correr durante varios minutos, un claro apareció a lo lejos como una mano amiga. Buscaron refugio en un bosque antiguo que se extendía a las afueras de la ciudad, donde la luz se filtraba entre viejos robles y el tiempo parecía avanzar con mayor lentitud. El suelo, cubierto de hojas y musgo, respiraba historias silenciosas. Madingley Wood surgió como una respuesta a sus problemas.
Elementos como el bosque y su petricor eran pequeños lazos que mantenían a Abbadon unido a su origen. De niño solía recorrer lugares como aquel, incluido ese mismo bosque, en busca de bellotas y aves que luego dibujaba. En los momentos difíciles, buscaba instintivamente escenarios similares para aferrarse a la esperanza.
Caminaron durante horas entre la vegetación. Al principio, avanzaban con confianza, creyendo saber hacia dónde se dirigían; pero mientras más se adentraban, más difícil se volvía orientarse. El peso de sus mochilas tampoco ayudaba, y el agotamiento comenzó a hacerse presente antes de lo esperado.
-Vincent…
-¿Sí?
-Sabes hacia dónde vamos, ¿verdad?
-Si mi memoria no falla, en unas dos horas hacia el norte encontraremos lo que buscamos.
-¿Cómo que “si no falla”?
-Conozco este lugar, pero el paisaje cambia con los años. Eso dificulta ubicarme con exactitud… Solo necesito encontrar el río.
-¿Escuchas eso?
La hierba alta tembló. Algo se acercaba. Por un instante, esperaron lo peor… pero un largo hocico rojizo asomó entre el pasto, seguido de un espeso pelaje.
Un pequeño zorro.
No sabía por qué, pero Vincent sintió el impulso de seguirlo. Avanzaron con cautela tras el animal, respetando la distancia para no asustarlo y evitar perderlo entre la maleza. Lo siguieron durante casi veinte minutos, hasta que un suave murmullo rompió el silencio:
Un río.
Al final, el zorro había sido su guía.
Un rayo de sol atravesó las frondosas copas de los árboles, iluminando al animal mientras bebía agua.
Antes de continuar su camino, Alondra dejó unas moras en el suelo, a modo de silencioso agradecimiento.
-Aun no me has dicho a donde vamos -comentó la chica
-En teoría no tengo permitido contarte y menos llevarte a este lugar, pero como de igual manera nos dirigimos hacia ahí te diré. En unas cuantas millas a la orilla del bosque nos encontraremos con un pequeño complejo destartalado -los recuerdos invadieron su mente- durante mi primer año de servicio estuve relegado aquí.
““Septiembre de 1880
Hace un par de meses un pequeño batallón había sido enviado con el objetivo de reunir recursos de una pequeña isla en el caribe, con ayuda de un oscilador hacían vibrar la tierra con el fin de encontrar cuevas para extraer minerales, sin embargo, tras unos días de exploración las vibraciones desenterraron pirámides similares a las de los templos mayas.
Siguiendo la extensa línea del legado del conocimiento de Cambridge el ejército estableció a las afueras de la ciudad, oculto entre la naturaleza, un complejo enteramente dedicado a la investigación.
Entre sus paredes hombres vestidos con batas blancas caminaban presurosamente, en su mayoría los científicos e investigadores de aquel lugar dedicaban sus horas completamente al estudio de reliquias provenientes de aquella isla. De entre los artefactos encontrados destacaban unas vasijas transparentes, las cuales parecían contener algo similar a un rayo verde en su interior.
Debido a que nadie había visto nada similar antes, la investigación fue dirigida por el científico más grande de la época.
-Necesito que revises las notas que hice acerca de las inscripciones.
-Si, señor -contestó un joven Abbadon.
-De igual manera no olvides traerme al final del día las transcripciones de las simulaciones que realicen el día de hoy Sprague y Brush.
-Por supuesto señor.
-Y Scott.
-Dígame, señor.
-No tienes que referirte a mi como señor, se que eres mi asistente, pero simplemente dime Tesla o Nikola. Bueno si me necesitas me podrás encontrar en mi oficina, estaré trabajando en unos planos.””
-Espera, ¿me estás diciendo que trabajaste para Tesla?
Editado: 04.06.2026