7 de Marzo de 1886 (Actualidad)
El complejo ya no conservaba la espléndida imagen de sus inicios. El humo de las máquinas había ennegrecido las paredes y varias de las ventanas se encontraban rotas.
—Solo espero que mi código aún funcione. La última vez que lo probé, seguía operativo.
Uno, seis, uno, ocho, cero, tres, tres.
La reja no se movió. En cambio, el muro vibró durante unos segundos y un bloque de concreto se deslizó, dejando al descubierto una pequeña entrada.
—Mantente cerca. Como habrás notado, este lugar es un laberinto. Después de todo, el gobierno siempre guarda bien sus secretos. Esta entrada nos dará un acceso más rápido a las armas.
Avanzaron en silencio por un estrecho corredor, tenuemente iluminado por una luz amarillenta, que se angostaba a cada paso hasta desembocar en una oscura antesala.
—Aquí no hay nada… solo una pared de madera de abeto sólido —murmuró Alondra, decepcionada.
—Aquí nada es lo que parece —respondió Abbadon, hundiendo la mano en una discreta trampilla—. Ven, sígueme.
La pared giró, revelando una amplia oficina. Un antiguo librero fungía como puerta secreta. Al cruzar el umbral, la chimenea se encendió por sí sola.
—Bienvenido, agente Sierra//1905//. Su acompañante no tiene autorización para estar aquí. Proporcione el código de acceso o procederé a activar la alarma —anunció una voz robótica.
—Alpha, cinco, Tesla.
—Acceso aprobado. Disfruten su estadía.
—Creí que dijiste que no había seguridad —replicó Alondra.
—Si tienes las claves de acceso, entonces no hay seguridad. Además, al tratarse de proyectos clausurados, rara vez modifican las contraseñas.
En el cristal de la puerta se leía: “Nikola Tesla, director de operaciones”. Debajo, una placa de cobre oxidado mostraba una inscripción. La joven se detuvo a leerla.
—“El desarrollo progresivo del hombre depende vitalmente de la invención” —recitó Vincent—. Le encantaba repetir esa frase… cuando las cosas no salían como esperábamos, la usaba para motivarnos.
Sobre una mesa descansaba un busto de mármol de Platón. Abbadon cruzó la habitación con rapidez, rebuscó en sus bolsillos y extrajo una pequeña llave. Al retirar la cabeza de la estatua, reveló una cerradura oculta en su interior.
Al abrirla, las paredes se desplazaron, dejando al descubierto varias repisas repletas de armas: algunas conocidas, otras completamente extrañas.
—Alondra, te presento el proyecto Tesla —dijo—. Aunque el nombre es casi una ofensa; mi mentor nunca se dedicó a la armamentística. Pero el gobierno decidió conservarlo.
Se aseguraron de que todas las armas estuvieran aseguradas antes de guardarlas en sus mochilas. El peso era considerable, y cada paso los hacía tambalearse.
—Qué torpe… casi lo olvido.
Vincent sacó dos discos metálicos, del tamaño de un portavasos, y los colocó bajo las mochilas. De inmediato, la carga se volvió mucho más ligera.
—Son cargadores antigravedad. Estos son solo prototipos; reducen el peso a la mitad. Los modelos más avanzados pueden soportar hasta cinco toneladas.
El joven aprovechó para mostrarle parte del complejo, o al menos lo que quedaba de él desde su época de trabajo allí. Se encontraban en su antigua oficina cuando, de pronto, una alarma se activó.
Desde su posición, alcanzaron a ver cómo la puerta principal se abría y varias figuras encapuchadas y armadas irrumpían en el edificio.
-Espera, no dispares -le previno Vincent al ver que Alondra ya estaba preparada
-Sino lo hacemos, ellos lo harán
-No digo que no lo hagas, solo que aún no. Si nos adelantamos nos rodearan, son seis.
-¿Entonces cuándo?
-Solo observa
Abbadon apuntó al suelo de cristal que se hallaba frente a ellos y aguardo unos segundos antes de jalar el gatillo, su idea en teoría era buena, quebrar el vidrio para que los muebles de encima aplastaran a sus enemigos, pero no contaba con que estuviera reforzado y la caída se viera retrasada. Incluso aun con ello estuvo a punto de impactar a uno de ellos, pero este fue salvado por su compañero.
Ante la táctica fallida los afectados respondieron la agresión con sus armas, el conflicto duró al menos media hora, hasta que se vio interrumpido cuando Alondra soltó una granada de aspecto extraño. Vincent al verla reaccionó rápidamente y la empujo haciendo que el explosivo se desviara hacia una pared. Tan pronto esta hizo contacto una pared uniforme de hielo apareció, había congelado al instante la superficie a una temperatura de aproximadamente -253°C.
-Pero ¿qué haces? -reclamó La fiera alzando la voz para oírse sobre los disparos.
-Esa es una granada de hidrógeno, es bastante inestable y no solo habrías afectado a ellos sino a la estructura sobre la que estamos parados -justo cuando decía eso la pared se desmoronó.
Repentinamente la iluminación comenzó a fallar, todos creyeron que el parpadeo se debía a la pared recién demolida, sin embargo, la situación cambió cuando el lugar se llenó de un humo denso de color negro. Cuando finalmente este se disipó dejó ver a un hombre enmascarado ajeno al primer grupo. Aún con su máscara de demonio japonés era como si pudieras ver todas sus expresiones, ambos grupos se quedaron expectantes por unos cuantos segundos antes de apuntarle al nuevo intruso, pero este se limitó a hacer un ademán con la mano y la luz se apagó por completo.
Editado: 04.06.2026