La ciudad de Cambridge es admirada por muchos gracias a su arquitectura, sin contar la su universidad, la vieja mansión podría ser considerada la más hermosa edificación de la ciudad.
Los registros históricos no son claros, sin embargo, los rumores cuentan que el emperador Fernando I de Austria la mandó a construir en el año de mil ochocientos treinta y dos ante el nacimiento de se hijo Maximiliano de Habsburgo, se dice que el emperador le mandó a construir con el objetivo de regalársela cuando alcanzara la edad de veintiún años, sin embargo, tras su ejecución en México la propiedad quedó abandonada.
8 de Marzo de 1886 (Actualidad)
En aquel entonces era un lugar sorprendente, pero por el paso de los años fue perdiendo su color, adoptando un tono sombrío, algunas ventanas estaban rotas y tapiadas, y el musgo devoraba la pintura.
Aun cuando era propenso que los soldados pudieran encontrarlos en la mansión decidieron establecerla como su base, puesto que no había una casa que pudiera alojarlos a ellos y sus provisiones de una manera que no parecieran una lata de sardinas, además confiaban que esta habría sido el primer lugar que registraron.
Únicamente se limitaron a habitar una habitación para evitar ser emboscados.
-Tú eras un soldado -le dijo Dian a Vincent, no era una pregunta- y como Benjamín me comentó cuando nos dirigíamos al complejo ahí se trabajaron juntos, aunque el solo perteneció al ejército seis meses, he de suponer que ahí se conocieron
-De hecho, no, nos conocemos desde niños.
Abbadon se limitó a asentir.
-¿Y cómo se encontraron? Me refiero a ti Benjamín y a el grupo.
“12 de Febrero de 1886
-Soldados, extranjeros –murmuró Vincent mientras analizaba al hombre caído- ¡Ey Benjamín, toma esto! –le había arrojado el arma del militar- salgan de aquí -fueron esas sus últimas palabras antes de desaparecer entre la agitada muchedumbre.
Los tres jóvenes siguieron las instrucciones de Abbadon y corrieron hacia sus caballos, visiblemente alterados por el caos. Montaron con rapidez y espolearon a los animales en dirección a la universidad.
Pero no estaban solos.
A su espalda, dos soldados avanzaban con precisión implacable, recortando la distancia con cada segundo.
—¡Nos siguen! —advirtió uno de ellos.
Benjamín no dudó. Se giró sobre la montura y disparó, intentando mantenerlos a raya. Sin embargo, el estruendo de los disparos solo empeoró la situación: los caballos, ya nerviosos, se desbocaron.
El control se perdió en un instante.
Los tres jóvenes fueron arrojados al suelo con violencia, sin siquiera tener tiempo de reaccionar. Cuando lograron incorporarse, sus monturas ya se habían alejado, perdiéndose entre la confusión.
-¡Por el puente! ¡Corran! -gritó Benjamín- ¡Yo los cubro!
Sus disparos resonaban como advertencias, calculados, precisos… evitando herir. Era evidente que se resistía a cruzar esa línea, incluso cuando podía acabar con todo en cuestión de segundos.
Pero entonces… todo cambió.
Los soldados avanzaron lo suficiente.
Demasiado.
Eduard y Samuel quedaron expuestos.
El disparo de Benjamín fue inmediato. Seco. Decisivo.
La bala destrozó la rodilla de uno de los soldados, que cayó al suelo con un grito desgarrador. El dolor lo hizo perder el control; su arma se disparó sin dirección… y la bala impactó a su propio compañero.
El silencio que siguió fue pesado.
Benjamín respiraba con dificultad. La furia le quemaba el pecho, pero incluso así… no pudo rematarlos.
Bajó el arma.
Los dejó atrás, retorciéndose en el suelo, aferrándose a la tenue esperanza de que alguien más llegaría a auxiliarlos.
Y sin mirar atrás… echó a correr. Quiso alcanzar a sus amigos, pero estos habían desaparecido en las penumbras, con toda su energía trató de rastrearlos, pero fracasó en el intento, supuso que se habían refugiado ante la aparición de más soldados.
En una situación como aquella no le quedó nada más que buscar protección en alguna de las casas, muchas de ellas mostraban clara señal de haber sido abandonadas hacía un par de horas ya.
-Muévete y te corto la garganta -le advirtió una chica, en el momento que entró en la vivienda fue tomado desprevenido siendo amenazado con una navaja.
-Tranquila vengo en paz -bajó lentamente su arma- solamente busco refugio al igual que tú.
-Tu arma indica lo contrario -dos jóvenes más se hicieron presentes en la habitación
-Aunque no usa ningún uniforme, Dian suéltalo dice la verdad -le indicó uno de los caballeros.
-Pero ¿qué pasa? -Bajaron corriendo las escaleras un par de hombres más- escuchamos ruido
-Pasa que no hicieron bien su trabajo de vigilar. Podrían habernos asesinado si él hubiese sido un soldado.
-Creo que no es para tanto -comentó Benjamín frotándose el cuello”
Editado: 25.06.2026