-¿Cuál es tu historia? -Alondra le preguntó a Dian con curiosidad, eran las únicas dos mujeres del grupo esa era la verdadera razón de su interés.
“12 de Febrero de 1886
Si bien en algunos lugares la invasión comenzó durante la noche, en la zona norte de Cambridge se adelantó varias horas. Ese fue el caso de Dian: aquella tarde, de forma inesperada, la puerta de su hogar fue derribada.
-Las manos donde pueda verlas -ordenó un soldado.
-¿Cuáles de estas? -preguntó Samantha, al tiempo que arrojaba un cuchillo.
-¡Ja! Fallaste -se burló el militar.
-No es cierto… -susurró un hombre a su espalda, ya herido.
-¿Pero qué…? —el soldado se giró.
Ese instante fue suficiente.
Samantha se abalanzó sobre él.
-Oye -dijo con frialdad-, un consejo: nunca le des la espalda a alguien que quiere hacerte daño.
El golpe fue seco. Un codazo directo al rostro lo derribó, dejándolo aturdido.
-Ah… y gracias por el arma.
Recuperó su cuchillo, tomó el arma del soldado y salió por la ventana sin olvidar su maleta. Muchos la habrían llamado paranoica, pero estaba preparada para una situación como aquella.
Ni siquiera el tercer piso la detuvo. Utilizando su chaqueta, se deslizó por un cable eléctrico que conectaba con la casa. Antes de alcanzar el poste, se soltó y aterrizó en un balcón al otro lado de la calle. Desde allí, saltó al toldo de un automóvil estacionado y continuó su huida, mientras uno de sus agresores gritaba desde lo alto.
No fue la fuerza lo que la salvó… sino su astucia y su velocidad.
Corriendo con la misma fortuna que Benjamín, tras pasar por varias casas abandonadas, entró en la única que ya estaba ocupada. Christian, Maximilian, Charly y Alex habían llegado antes.
-¿Quién está ahí? -preguntó Maximilian, apuntándole.
-Mi nombre es Samantha -respondió, aferrándose a su arma.
-Baja esa arma, Max -indicó Christian-. Es evidente que no está con los militares.”
-¿Quiénes son Alex y Charly? -preguntó Vincent.
-Los dos hombres que murieron en tu complejo -respondió Dian con dureza.
La tensión se hizo evidente. Era claro que ambos no se agradaban.
Alondra intervino, intentando aliviar el ambiente.
-Aparentemente eres buena con el cuchillo.
-Es evidente que es chef -añadió Abbadon, aún irritado.
-¿Y cómo podrías saberlo? -preguntó Christian, intrigado.
-Las cortadas en sus manos, su destreza con los cuchillos… y, a menos que esté intentando ahuyentar a un vampiro, el persistente olor a ajo en su ropa.
-A nadie le agradan los sabelotodo -se quejó la joven, molesta por ser analizada.
-Es irónico que digas eso, considerando que haces lo mismo -replicó Scott.
Editado: 25.06.2026