La Orden de la corona: Entre cenizas y sombras

Capítulo 19 - Sótano

8 de Marzo de 1886 (Actualidad)

-A mí no me miren, no tengo nada interesante que contar, solo supe ocultarme bien -aclaró Christian cuando las miradas se posaron sobre él.

-Paso -añadió Vincent sin mayor interés.

-Ya es bastante tarde, será mejor dormir -sugirió Alondra, prefiriendo no contar su historia por respeto a su amigo.

Había sido un día particularmente agitado, por lo que el cansancio no tardó en imponerse sobre todos. La vieja madera de la casa crujía de forma intermitente, un sonido tan común debido a los años que nadie le prestó verdadera atención, aunque, de haberlo hecho, quizá habrían interpretado aquella señal de otra manera. No pasó mucho tiempo antes de que, en medio del silencio de la noche, el suelo volviera a quejarse, esta vez acompañado de un grito desgarrador que rompió la calma.

En cuestión de segundos, todos despertaron sobresaltados, alcanzando apenas a distinguir cómo Christian era arrastrado violentamente por el suelo hasta desaparecer a través de una trampilla oculta bajo sus pies.
-¡Auxilio!

La reacción fue inmediata; sin detenerse a pensar, corrieron tras él, pero al descender se encontraron con un detalle inquietante: ninguno de ellos llevaba sus armas. En la sala oculta, iluminada apenas por una luz tenue, se toparon con tres hombres, además del propio Christian, quien luchaba por liberarse.

-¡Tú! -exclamó Maximilian, con un odio evidente que tensó el ambiente.

-¿Lo conoces? -preguntó Benjamín, sin apartar la vista de los intrusos.

-Es quien me hizo esto en la cara… aunque luce distinto.

Los hombres presentaban rostros antinaturales, como si sus facciones hubiesen sido estiradas y deformadas de manera grotesca. Dos de ellos eran gemelos de complexión descomunal, tan desproporcionados que bien podrían haber sido confundidos con alguna retorcida versión del monstruo de Frankenstein… aunque desprovistos incluso de la torpe humanidad que aquel poseía. No emitían palabra alguna, limitándose a gruñir cada vez que alguien se acercaba, mientras sus movimientos erráticos y agresivos revelaban un comportamiento más cercano al de bestias que al de hombres. Intentaban morder a Christian con desesperación, obligándolo a forcejear con todas sus fuerzas para evitarlo.

Sin más alternativa, el grupo se lanzó al ataque. La fuerza de aquellas criaturas era tal que hicieron falta varios de ellos para lograr someter a cada uno, reduciéndolos con gran esfuerzo. Abbadon, aún con la respiración agitada, ya se disponía a interrogarlos, decidido a obtener cualquier información posible, cuando algo inesperado ocurrió: los cuerpos comenzaron a convulsionar de forma violenta, sus músculos tensándose de manera antinatural mientras emitían sonidos ahogados.

En cuestión de segundos, marcas ardientes surgieron sobre su piel, extendiéndose como si algo desde el interior las estuviera quemando.

Murieron ahí mismo.

-Lo que confundí con quemaduras en la piel de Alex y Charly… en realidad son tatuajes -dijo Abbadon, inspeccionando los cuerpos con detenimiento- Las quemaduras están ahí, sí, pero debajo… hay marcas de tinta.

-Malditos demonios… -murmuró Christian, aún recuperando el aliento.

-Aunque no me guste la idea, debieron pertenecer al mismo grupo -añadió Dian con evidente incomodidad.
-Pero ¿qué tienen en común un soldado extranjero, dos civiles y estos… monstruos? -preguntó Alondra, frunciendo el ceño- Todo esto es cada vez más confuso.



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En el texto hay: fantasia, misterio, traumas

Editado: 25.06.2026

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