La Orden de la corona: Entre cenizas y sombras

Capítulo 21 - Nostalgia

-Oye, Vin’s, ¿tienes un segundo?

-Que haya sido nombrado capitán no significa que las cosas vayan a cambiar entre nosotros -respondió sin dejar de avanzar- No lo hicieron en el ejército, así que no veo por qué deberían hacerlo ahora. Dime.

-Creo que sé dónde están Eduard y Samuel.

Vincent se detuvo apenas un instante, lo suficiente para asentir.

-Claro…

“6 de junio de 1877

-¡Vamos, Benjamín, corre!

-¡Espérenme, tengo piernas cortas!

-Eso es solo una excusa para no admitir que eres lento.

-¡No es cierto, Samuel! -se defendió el niño, jadeando.

-Incluso Vincent y yo, que venimos cargando todo esto, somos más rápidos que tú -añadió Eduard entre risas.

-¡Déjenme en paz! ¡Ya no molesten! -chilló con frustración.

-Cállense, ya estamos por llegar -intervino un joven Abbadon.

Los chicos se detuvieron frente a un viejo almacén abandonado, cerrado desde hacía un par de años. El lugar estaba rodeado por una malla metálica oxidada, pero como cada tarde, encontraron el mismo agujero en la cerca y se colaron dentro.

Desde fuera, el edificio no prometía nada… pero su interior era otro mundo.

Estaba lleno de curiosidades: piezas mecánicas, artefactos a medio construir, un pequeño robot inacabado y hasta un go-kart desmontado en varias partes. Era un caos… pero un caos lleno de vida.

-¿Cuántas veces les he dicho que no toquen mis planos? -protestó Abbadon al notar el desorden.

-Tranquilo, solo buscaba una pluma -respondió Christian, sin dejar de pintar sobre la pared.

Había comenzado un mural que encajaba perfectamente con el ambiente del lugar: en él había representado a los cuatro amigos, inmortalizándolos entre líneas imperfectas pero llenas de intención.

-Aún me pregunto… si no quieres que toquemos tus cosas, ¿por qué no guardas los planos en tu casa?

Vincent guardó silencio un instante antes de responder.

-La última vez que lo hice… terminaron en cenizas. A mi padre no le gustan esas cosas.

Aquella base improvisada se había convertido en su refugio. Los cuatro solían recorrer el barrio viejo, recogiendo chatarra abandonada para llevarla ahí, dándole forma a sus ideas, a sus sueños… a algo que solo ellos entendían.”

-Bien, equipo -anunció Abbadon, retomando el paso- Hay un ligero cambio de planes. Nos desviaremos un poco de la ruta para intentar encontrar a dos posibles integrantes que podrían beneficiarnos… y, siendo honestos, son buenos amigos de Benjamín y míos. No se preocupen, queda de camino al almacén.

La sinceridad en sus palabras fue suficiente para que el grupo aceptara sin objeciones.

El trayecto resultó más largo de lo esperado, pero tranquilo. La ciudad permanecía desierta, como si hubiese sido abandonada de golpe, dejando atrás solo silencio y ruinas.

Al llegar al cuadrante indicado, se dirigieron a una pequeña casa de dos pisos ubicada en el centro del sector. Su estado era deplorable: ventanas rotas, paredes dañadas… señales claras de haber sido atacada, aunque, a decir verdad, no difería mucho del resto de las viviendas.

Entraron con cautela. El interior estaba completamente revuelto.

-Si no me equivoco, deberían estar en Hammersmith y Fulham -murmuró Benjamín, observando el lugar con inquietud.

-Bien -respondió Abbadon- Benjamín, Max y Alondra, revisen arriba. El resto, abajo.

-De acuerdo.

El grupo se dividió de inmediato, registrando cada rincón en busca de algún rastro. Sin embargo, apenas cinco minutos después, todos estaban de nuevo reunidos en la planta principal.

-¿Qué encontraron? -preguntó Dian.

-Nada -respondió Alondra- Ni una sola pista. ¿Y ustedes?

-Tampoco -añadió Christian.

-Tal vez se refugiaron en otro lugar, como nosotros -sugirió Dian- ¿Tú qué opinas, Abbadon?

Vincent recorrió la habitación con la mirada, pensativo.

-No lo sé… solo puedo hacer suposiciones. Pero hay un lugar más que necesito revisar para confirmarlo.

-¿El viejo almacén? -preguntó Maximilian.

-Ahí vivía Samuel -aclaró Benjamín- Aunque nosotros solíamos reunirnos en otro sitio.

Se dirigieron entonces a la siguiente ubicación, pero el panorama no cambió: abandono, destrucción… y ausencia total de vida.

-¿Y bien? -insistió Christian.

Abbadon permanecía observando una vieja cabeza robótica cubierta de polvo, como si el pasado se reflejara en ese objeto olvidado.

-No creo que hayan huido -dijo finalmente- Son demasiado tercos para eso…

Hizo una breve pausa antes de continuar:

-Si seguimos buscándolos… lo más probable es que los encontremos junto al resto de los arrestados.



#1911 en Fantasía
#2205 en Otros
#180 en Aventura

En el texto hay: fantasia, misterio, traumas

Editado: 25.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.