Aun cuando estaba acostumbrado a enfrentarse a los escenarios más atroces, Vincent no lograba disimular la ansiedad que lo consumía a cada instante. No era solo el eco del ataque anterior lo que lo perseguía, sino el peso silencioso de liderar al equipo; una carga constante que se manifestaba en un pensamiento recurrente y sofocante: la posible pérdida de alguno de los suyos.
Mr. Scott caminaba de un extremo a otro del vagón vacío, sus pasos resonaban con un eco hueco en aquel espacio metálico. Cada vuelta parecía más pesada que la anterior, como si el aire mismo se volviera denso a su alrededor. Era consciente de su propia respiración, del latido acelerado en su pecho… de su existencia.
Y aun estando completamente solo, no podía sacudirse la inquietante sensación de ser observado.
Se detuvo.
Frente a una de las ventanas.
El cristal, opaco y ligeramente sucio, le devolvió su imagen … inmóvil, expectante. Como si no fuera solo un reflejo…
“22 de septiembre de 1883
La guerra con Japón que tanto se había prolongado había encontrado su final inclinándose la balanza en favor al país europeo, quien a pesar de la victoria había perdido a aun más que su adversario, debido a la larga lista de bajas.
Aun cuando la batalla había finalizado, un grupo de soldados recorría lentamente el devastado terreno con el único propósito de recuperar los restos de sus hermanos de armas caídos.
Si bien el ambiente era silencioso los soldados casi podían jurar que todavía lograban escuchar ocasionalmente disparos a la lejanía, haciendo eco de su pasado.
-Recuerden que esta misión es únicamente de reconocimiento y para recuperar los cadáveres -Indicó un hombre al ver que la tropa se inquietaba
-¡Si, teniente! -respondieron sus subordinados al unísono
La ardua tarea había consumido su tiempo velozmente, a tal punto que la el atardecer comenzaba a sobreponerse, si bien su labor había rendido frutos puesto que habían recolectado un total superior trescientas placas de los soldados estaban seguros que no habían completado ni la mitad de la tarea, no obstante aun cuando deseaban continuar sabían que no lograrían realizar mayor avance debido a la ausencia de luz, por lo que su mejor alternativa era volver a la base para continuar al día siguiente con su misión.
-Me sabe mal dejar que continúen pudriéndose aquí, pero es momento de regresar.
-Si señor.
Mientras volvían el chillido de las ratas los acompañaba, quienes huían de su presencia, no obstante, su comportamiento se vio alterado abruptamente cuando una gran manada de roedores corrió hacia un búnker. El viento arrastraba los susurros que la fría estructura emitía, apenas y eran audibles, pero dentro de su poco entendimiento el batallón comprendía que aquellos lamentos no podían ser hechos por animales.
No pudieron ignorar el murmullo y cautelosamente lo siguieron, las voces los guiaron entre las sombras hasta una escalera que descendía, la penumbra absorbía la luz de sus linternas.
-Abbadon, arroja una bengala al fondo -ordenó el teniente.
-Enseguida, señor.
La luz roja iluminó el piso inferior, hasta donde lograban ver el lugar se hallaba despejado, por lo que optaron por bajar para investigar.
En un rincón del lugar un hombre caminaba sin parar contra la pared, como si esperara que con su esfuerzo algún día podría atravesarla.
-Oye amigo ¿te encuentras bien? -le preguntó uno de los soldados tomándole el hombro
El desconocido giró lentamente dejando a la vista un rostro de terror que asustó a todos los presentes, las cuencas donde se suponía que debían estar sus globos oculares se encontraban vacías y arañadas como si alguien hubiese arrancado sus ojos, se acercó arrastrando sus pies mientras se quejaba.
-Tranquilo, vamos a sacarte de aquí -lo tomó del brazo compasivamente
-Arthur no, aléjate -le advirtió Vincent al notar otros individuos de aspecto similar dentro de cápsulas, golpeaban los cristales violentamente.
Tal vez no podían verlos, pero sabían exactamente donde se encontraban. El primer hombre mutilado reaccionó ante la hiperactividad de sus compañeros y se abalanzó hacia el soldado mordiéndole el cuello con violencia, sus dientes perforaron el músculo destruyendo por completo la yugular, haciendo que la sangre salpicara por todas partes.
De un disparo acabaron con la vida del asesino de su amigo, pero el estruendo solo enfureció aún más a los seres que se hallaban tras el cristal, golpearon aún más, intensamente, rompiendo el vidrio que los separaba.
El pelotón se vio rodeado y superado en número, dispararon sin descanso alguno con el fin de mantenerlos a raya, algunas de las balas terminaron impactando en una tubería que al reaccionar con la bengala prendió fuego al lugar, siendo la llama tan intensa que envolvió a dos de los soldados, dejando únicamente al teniente y a Vincent para luchar.
Como pudieron se abrieron paso hasta las escaleras, pero cuando estaban a punto de salir unas manos rodearon los tobillos del líder, aun con los intentos de Abbadon por salvarlo terminaron arrastrándolo hasta el fuego.
Editado: 23.07.2026