-Oye, Dian -la abordo Vincent antes de llegar a su destino- me temo que te debo una disculpa por haberme comportado como un verdadero idiota anteriormente -Alondra lo miraba orgullosa desde lejos.
-No te preocupes, lo entiendo -la joven se relajó- esa cosa nos ha afectado a todos.
25 de marzo de 1886
Con el cuerpo intacto pero la moral herida el equipo llego a la cueva, la cual ya se había convertido no solo en una base de operaciones, sino que también en su hogar.
-Bien, ¿ahora sí puedo preguntar qué era esa cosa? -dijo Benjamín muy irritado
-Bien, pregunta lo que quieras -aceptó Abbadon a regañadientes.
-¿Sabes qué? Me parece que tengo una mejor pregunta -adoptó una actitud suspicaz- ¿por qué actuabas tan raro?
-Yo no actuaba raro -su respuesta cortante estaba cargada de mentira.
-Si lo hacías- intervino Eduar- te conocemos lo suficiente como para saber cuándo pasa algo raro.
-De acuerdo -Scott estaba a la defensiva- la razón por la cual actuaba raro era porque ya había visto antes a esa cosa.
La expresión de sus compañeros cambio bruscamente, en los rostros de algunos se pintó el pánico, mientras que en algunos otros no ocultaba la sorpresa. Cada uno se hicieron presas del nerviosismo y aun mas ante el semblante serio de Abbadon tras tal confesión.
-Ya suponía que su reacción sería similar a la actual, es por ello que había preferido no mencionarlo -finalmente cedió.
-¿Y entonces como querías que reaccionáramos? -grito Maximilian mientras cerraba los puños.
-No te atrevas a atacarlo -le advirtió Alondra defendiendo a su amigo.
-Dime Archer ¿Acaso la noticia hubiese tenido un menor impacto en ustedes si yo les hubiese contado esto previamente? -le contestó tratando de mantener la calma, para evitar un problema mayor.
-Considero que tiene un punto -lo apoyó Benjamín- y ¿Dónde lo viste?
-Pues... ahí está el problema -Scott se puso nervioso pensando que sería tomado como loco- no lo vi cara a cara hasta hoy como ustedes -continuó- la primera vez que tuve un acercamiento fue solo en sueños.
-¿Quéeee? -Alondra se quedó atónita.
-Si... eso es lo más raro de todo esto.
Abbadon notó que sin importar nada, todo parecía indicar que conforme el tiempo avanzara la situación se complicaría aún más. No obstante, tomó la decisión de contarles todo lo que había soñado aun si eso fuera difícil.
-Vaya...Abbadon, lo lamento -se disculpó Maximilian, avergonzado por haber intentado atacarlo anteriormente.
-Olvídalo, ahora debemos enfocarnos, sabemos que esa cosa existe y ahora debemos ver como lidiar con él a la par que enfrentamos a los soldados.
Debido a la intensidad del momento La Orden de la corona decidió no ejercer presión sobre su líder, pese a ello Abbadon no se relajó, presionándose a si mismo para continuar trabajando, se exigía aún más.
Siempre lo hacía…
Sus niveles de estrés oscilaban peligrosamente hacia el límite, y el poco control que aún conservaba terminó por desmoronarse al estudiar los “mapas” que Eduard y Samuel habían recuperado.
-¡Maldición! -estalló Abbadon, volcando sus notas al suelo con violencia.
Los papeles se dispersaron como hojas muertas. Antes de que alguien pudiera siquiera acercarse, salió de la cueva sin mirar atrás.
Al ver la preocupación en los rostros del grupo, Benjamín intervino:
-Déjenlo… necesita espacio.
En un inicio, todos acataron la sugerencia. Pero conforme las horas pasaban y su ausencia se volvía más pesada que el silencio, la inquietud comenzó a instalarse. Especialmente en Alondra.
Finalmente, no pudo ignorarlo más y salió a buscarlo.
-¿Cómo me encontraste? -preguntó Abbadon al escuchar pasos suaves rozando la hierba.
-Aquí fue donde encontramos al zorro.
-Claro… -exhaló, como si el recuerdo le pesara.
-Necesitas calmarte -dijo ella, acercándose despacio- Te estás exigiendo demasiado.
-No lo entiendes…
-Entonces explícamelo.
-Es complicado.
-Trata -insistió, su voz dejando entrever una súplica que no intentó ocultar.
Abbadon guardó silencio unos segundos. Luego habló.
-Me he esforzado demasiado… pero seguimos estancados. Y cuando por fin teníamos una pista…
Sacó un pergamino de su abrigo y se lo mostró.
La tinta se había corrido por la humedad de las alcantarillas, deformando líneas, borrando rutas… volviéndolo inútil.
-… lo perdimos.
Sus dedos temblaron levemente al sostenerlo.
-He intentado todo.
-Esto no es tu culpa -Alondra se sentó a su lado, con cuidado, como si cualquier movimiento brusco pudiera romperlo aún más.
Editado: 23.07.2026