La Orden de la corona: Entre cenizas y sombras

Capítulo 30 - ¿Cenizas?

Vincent sintió cómo el suelo temblaba bajo sus pies. Su visión, ya alterada, vibraba violentamente mientras el reino espiritual comenzaba a desvanecerse hasta convertirse en absoluta oscuridad.

-Despierta… despierta, Abbadon, despierta…

Varias voces lo llamaban desde la lejanía.

La cueva reapareció frente a los ojos de Scott, se hallaba rodeado por sus compañeros quienes le dirigían miradas de evidente preocupación.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miran así? -preguntó frotándose la nuca debido a una migraña.

-Hablabas dormido -le confesó Benjamín.

-¿Y? Tú lo haces todo el tiempo -contestó a la defensiva.

-Te apoyaría, de no ser porque… -Alondra se detuvo antes de terminar la frase.

-¿Por qué? -levantó una ceja.

-Repetías una y otra vez la misma frase. Suelta el pasado para ver con claridad -angustiada, la chica llevó una mano hacia su frente.

-Yo, estoy bien -mintió tratando de esconder su aturdimiento- solo fue un sueño -lo minimizó.

-Lo dudo mucho, estás empapado de sudor -replicó sin dejarlo de examinar.

Ante tal observación Abbadon se quedó callado y permitió que la joven continuara su revisión sin oponer resistencia alguna, erizándosele el cabello de la nuca ante su cálido toque.

Vincent solía sentarse en soledad a la orilla del río tras un largo día y aquella tarde no fue la excepción, no obstante, a tan solo unos minutos del inicio de su meditación Benjamín lo alcanzó. Por un instante no dijo nada evitando la interrupción, simplemente lo miraba con compasión.

-Ey, Vin´s ¿te sientes bien? -preguntó finalmente.

-Si, solo ha sido complicado… se supone que finalmente nos habíamos librado de toda esa porquería del ejército.

-Omitiendo un poco mi inicio, siento un poco de nostalgia por aquellos días.

-Es un poco fácil decirlo considerando que te dejaron ir a la par que el proyecto de Tesla finalizó -Abbadon resopló- pero me alegro de que fuera el caso, este mundo no necesita más personas con las manos manchadas de sangre.

Su joven amigo cayó en cuenta de que su comentario había sido poco apropiado debido al pasado que Vincent llevaba arrastrando, pero sus palabras no habían sido con malicia sino debido a las casi nulas conversaciones que habían tenido con relación al asunto.

-Lo siento -se disculpó prontamente.

-Oh, no pasa nada… ¿Sabes? me gusta aquí. Es tranquilo -comentó mientras deslizaba su mano sobre la superficie del agua.

-¿Te puedo preguntar algo? -le dijo con un tono que cargaba miedo.

-¿Cómo es… -no se atrevía a finalizar la pregunta.

-¿Matar? Es como si tu alma se mutilara… y después de eso jamás vuelves a ser el mismo -confesó con tristeza- me alegra que aquella noche no cruzaras esa línea, trata de seguir así.

Aun con todas las sombras que Abbadon llevaba consigo, Benjamín lo admiraba profundamente.

-Oye -Benja intervino nuevamente.

-¿Mmm?

-¿Qué pasa con Alondra?

Scott estuvo a punto de ahogarse con su propia saliva al verse sorprendido por la pregunta.

-¿A qué te refieres? -contestó frotándose el cuello- ¿Qué hay con ella?

-Sabes bastante bien a lo que me refiero. Tal vez pueda ser bastante ignorante en varios temas, pero no en este.

-Si hubo algo -sonrojado evitó mirar a su amigo.

-¿Hubo?

-Te contaré si prometes cerrar tu bocota -suspiró- no deseo que el equipo se entere.

-Por supuesto…

“21 de julio de 1882

-… Okey, respeto eso -contestó sin insistir- bueno gracias por la ayuda, espero venga al evento de esta noche.

-Es probable que esté de guardia, pero tal vez pueda pasar y darme una vuelta por ahí.

-Entonces ahí lo veré

-Soy Vincent …. Abbadon Vincent Scott

-Un placer, mi nombre es Alondra Collins, aunque me llaman La Fiera.

Vincent fue asignado en un puesto de guardia en los muelles donde durante casi toda la tarde se halló realizando rondas de vigilancia, se suponía que terminaría su turno a las ocho de la noche, justo una hora antes del evento de la chica, no obstante, a escasos minutos de finalizar se le fue informado que debía permanecer ahí hasta la media noche.

El joven soldado se hallaba contrariado a causa de las nuevas instrucciones, puesto que, a pesar de no haber confirmado su asistencia, había decidido ir desde el momento que había sido invitado.

Los segundos continuaron transcurriendo, generándole nada más que ansiedad, consultaba su reloj continuamente, viendo como el evento se acercaba cada vez más.

Media hora… quince minutos… diez… cinco. De pronto a la lejanía oyó la campana sonar.

Dio unos cuantos pasos ansiosos antes de abandonar finalmente su puesto y correr en dirección al bar. Al llegar descubrió que la pelea había atraído prácticamente a toda la ciudad. El bar rebosaba de gente, humo y gritos.



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En el texto hay: fantasia, misterio, traumas

Editado: 28.07.2026

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