Cuenta una historia que la princesa le mintió a su hijo.
— A ella era a quien me refería, un hermoso espécimen, piel blanca, ojos verdes y cabello casi blanco, ¿te gusta?
— ¿Cuál era su nombre?
— Lirio.
Pronunció mirándome, claro, mentiría sobre quien era, según su… historia me ofrecía de forma voluntaria… por supuesto, no era verdad.
— ¿Quieres que ella sea tu doncella?
— Creo que si…
Su hija, pobre ilusa, ¿sabrá lo que hace su padre? Me imagino que no, después de todo tiene cara de ignorante e hipócrita.
— ¿Por qué esta así de herida? — me miro con una pena que me daba asco total.
— Oh… ¿eso? La rescatamos del mercado humano.
«Por favor, ni siquiera yo me creía eso»
Era posible que mintiera, pero, ¿tanto? Mi mente estaba llena de insultos de todo tipo dirigidos especialmente a su persona.
Me llevaron a la enfermería, estando sola deje salir las lágrimas, no había llorado como tal desde la jodida tormenta.
Estuve aquí un par de días recuperándome, lloré en silencio y mucho, pero eh, tenía más posibilidades de largarme de este horrible lugar, solo tenía que ganarme la confianza de… ¿Esmeralda? ¿Se llamaba así?
…
Esta ropa era horrible. Vestido negro de manga larga y falda larga, adivina donde tenía encaje… exacto en el cuello y en las muñecas, tenía un pequeño delantal color blanco con… encaje, guantes blancos y unos zapatos de tacón bajo color café oscuro, ah y también un moñito rojo.
Arreglé mi cabello en un moño bajo con unos mechones sueltos.
Poco después apareció un guardia para llevarme ante Enrique y su hija.
• 18 de julio de 1925
Caminaba con una bandeja de comida hacia la habitación de la princesa, al llegar entre sin tocar, deje la bandeja en la mesita de noche y prepare la bañera, saque su ropa y la deje lista para cuando despertara.
— Señorita, ya es de mañana, necesita despertar.
— Mmmh, no quiero.
— Por favor señorita, ya le he traído el desayuno.
— No quiero, vete.
— Pe-
— ¡Vete!
Me aturdí unos segundos, los ojos se me aguadaron y mi cuerpo tembló, los recuerdos de la tormenta llegaban a mi mente como un caos de miedo y horror, vi con claridad como These…
Mi vista se desvaneció y caí al suelo con un golpe seco.
— Derrama tu sangre y bébela.
Me exigían, con manos temblorosas tome la daga del cojín que sostenía una de las chicas y corte la palma de mi mano izquierda, solté un quejido de dolor y dejé que la sangre callera a la copa dorada que sostenía la otra chica. El líquido blanco en su interior burbujeo al tener contacto con mi sangre.
— Bébelo hija de hombres y celestial. — tome la copa con la mano derecha y la acerque a mis labios — Bébelo descendiente de celestial.
Así lo hice, no pasaron ni segundos cuando sentí mi cuerpo arder desde dentro, quemaba, dolía. Rodé mi abdomen por el dolor, mis rodillas cedieron y caí al suelo.
El dolor era tal que termine pegando mi frente al suelo para hacerme pequeña.
— Bebe esto, te ayudara con el dolor — a mi lado estaba otra chica con una copa de algo.
Lo habría bebido, pero me desmaye.
Cuando mis ojos se abrieron nuevamente me encontraba recargada en alguien. Se trataba de Kaida, la hija de los Primordiales.
— Me alegro de que despiertes, pero… ¿sabes que fue lo que bebiste?
— No.
— Ah querida, eres tan ingenua. — levante la vista para ver al señor Al. — Pero no es tu culpa, de haberte enseñado bien sabrías que fue veneno.
— ¿Veneno? — tomó asiento frente a mi y aparto el pelo de mi rostro.
— Cuando el néctar sagrado se contamina con sangre burbujea y se convierte en veneno. Deberías saberlo. — guardo silencio mirando al palco principal donde estaban Theseus y Th- sentados — Me temo que alguien no te enseño bien.
Esmeralda
Observe con sorpresa como Lirio se desplomaba sobre el suelo. Corrí hasta ella y la deje sobre mi cama, me mordí las uñas, nerviosa de lo que pudo pasarle ¿Los sonidos fuertes le daban pánico?
Salí del castillo y recorrí pensativa las calles del reino, termine frente a un puesto de pulseras artesanales.
— Hola princesa, ¿qué se le ofrece?
— ¿Tiene pulseras de color azul y verde?
— Por supuesto.
— ¿Me podría dar una azul y una verde?
— Claro señorita, aquí tiene — me extendió la bolsa de papel donde coloco las dos pulseras.
— ¿Cuánto sería? — cuestione mientras recogía la bolsita.
— No es nada, señorita.
— Tome — la ignore y le di seis monedas de oro. Sin dejarla replicar me fui del puesto
Cuando volvía tenía un mal presentimiento, y lo comprobé cuando encontré a Lily con la cara sangrando en el suelo y mi padre con una daga en la mano.
— ¡Padre! ¿Qué le hiciste? — corrí a su lado y la envolví con mis brazos.
— Solo le di un recordatorio de cual es su lugar — el desdén en su voz era notable, giro sobre su eje y sin mediar más se fue.
La lleve a la enfermería, estuvo dormida por un rato y cuando despertó estaba confundida.
— ¿Dónde estoy..?
— En la enfermería.
— Lo siento… fue mi culpa, no debería preocuparse por mi princesa.
— No, fue mi culpa, no debí dejarte sola estando en un estado tan vulnerable… Salí al pueblo y compre dos pulseras, una es para ti.
— Princesa, yo no debería aceptar algo como eso.
— ¿Por qué?
— Solo soy una simple sirvienta.
— En tal caso — fruncí el seño pensando, tome su mano y le puse la pulsera verde — te ordeno de la aceptes.
— Bien…
Hablamos un par de horas, hasta que me retiré para dejarla descansar.
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conflictos, narrador sospechoso, fantasía de aventura y misterio
Editado: 10.08.2026