— Juan… ¿Te he dicho la diferencia entre las personas con magia y sin magia?
¿?
Enrique
Busque a mi hija por todas partes, ¿dónde se metió esa escuincla?
— ¿Han visto a Esmeralda?
— No señor.
Fruncí el ceño. Revisé la caja fuerte en su habitación, faltaban cosas.
— ¿Y su sirvienta?
— Sin ubicación.
— ¡Esa ingrata..! Se llevo a mi hija. Busquen en todo el reino, de ser necesario incluso en la cueva.
— Entendido señor.
— ¿Qué esperan? ¡Váyanse ya!
Lily
Horas antes
Era cerca de media noche, recién habíamos llegado pero teníamos un problema: la entrada estaba bloqueada por una gran roca.
— ¡Aaah! No es justo, ya llegamos hasta aquí.
— Probablemente haya otra forma de entrar.
— ¡¿Cuál?!
— Deja de gritar… — la voz me salió más gruesa y fría de lo normal — ¿Quieres?
Esmeralda se quedo callada y concentré mi mirada en la pared, poseía algo extraño… cono una capa de algo. Entonces coloque mi mano sobre la pared y liberando un poco de magia la pared se abrió en dos dejando una entrada.
— Vamos, no hay que perder más tiempo.
— ¿Cómo hiciste eso?
— ¿El qué?
— La pared se abrió en dos…
— Es simple magia menor. — me encogí de hombros restándole importancia.
— Tienes ¿Magia?
— La menor todos la tienen, proviene de la naturaleza.
Una vez cruzamos la pared volvió a cerrarse. Bajamos varias escaleras, Esmeralda parloteaba y yo fingía que la escuchaba.
Llegamos a una zona que a simple vista parecía normal, pero había finos hilos y piedras de diferente color.
— Parece que esto dispara algo, ¿flechas quizás? No lo se.
— ¿Entonces cómo cruzamos al otro lado?
— Evita pisar los hilos y… por lo que veo solo podemos pisar las rocas negras, de otra forma el mecanismo se activara.
— Fácil.
El tono que uso no me gusto, estaba confiada, avance primero con ella a mis espaldas, faltaban solo unos pocos metros para terminar el tramo. Lo escuché, tome el brazo de Esmeralda y la jale cubriendola con mi cuerpo, corrimos al final de aquella zona.
— Ten más cuidado con lo que haces…
Masculle con dolor, por mi cuerpo se extendían varias flechas, las cuales comencé a quitar sin cuidado alguno.
— Yo… lo siento. Déjame ayudarte. — hizo el amago de acercarse pero la corte.
— Descansa, yo me puedo cuidar sola.
Sus ojos reflejaban pena, no se resistió y finalmente se recostó contra la pared para dormir.
Poco a poco las heridas se me curaban con una lucecita de color dorado.
Me permití descansar por esta vez, rezando porque tenía la oportunidad de escapar de este reino.
«Xö tona häe Ale»
5:00 am
En lo que Esmeralda despertaba comía una manzana, tampoco era como que necesitara mucho más.
— Ah, por fin despertó la bella durmiente.
— Mmm… ¿Qué hora es?
— Las 5:30.
— Tan temprano, quiero dormir más.
— Levanta y come algo, quiero irme ya de aquí.
— Bueno pero no te enojes.
La fulmine con la mirada, no me encontraba de mucho humor que digamos, aún menos si dormí solo dos horas.
Me adelante a la siguiente sala, habían cristales lanzadores. Una especie que como dice su nombre se lanzan como mecanismo de defensa y dejando de lado el daño del impacto, cuando se rompen liberan un liquido rojo que causa quemaduras que duran entre 4 y 5 días en sanar por completo.
— ¡Por fin te alcanzo!
— Cuidado con los hilos.
— ¿Qué hilos?
— Pues los hilos azules.
— Yo no veo nada.
— ¿Qué? — me volví a verlos, eran azules, de magia. — Mira, solo espera un poco y cuando cruces no toques los cristales.
— Okey.
Pasaron unos minutos donde mi frente se perlo de sudor, pero al final logre deshacer cada uno de los hilos y cruzar al otro lado.
Al llegar a la real entrada de la cueva los ojos se me abrieron de par en par.
— Esto debe de ser una broma…
¿?
Luego de un largo día de trabajo solo quería descansar un poco. Pero no sería posible, o no tan pronto.
Al entrar a mi oficina para irme a casa me tope con alguien sentada detrás del escritorio.
El cabello blanco le cubría los hombros, los zafiros de sus ojos estaban fijos en la jaula que colgaba del techo y la persona dentro. Jugueteaba con una lapicera, su piel clara contrastaba con la oscuridad de la habitación.
— Seño… — me adelante a decir, aunque fui interrumpido.
— ¿Calix que haces en esa jaula? — el miedo con el que sus orbes dorados me miraron era puro, su cabello rubio estaba alborotado y algo sucio, estaba pálido y algo huesudo.
— Él — titubeó — me encerró aquí.
— ¿Por qué?
— Me enamore de alguien y forme una familia.
— Que decepción eres Kheuf. — ella se puso de pie y camino hacia la jaula, una copa apareció en su mano y la acerco a Calix — Descuida querido, esta diluido.
Calix se decidió por beber de la copa, al instante recobro algo de color. Por lo poco que paso entendí que de trataba de néctar sagrado diluido.
— Odio las injusticias y la violencia Kheuf.
Mi corazón dejo de latir por unos segundos, incluso la temperatura de la habitación descendió de forma drástica. ¿Esa había sido una amenaza o una advertencia?
— Irinix siempre fue mejor que tu.
Luego todo se desvaneció y cuando desperté, en mi mano había una estrella de cuatro puntas de color vino, a su alrededor habían guías de espinas.
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conflictos, narrador sospechoso, fantasía de aventura y misterio
Editado: 10.08.2026